jueves, 5 de mayo de 2011

QUERENCIA EN EL TORMES



El río Tormes antes de llegar a la ciudad de Salamanca
ensancha su cauce de agua y arenas rubias flanqueado por
alamedas y juncales frescos en la primavera castellana.



Como para no mirarte
con el río hasta los ojos,
no verte en el tamarindo
llorar al sol; tus despojos
no saber donde ponerlos
para que la tarde desnuda
no te vea en alas de oro.

Mirar y no saber donde
arrodillar tus otoños
insomnes, tus alegrías
bogadoras de los dueños,
donde arrendar un rastrojo
y dormir hincado al suelo
dormitando a lo tordo.

Y no volver a mirarte
con el vestido incoloro
que sabe a tristezas de agua;
entre los alisos rojos
no saber mirarte, ninfa,
vendado de río los ojos.


Salamanca, 24 de abril de 1964.
Publicado en Imágenes de Villorido.

PENSAMIENTO VIANDANTE O EL PRACTICUM DE INVESTIGACIÓN


Guía del Seminario II
Cultura y Sociedad: Dos Campos del Conocimiento al Encuentro.
Línea de Investigación: Antropología, Cultura y Sociedad.
Postgrado en Ciencias Sociales.
Universidad Central de Venezuela.
03 de marzo de 2011.


“La sociedad y la cultura son las dos caras de una misma hoja de papel carbón” (Kroeber)


I. Introducción: El tema y sus contornos.
A. Fenoménica:
1. La búsqueda del tema.
2. Los intereses personales y sociales.
3. La tematización: movilización y orientación del tema.
B. Conceptuálida.
1. La proto-epistemología: el marco ético.
2. La orientación aplicada: modelos pro-activos.
C. Genérica Literaria.
1. valor en sí.
2. Valor para sí.

II. El problema: la basal de la investigación.
A. Aprendizaje del planteamiento.
B. Búsqueda del malestar en las relaciones sociales: su praxis y su significado.
C. La “herida” conflictual en las relaciones sociales y su objetivación como terapéutica social.
D. El género literario del pensamiento dialéctico relacional.
E. Lo que autentica la investigación o la poética del pensamiento.

III. La solución del problema: el constructo.
A. Inspiración y explicación.
B. Modelo conceptual: paradigmático generativo.
C. Construcción del modelo: metáfora o símil de realidad.
D. El género literario del pensamiento reflexivo.

IV. Desarrollo conceptual de la prueba resolutiva (subjetivante).
A. Modelo conceptual: operativo histórico.
B. Campos semánticos del conocimiento y sus indicadores.
C. Género literario del pensamiento lento o extensivo del desarrollo conceptual.

V. Desarrollo técnico de la prueba resolutiva (objetivante).
A. Diseño y Corpus.
B. Las técnicas y sus teorías.
C. Género literario del pensamiento lento o extensivo del desarrollo técnico.

VI: Conclusión: reunificación de las secuencias investigadoras.
A. Objetivo: mostrar que se ha probado.
B. Tejeduría de la demostración.
C. Género literario del pensamiento rápido o intensivo de la demostración.

Bibliografía sucinta.

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Dr. Samuel Hurtado Salazar
Lo Teques, 7 y 8 de marzo, carnavales de 2011.

ANIMACIÓN TOTÉMICA Y DESASOSIEGO COMUNITARIO

No es necesario hacer mucho esfuerzo para detectar cómo el inconsciente colectivo venezolano fabrica las relaciones sociales. Si se considera a éstas en el escenario político, todavía se puede ver mejor su fabricación porque son las relaciones que afloran más en la superficie social; su detección se torna más directa obteniéndose “in medias res” la estructura de sentido. Cualquier acontecimiento político puede revelar dicha estructura, pero hay algunos que lo hacen de un modo tan claro, que los actores políticos mismos se encargan de, al decirlos, jugar interpretando la acción. No de otra forma asistimos a su representación al escuchar: “Según Albornoz, en el Congresillo1 existe , es decir, se toman las decisiones y luego se participan”. Lo dijo en TV, el miércoles 21 de junio y lo recogió el tabloide “Tal Cual”, el 22. La sorna con que lo dijo hacía de clave interpretativa de la inaugurada revolución democrática venezolana.


El Taita o La Comunidad del Falso Amor.

