viernes, 8 de octubre de 2010

Camino al Mito Matrisocial (Resumen de Conferencia)


Tiene vocación de novela, pero es ante todo una sociología. Tiene aquella vocación porque expresa un mito. Pero como es un verdadero mito (antropológico) no puede sino mostrar una realidad (sociológica), la del colectivo venezolano.

Con el afán de llegar a un fontanal que me permitiera alcanzar lo constitutivo venezolano, me sumergí en la vida del barrio caraqueño (15 años de trabajo de campo). Obtuve un primer acercamiento al mito en la razón de la organización popular, tanto sociopolítica como socioeconómica familiar. Después, en la década de los 80 me introduje en el agro venezolano, en lo que geográficamente llaman la “Venezuela Profunda”. Observé y expliqué las estrategias del hogar campesino y de la comunidad rural. La diversidad de la organización social apareció entre conuqueros, campesinos finqueros, parceleros de Reforma Agraria y obreros agrícolas. La experiencia etnográfica iba ahora organizada en torno a los cultivos de los productos del conuco, de la finca de yuca, de café, cacao, naranja, maíz, de las haciendas de ajonjolí y tabaco. Pero sobre la economía campesina prevalecía lo social: la escuela, la migración a la ciudad, la composición del hogar, los conocimientos del trabajo, de la salud, la suerte y el prestigio. Eran investigaciones socio-antropológicas, donde se incorpora el concepto de “matrifocalidad”, clásico en los estudios de la familia y el hogar (household) del Caribe.

Regresamos a preguntarnos sobre otros “tomavistas” de Venezuela en las relaciones de pueblo y cultura, pueblo y nación, con ocasión del estudio histórico de los ferrocarriles y el “proyecto nacional”, con ocasión de lo mágico-religioso y la política, con ocasión del estudio de estética popular en la telenovela en contraste del discurso del código civil. Con la eterna tortura de lo amoroso, la semiótica de la telenovela me orientó al problema de revisar el parentesco familiar venezolano. A pesar de haberse cruzado con el sistema político populista, el concepto de “matrifocalidad” no lograba explicar los sentidos profundos de las relaciones sociales venezolanas, sentidos con los que venía topándome desde la organización popular hasta el proyecto nacional.

Cuando hablo de “el mito” (etnológico) no estaba buscando la variedad de otros mitos verdaderos en Venezuela como el de “el dorado”, “tierra de nadie”, etc., sino el fundamental u originario, que me permitiera llegar a la fuente de la cultura venezolana o institución cero antropológica. Cuando estuve de baquiano etnograficando el concepto de pueblo, del barrio citadino, de la nación, hasta de lo mágico, siempre me salía un “huésped no invitado”, para decirlo con la imagen de Levi-Strauss, pero también al que me sentía “reacio a invitar” dentro de mi proyección de la acción popular. Para el cambio social propulsado desde las crisis mundiales de 1968, lo clasificaba como una “supervivencia de la barbarie”: era la familia.

¿Otra vez un trabajo de sociología y/o antropología convencionales? Negativa. ¡Puedes trabajarlo desde dentro de los grupos locales como perspectiva innovadora que estrenabas en tu etnografía de los años 70…! Puede ser. Pero el estilo de trabajo necesita también de una innovación epistemológica para responder a las inquietudes que mostraba al mismo tiempo que velaba el concepto de “matrifocalidad”. Inquietudes sobre la “cultura de familia”.

No fue fácil. La familia latinoamericana, tema propulsor de “idola tribus” fuerte, apenas se había comenzado a tratar, y siempre referido al sector marginal, popular, atípico, provinciano…, lo que le quitaba el alcance del “tomavistas” explicativo del todo social colectivo. Si lo trataba, debía cambiar de estilo de trabajo para obtener resultados deseados.

La amplificación del concepto clásico de “matrilinealidad” en Venezuela fue objetado por la comunidad científica, porque dicha amplificación no aplicaba a una cultura nacional. Ello significó un desafío de invención terminológica (un neologismo) y un esfuerzo de precisión disciplinaria o estilo de trabajo conceptual. El texto de digresión sobre El Caribe de Erikson me inspiró para acuñar el neologismo de “matrisocialidad” (la sociedad es una madre) y para signarlo como concepto etnopsiquiátrico. La relación paradigmática es la de madre/niño, pero no según la biosociología inglesa, sino según el etnopsicoanálisis venezolano.

El ejercicio de psicodinamia sobre la estructura familiar venezolana me permitió dar con el paradero del mito del colectivo venezolano. Sólo necesitaba montar el concepto de “sociedad” (artefacto) en los años 90, para ver expresarse plenamente el trabajo del sentido (mito) en las relaciones sociales. Así dicho concepto tiene la capacidad paradigmática de articular otros conceptos o teorías, y al mismo tiempo, mostrarse como un modo de pensar o episteme. Esta antropología me posibilita evaluar lo corto (y lo equivocado) de las interpretaciones que otros profesionales y otras disciplinas (incluido el psicoanálisis cuando no es sociológico) proyectan sobre las relaciones sociales venezolanas.


SAMUEL HURTADO SALAZAR
Escuela de Antropología
Universidad Central de Venezuela
Caracas, 22 de Mayo de 2002


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