¿Dónde reside la carga de esta clave de la política venezolana? En el modelo del “taita”, que re-figuramos como un tótem (Freud, 1975). En éste los desplazamientos en el tiempo y espacio se producen sin cambiar el eje del desplazamiento. “No me dejó usted concluir. Pienso que la guerra no es solución eficaz, porque guerras ha habido siempre; pero que yo sepa, de ninguna de ellas ha salido el estado de orden y progreso que sea. Y no ha podido salir, porque la revuelta armada ha sido entre nosotros una forma violenta de evolución democrática” (R. Gallegos, ‘Reinaldo Solá’). Los actores se mueven y las estructuras se desplazan de acuerdo a la orientación que le da el sentido originado en la cultura del colectivo. El acontecimiento de la evolución democrática actual proviene de los intentos fallidos de los golpes de estado del 4 de febrero y del 27 de noviembre de 1992, pero el eje estructural persistente se encuentra en el ethos cultural ubicado en la pulsión o demanda del taita en el colectivo venezolano. La persistencia de dicho mito o eje produce la ambigüedad interpretativa que sin embargo nos lleva a la precisión explicativa de la institución venezolana “El taita es un demócrata”. “Cuando Juan Vicente González, lo (Boves2) llamó el primer Jefe de la Democracia Venezolana, penetró hondo en las entrañas de nuestra revolución” (Vallenilla, 56). El mismo choque del(os) sentido(s) instituido(s) antropológicamente, se puede detectar en El Magistrado de “Tal Cual” (26/05/2000): “Estando tan cerca de las megaelecciones queremos saber ¿por quién de los candidatos tendrá el favor de su voto? Claro, mi voto será por el comandante” Cada género literario utiliza la clave antropológica para provocar que el choque de sentidos termine en una resolución contradictoria de otro sentido totalizador, y así crear una explicación o un chiste, porque los dos candidatos en liza electoral son comandantes. Cuando el “último venezolano”3 interpretaba a Boves, su pensamiento podía aplicarse a todo jefe (dictador o demócrata) de la política venezolana y su “revolución”.
En la institución política “el taita es un demócrata”, lo ‘demócrata’ amplifica la institución dándole el ‘marco’, pero es el término ‘taita’ el que como ‘palabra focal’ le da el sentido y proyecta las consecuencias institucionales. En la relación del ‘taita’, y no en la de ‘demócrata’, se observa que el “taita democrático” quiere mucho a su pueblo; de suerte que el ‘pathos’ de su autoridad se concentra en la asociación profunda del jefe con su pueblo, con el propósito de alcanzar una comunidad personal. Ya no es ni la iglesia, ni aún el ejército el recurso, sino la relación del noviazgo, como el lugar previo a la constitución de la familia. El trabajo del taita consiste en ‘enamorar’ al pueblo, es la dicción del presidente Hugo Chávez, y el pueblo debe caer en las redes del enamorado jefe. Su pueblo es el más hermoso del mundo. Los límites de la lisonja amorosa del jefe se sitúan en la amenaza contra el pueblo, si éste no se le somete. El pueblo se convierte en un subordinado que no podrá trascender –entre el amor y la amenaza- los términos del poder manoseado por el jefe o “autoridad del falso amor” (Sennett, 55). Actuar con criterio propio significará una ‘deslealtad’. En términos del taita, los gobernadores que exigen sus derechos estadales son calificados de ‘malagradecidos’, como los llamó el jefe de El Congresillo, L. Miquilena, en entrevista de Globovisión, jueves 22 de junio.
El taita no consulta. Eso sería una debilidad del hombre fuerte. La ‘comunidad de amor’ se refiere a una expresión del igualismo del jefe con los suyos. Pero si participa en la ‘comunidad’ como uno de tantos (‘inter pares’), el jefe no decide en asamblea de comunidad, como posible expresión de libertad; sus decisiones se canalizan en la lógica de la ‘información’ unidireccional. Desencadenada, se impone como un hecho dado. “Se participa” tiene el significado jerárquico del mandato y no puede dejar de acatarse; de lo contrario automáticamente se genera el desacato a la estructura jerárquica.
El resultado es que el “súbdito”, al que el taita pretende “dignificar” diciéndole “soberano”, se siente “participado”. Este participio es pasivo gramaticalmente, pero primero lo es socialmente. Si tiene cierta actividad, ésta se limita al “recibido y en cuenta”. Así se consignan las participaciones de la vida social, como las tarjetas de invitación a una celebración o fiesta, las esquelas para notificar la muerte de fulano, los carteles de amonestaciones para anunciar los matrimonios, etc. Estos ofrecimientos son, como información ya procesada, decisiones tomadas de antemano. Identifican relaciones sociales que se fabrican según la economía del don (Cf. Mauss, 1971). La estructura de esta lógica es la del sistema de reciprocidad, cuyos tramos estructurales detentan una obligatoriedad de tipo primario: 1) la obligación de dar (de comunicar la decisión, en nuestro caso político); 2) la obligación de recibir (la de sentirse participado o darse por enterado de la decisión); 3) la obligación de devolver (la de consentir en la decisión mediante la retribución del agradecimiento o lealtad total). Si se rompe de alguna forma el curso de este sistema “lleno de gracia” (dones) inoculada por el espíritu del taita, se puede llegar a ser un “malagradecido”, por no decir que se llega a ser políticamente un traidor o enemigo, según la lógica tribalesca.
En el modelo del taita, se inscribe la lógica del caudillismo. Nuestro caudillo o cacique no es producto de una soledad romántica, y, por lo tanto, no tendrá ni siquiera una concepción romántica de la política, según pretende Viana (en Blanco, 2000); pertenece a una elaboración cultural, que nosotros venimos caracterizando como matrisocial (Hurtado, 1999). Si el caudillo resulta un solitario, es porque es producto de una soledad machista, originada por una excesiva proyección libidinal maternal sobre la psique y sentido varoniles. Dicho proceso deja al hombre (y a la mujer, hembrismo) sin crecimiento personal, expuesto a las necesidades de la supervivencia sociocultural. Esta figura elemental genera contratransferencias con un colectivo gregario regresivo. En esta relación del caudillo con su masa gregaria se juega lo político del colectivo social.

Democracia con Imposición.

Si el caudillo hace a la masa popular al expresarla simbólicamente, con una homología más firme se puede decir que la masa popular, como proceso productivo, hace o crea al caudillo. Se acceda por un lado o por otro, la configuración del proceso sociopolítico de acuerdo al sistema de reciprocidad se caracteriza por contener unas relaciones de imposición. Se suele ver sólo la superficie de la configuración: el caudillo se impone a la masa y le impone su talante personalista, pero la homología reversiva de la masa que se impone al caudillo y le impone sus deseos colectivos, es más profunda, por ello no suele ser atendida por los científicos sociales. Su importancia se debe a que es ella la que “cierra” la estructura del proceso, aunque la desencadena el caudillo. La “relación de imposición” significa urgencias profundas, que implican la lógica del todo o nada. La masa demanda un caudillo para su enmascarar su miedo, un taita que la consienta (la lisonjee) y que la reprima (abuse de ella) para demostrar por un lado, el poder (hombría, machura en términos etnopsicoanalíticos), y, por otro lado, supeditación (afeminamiento popular, cf. Mujica, 2000). Todo ello representa una misma estructura con dos segmentos homólogos, aparentemente contradictorios.
Si bien Boves y Páez, dos figuras representativas de aquellas relaciones llaneras primarias en rebelión (Vallenilla, 65-66), fueron los paradigmas iniciales de la realidad del taita en Venezuela con miras a la “democratización”4 frente a la oligarquía, empero, el paradigma histórico venezolano, que hace de referencia histórica común a “dictaduras” y “democracias”, es el General Juan Vicente Gómez. Mucho más que el autócrata civilizador, Guzmán Blanco, y moldeando la figura del llamado “padre de la democracia” (moderna), R. Betancourt como jefe del gran partido acciondemocratista, J. V. Gómez es el hito mejor elaborado de la relación de “imposición” en Venezuela. No sólo es la medida de los caudillos históricos que, al derrotarlos se alza como el caudillo único y monopolizador del poder, sino también como la “perspectiva de imposición democrática” en los partidos políticos (modernos)5, más allá de su carácter jerárquico general calificado como “stalinista”.
En nuestra experiencia etnográfica, inquiriendo sobre la élite venezolana, la figura de J. V. Gómez se asoma por todos los lados, dibujando el modelo de imposición: que reclama el pueblo venezolano, así como está actuando la suerte o la magia, está siempre actuando un “J. V. Gómez” para que le imponga un orden. Se pro-actúa como un anhelo de que venga ya el autócrata, solo que debería esperar un poco, o lo que es lo mismo: se rechaza ya la presencia del presidente en ejercicio, pero mejor que espere un poco y se vaya mañana. Es el comportamiento adversivo (o contrariado) de la comunidad del falso amor, que contiene como tal, una insuficiencia anarcoide6.
En la estructura del taita, el primero es el jefe, del segundo para abajo todos son iguales. Se acude siempre al primero como jefe supremo porque es el único eficaz para otorgar mercedes. Los demás son subalternos y representan peldaños para llegar al poder supremo, único al que se soporta o tolera. En este marco, la perspectiva democrática la ofrece el historiador Velásquez en una entrevista que le hacen en EL UNIVERSAL, el 23 de octubre de 1995. Afirma: “Nosotros más que demócratas, somos igualitarios, parejeros”. Si lo hacemos en términos benévolamente “democráticos”, el modelo émico de “parejeros” interpreta el igualismo. No es el igualitarismo secundario que caracteriza el proceso de lucha por la democracia en Europa desde la revolución francesa hasta el actual sistema italiano (Bobbio, 1993), sino un igualitarismo primario, que nosotros nombramos “igualismo”. El modelo cultural matrisocial no acepta al otro como superior, distante y distinto de mí (Cf. Barroso, 40)7. Al que acepto y sólo hasta la mitad es al taita, porque es como puedo soportar un orden que me permita atemperar mis pánicos.
En el capital cultural del colectivo no se genera la lucha por lograr las relaciones de sociedad. Si existe una reacción de la “sociedad civil organizada” no se resuelve sino como enclave con el sentido de fuerte vicariedad en la que el colectivo absolutamente delega todo su esfuerzo: no asume, ni procesa, si es que se requiere algún empeño, dicha reacción8. Sin resonancia en el colectivo, que permanece en la inercia como destino cultural, está afectada la posibilidad de la existencia de la sociedad civil. Aquí se significa ‘civil’ como asunto de hacer sociedad, que resulta un pleonasmo necesario (De Miguel, 1997) para significar lo opuesto a sociedad natural o comunidad. En este año electoral del 2000 podemos observar tres procesos del enclave:
1) Enclave sin efecto: la reacción de la sociedad civil organizada (SCO) comienza desde enero, días después de anunciar el día de los comicios. Dicha reacción no incide en la marcha del proceso electoral.
2) Enclave con efecto retardado: a partir del 22 de mayo, en vísperas de los comicios, se produce una primera consulta a la sociedad civil organizada con motivo del anuncio de la inviabilidad del acto comicial.
3) Regreso al enclave sin efecto: Reacomodada la dirigencia política oficial en la “normalidad” del proceso abortado, la segunda consulta a la sociedad civil organizada a primeros del mes de junio interrumpe su actividad sin llegar a conclusiones efectivas, por lo que regresa al proceso que se reinicia con el próximo anuncio de la nueva campaña electoral, cuyo acto comicial parece ser el 30 de junio.

Si no ocurre el ‘efecto’ podríamos decir que no existe el problema, cuando ello es el verdadero problema. Cuando el ‘efecto’ ocurre retardado emerge el problema en la punta de su ‘iceberg’. Nos quedamos ahora en este problema de superficie; porque el problema de fondo lo hemos explicado reiteradamente en nuestras investigaciones.
Los sectores que apoyaron al “taita” (Hugo Chávez, cuyo mito del “maisanta” llanero quiso él revivir) en 1998 y que pretendieron participar aportando conocimientos y compromisos, se fueron desgajando del entorno del “taita” en, al menos, tres grandes bloques: los primeros fueron intelectuales, académicos, altos funcionarios, profesionales del derecho, historia y comunicación social. Los segundos expresan todo el conjunto de comandantes pares del presidente, que se alzaron con éste en los intentos de los golpes de estado del año 1992. Los terceros se vinculan con el pequeño partido Patria Para Todos (PPT); el llamado “polo patriótico”, que cada vez más capitaliza Chávez y su amorfo partido Movimiento de Quinta República (MVR), se va limpiando de aliados camino del monopolio político de la ideología patriota. Según analistas políticos como García Mora del periódico El Nacional, el PPT demuestra para este momento la mejor disciplina partidista con vocación democrática. El taita no tiene capacidad de debate porque el suyo es un discurso único construido cada vez más con base en un monólogo; no admite señalamientos que no le gustan aunque les oiga, ni oposición a la que no sólo no tolera sino respecto de la cual detenta una incapacidad cultural para decir que existe.
El problema se torna complejo cuando con relación al estado tanto el individuo como el colectivo no encuentran mediaciones. Sin “asociación” no puede constituirse la “relación de la sociedad civil”, y sin grupos intermedios como notables o corporaciones comunitarias, el individuo no puede establecer su “relación de ciudadano”. Sin estas intermediaciones, el estado se apodera de todo el colectivo no dejando originarse ni crecer las relaciones de ciudadanía ni de sociedad civil. Tal es lo que, en Venezuela, sucede. Como excepción podemos decir que si estas relaciones existen, es solo posible dentro de enclaves o como islas, desde donde se defienden de la tiranía y abusos del estado. Sólo la voluntad de querernos como somos e inventarnos mediante el esfuerzo productivo puede conducirnos a un proceso de crecimiento donde el cambio cultural puede acontecer desde la cultura misma, sabiendo de la difusión cultural (Cf. Devereux, 1975). No puede acontecer desde el esquema del privilegio que brinda con exclusión el taita, sino desde la obra que ofrece con inclusión el emprendedor social.

Enclave Organizativo y el Sesgo del Enmascaramiento del Abuso.

En la inflexión de la suspensión de los comicios del 28 de mayo, el eje del desplazamiento del ethos matrisocial se correspondió con el desplazamiento en el tiempo y espacio sociales del taita. Pero fueron interceptadas por escritores de artículos de fondo en la prensa nacional, por entrevistados en tertulias de radio y televisión, y al fin por la acción de la “sociedad civil organizada”: COFAVIC, Red de Veedores de la UCAB y Queremos Elegir9. Desde su situación de enclave, en el cual logra subsistir su el tejido social, estas organizaciones provocan un proceso de intercambios con el estado, cuyos efectos se resuelven como “cortina de humo” que a su vez enmascara la acción abusiva del taita. Si dicha pro-vocación se originó como efecto retardado, uno de sus resultados termina siendo un “efecto perverso”. Tal “efecto perverso”(Boudon, 1982) lo vamos a interpretar desde una antropología política teniendo como datos las evaluaciones realizadas por analistas en los artículos de fondo del periódico El Universal de los fines de semana próximos al 28 de mayo.
El pensamiento del fundamentalismo étnico se dibuja su tramo estructural homólogo: la ineficacia de las instituciones. Si el fundamentalismo busca la eficacia no es otra que la mágica, para proclamar las formalidades de las instituciones, pero cuyo funcionamiento real a favor del colectivo no entra en sus intereses ni en sus esfuerzos. El fundamentalismo étnico adquiere un cariz utopista expandido por todos los escenarios (liderazgo, partidos políticos, escaramuzas sociales), pero con ello no va a solucionar los problemas sociales, sino a montar teatros políticos, para dejar que el simulacro también histriónico del mandatario pudiera albergar un espejismo de esperanza10
La soberanía absoluta de la nación frente a otros derechos más fundamentales del individuo como el derecho a la vida, la libertad, la moral., se ha levantado como una coartada que permite mantener la figura del taita crecida al tiempo que explota lo más perverso del etnicismo nacionalista: el diferencialismo de la cultura como motivo para la confrontación social y política internos. De la historia heroica al halago al pueblo se orillan el trabajo y la convivencia esforzada del ciudadano. Detrás del soberanismo nacionalista emerge la verdadera sombra de la soberanía del estado como tiranía contra la nación y la centralidad de la persona humana. El tiempo histórico se encamina cada vez más hacia el respeto de la persona humana como sujeto de derecho a la libertad individual, mientras que la “revolución bolivariana” del taita parece involucionar hacia un tiempo de tiranía estatal de tipo totémico ¿Es posible en esta involución que emerja una sociedad civil? La ley del más fuerte supone un desequilibrio tal de las condiciones de los poderes, que al no poderse negociar éstos, la estructura democrática carece de realidad. Un diagnóstico de existencia de una democracia conlleva forzosamente el de una sociedad civil, según lo cual el pueblo para que sea verdadero tiene que llegar a ser sociedad (Cf. Zambrano, 1988). En el modelo del taita conceptos y realidades se encuentran en contradicción: hay “mucho pueblo” y “poca sociedad”. Implicará que las “hambres ancestrales del pueblo” (Zambrano, 1988) no podrán satisfacerse; como sustituto, quedará el esfuerzo del taita por mantener al pueblo con sus ilusionismos11.
En este marco situamos las interpretaciones sobre la suspensión de los comicios del 28 de mayo. Mientras el presidente de la República, sin las estridencias que suelen contener sus discursos, interpreta que el hecho ocurre gracias al funcionamiento de las instituciones emergentes, y ello dentro de la temeridad mostrada por los funcionarios del Consejo Nacional Electoral (CNE), los artículos de fondo de la prensa razonan una postura opuesta. Con enormes recursos dedicados al proceso electoral, el estado muestra una enorme incapacidad para gerenciarlos. Sin esta capacidad, no se sabe cómo es posible originar un verdadero cambio (revolución), que se supone debe beneficiar a las grandes mayorías. Ya no se trata solo de montar un teatro político; ahora se pasa además a darle un contenido veraz con base en el cuento de que las instituciones emergentes se hallan en pleno funcionamiento. Los marcos de este cuento se sitúan en los cielos de la supra-constitucionalidad del Congresillo. La supraconstitucionalilad y la transitoriedad de los poderes constituyen las condiciones propicias para manejar éstos con harta arbitrariedad, inmiscuyéndose en los ámbitos de los otros, y aún interviniéndoles. Así el Congresillo y su taita, manipula los procesos electorales, las fechas, las decisiones, a costa de la independencia institucional del Consejo Nacional Electoral. “El único complot posible fue el autocomplot de la irresponsabilidad e ineficacia. Todos los protagonistas de esta humillante comedia pertenecen a la V República: CNE, TSJ, Fiscalía, Defensoría del Pueblo, Congresillo, Contraloría y el propio Presidente, son los únicos con acceso a las instituciones que manejaron el fracasado proceso eleccionario. La pantomima se asemeja a una de Cantinflas... Los directivos del CNE querían llegar al 28 para demostrarnos que no era posible efectuar las elecciones. Más allá de una incidencia cantinflérica, para el país significa frustración, engaño, fraude moral, y pérdidas que muchos estiman por encima de los 700 millardos de bolívares, si consideramos el costo de la incertidumbre económica, política y social”12.
En resumen, el fundamentalismo etnicista y la soberanía absoluta del estado sobre la nación, determinan la dinámica farsesca de las instituciones, de suerte que cualquier elemento positivo para desenmascarar el entuerto de la tiranía o imposición del estado es aprovechado como “efecto perverso” para hacer sinuosa la democracia y aparentar que se participa en las grandes decisiones del estado.

Conclusión: El Tótem y el Complejo Cultural.

Las dificultades culturales en Venezuela radican en su misma cultura: “no nos queremos como somos” y ello nos obliga a vernos al revés, de modo que no aceptamos problematizar nuestra cultura. Esto quiere decir que el problema no se encuentra sólo en el taita, en la cabeza, sino también en el colectivo, en el cuerpo social principalmente: no permite influencia alguna desde ningún enclave interior ni exterior.
Pero el taita de la V República en vez de los procedimientos progresivos, utiliza los regresivos. Las “llaves de Chávez” son un ‘kino de la suerte’ o lotería del voto, en un colectivo cuya cultura es jugar siempre a ganador, pues es malo correr riesgos. Las “llaves” conducen al colectivo a hundirse más en una masa gregaria regresiva. El asunto ya no es el procedimiento, sino que las “llaves de Chávez” funcionan y funcionan bien. Su “funcionamiento perfecto” indica más que una “democracia imperfecta”; en Venezuela por la psicodinámica cultural de doble estructura, dicho funcionamiento implica un permanente desplazamiento de los actores, que comienzan haciendo un trabajo “celestial” y terminan cayendo en un desplome “terráqueo” (Cf. Hurtado, 1999), o lo que es lo mismo no hacen un trabajo en la base social con respecto a una enseñanza/ aprendizaje de la participación en las comunidades locales (Cf. Villasante, 1995).
En una cultura fundamentalista, anclada en el eje paradigma de la dependencia materno-filial, lo que se cultiva como principio del placer es el mesianismo. No es un mesianismo vengador, que supone una elaboración compleja, sino la de un apocalipsis recolector, la del ritual de cargo o de la destrucción del presente para adelantar mágicamente el futuro, pensado como pleno de gracia y bienes. Es la compulsión del pecho bueno o abundante por el que se suspira sacramentalmente (=políticamente).
Si la ley se redescubre en los países de la supuesta “democracia perfecta”, es porque se ha estudiado a fondo la antropología política que encierra, antes de desarrollar su sociología. Si no se cuida o trabaja esa libertad, la muerte es la amenaza permanente por abandono. Los vacíos de ciudadanía automáticamente los llena el poder del estado. Si además la cultura colectiva decide por “imposición” las relaciones sociales, la tiranía del estado se hace primitiva, más brutal. Cuando el taita habla de que otorga la libertad de prensa, de religión, de caminar, de pensar, siempre se guarda el segmento homólogo de la amenaza a dichas libertades. Si el problema se localiza en el gusto o juicio de la voluntad personal, bajo reconocimiento de condiciones sociales mancomunadas, hablar de “democracia participativa” bajo condiciones de un estado autocrático resulta un sucedáneo espurio, porque la democracia no “se participa”, no se otorga como una gracia, no se impone con todo el poder enajenante.
En conclusión, nos hemos dejado a demoler en la clave de la “imposición”, el falso mito de la participación, así como el de la responsabilidad de los electores. Haciendo una mueca al taita Chávez, por traer una alusión de la pasión por la libertad de Don Quijote, hemos de concluir que Don Quijote enseñó la libertad al pobre Andresillo (cosa que no hace Chávez), lo que no hizo el viejo hidalgo fue enseñar a Andresillo (personificación del pueblo) a defenderse de su amo, el rico Juan Halduno, (que mucho menos hace Chávez). El tótem no ha sido muerto, ha sido animado. Lo que hemos hecho aquí con ocasión de la postergación de los comicios del 28 de mayo, ha sido denunciar la sinuosidad de la democracia venezolana y su falso mito de la participación, con el objeto de buscar un punto de partida firme y alcanzar el camino conducente, al fin, a nuestra libertad política. En este momento venezolano, el nacionalismo cultural y la política autoritaria se alían entre sí pero a costa de la democracia.

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Publicado en Ángel Baldomero Espina Barrio (ed.): Conflicto y Cooperación. Antropología en Castilla y León e Iberoamérica, VIII, ediciones de la Diputación de Salamanca y del Instituto de Investigaciones Antropológicas de Castilla y León, Salamanca, 2005, 327-336.

notas a pie de página:
1 Es el término coloquial con que se designa a la “Comisión Legislativa Nacional” (CLN) que hace las veces de la Asamblea Nacional en el período de transición.
2 José Tomás Rodríguez Boves fue un marino asturiano de Gijón que fue confinado por la autoridad española en la población de Calabozo, en Los Llanos centrales de Venezuela. Surgida la revuelta independentista, logra que un ejército de gente de color negro, mulato, mestizo, zambo, etc le siga para enfrentar a la clase alta oligárquica y a las ciudades ricas del norte que habitaba. Derrotado y muerto en Urica (Estado Monagas), su mesnada pasa a la causa patriótica por otro caudillo llanero, José Antonio Páez. En el imaginario venezolano, Boves representa el antihéroe frente a Bolívar que es el gran héroe.
3 Así se auto-calificaba en sus “catilinarias”, Juan Vicente González, escritor venezolano y vocero del partido conservador en la diatriba política en torno a 1850.
4 No parece que sea ésta la vía hacia la construcción de la democracia, pues lo que se hace es configurar una masa gregaria. Si algo es antidemocrático es el gregarismo y la masa. Lo utilizamos así debido al uso.
5 Nosotros (Hurtado, 2000) hemos mostrado los antídotos culturales de la modernidad en Venezuela hasta el día de hoy, pero decimos ahora “moderno” por convención a partir del criterio de Adriani para quién la modernidad (modernización) en Venezuela comienza en 1936, año en que muere J. V. Gómez.
6 Este comportamiento no se recoge en el modelo general de la escuela sociológica de Jesús Ibáñez, cuyos cuatro polos analíticos son los comportamientos: conversivo, perversivo, subversivo y reversivo. No es un comportamiento serio como los dos primeros, ni divertido como los dos últimos. Participa de las dos dimensiones como una farsa seria, para no encuadrarse en ninguno (Cf. Villasante, 1991, 31). A los productos sociales originados en la cultura matrisocial hay que buscarles nuevas categorías y tipologías
7A partir del texto de R. J. Velásquez, cuando hablamos de democracia es un decir; se le llama así. Metiendo en un mismo saco los términos de democracia, igualdad, libertad, masa, pueblo, líder, organización, etc. Pero conceptualmente no son lo mismo y analíticamente se pueden contraponer en modelos analíticos como igualdad y libertad, masa y pueblo, democracia y demagogia, etc. En nuestra cultura los venezolanos llamamos democracia a lo que es igualismo, a la parejería, a la masa social primaria. Pero eso no es ni un concepto, ni realmente democracia (moderna).
8 Nosotros (Hurtado, 2000) hemos detectado el fenómeno y lo hemos conceptuado como enclave. Más tarde hemos encontrado que Pérez Oramas lo conceptúa como isla (El Universal, 25/03/2000).
9 Comité de Familiares de las Víctimas. Se refiere a las víctimas del llamado “sacudón” o “caracazo”, una explosión social en Caracas durante los días 27 y 28 de febrero de 1989.
10 Cf. S. Caula: “Pablo o el desengaño” y Pérez Oramas: “El Bochorno”, en EL UNIVERSAL, 27/05/2000.
11 Gavarini Di Turno: “Soberanía y Humanismo” EL UNIVERSAL, 15/05/2000. Brassesco: “La Soberanía como coartada”; Pérez Oramas: “El Pueblo y los expertos”; Bahachille: “Rehén del Subdesarrollo”, en EL UNIVERSAL, 17/06/2000.
12 Bahachille: “La estupidez ilustrada”, EL UNIVERSAL, 03/06/2000.

viernes, 1 de abril de 2011

TEORÍA DEL CONSTRUCTO. PENSAMIENTO Y ÉTICA EN INVESTIGACIÓN SOCIAL.



VI JORNADAS DE INVESTIGCIÓN FACULTAD DE CIENCIAS ECONÓMICAS Y SOCIALES 4 al 8 de abril de 2011 TEORÍA DEL CONSTRUCTO. PENSAMIENTO Y ÉTICA EN INVESTIGACIÓN SOCIAL. Samuel Hurtado Salazar Doctorado en Ciencias Sociales, Escuela de Antropología. samuelhusa@gmail.com


RESUMEN


Quienquiera que se haya introducido al quehacer científico, sabe que con sólo investigar no se hace ciencia, y quienquiera que haya sabido reconocer en el concepto generativo o paradigmático (constructo) el concepto clave de toda investigación, conoce que posee el “Sésamo ábrete” de toda investigación, ahora sí, científica.


El problema focal consiste en obtener un problema y llegar a su solución explicativa, expresada en el constructo. Se trata de mostrar la “llave cruceta” del saber con el objetivo de elaborar (dato a priori) y después demostrar (dato a posteriori) constructos, constituyentes del pensamiento de la investigación científica. Tal operación pensante debe estar orientada y garantizada por la ética, obra de la inteligencia, productora y “adelantada” del proyecto de sociedad y, por tanto, lugar exacto de la episteme, es decir, el lugar ontológico desde donde debe pensarse (no el fenomenológico).


Metodológicamente se consignan 1) repertorio de presupuestos, 2) sentido de principios 3) estructuras de realización. Presupuestos de problemas vitales, autonomía de las cosas mundanas, su percepción mensurable, su remodelación posible, su innovación ya fáctica, ya simbólica. Principios: de realidad y de explicación resolutiva. Estructuras de realización: formulación de proyectos, demostración etnográfica, producción teórico-epistemológica, fenomenología práctica, representación del sentido práctico, refiguración analógica conceptualizada, cierre categorial, principio operativo y modelos analíticos subsecuentes, condiciones sociales de la objetivación: exterioridad del observador, técnicas de observación, etc. El que objetiva no se deja objetivar en aras de mantener la alteración profunda de la realidad con la intervención del sujeto observador, circunstancia realizadora sustancial para construir tanto la objetividad con insumos de sentido como la subjetividad con insumos de la práctica. Perturbación que debe incorporarse a la observación para alcanzar el máximo de objetividad. La demostración conceptual-empírica del constructo autentica la calidad de su construcción teórica (abstracto-concreta).Sin esa perturbación remodeladora, innovadora, etc. (incoada en el planteamiento del problema y explicitada en el constructo) no se produce criticidad alguna, indicador que califica el rendimiento del quehacer científico. Palabras claves: objetividad, pensamiento, ética, constructo, criticidad.

GERENCIAS CAMPESINAS EN VENEZUELA


Quizá esta investigación publicada en la Universidad Central de Venezuela perteneció a circunstancias de historia ya pasada, década de 1980, poco después de la reforma agraria impulsada en los años 60 y perdonada su deuda en los años 70. Su concepción de estrategia metodológica se diseñó conforme a aquella realidad que parecía inamovible en una Venezuela plenamente petrolera, donde sólo el campesino era una realidad que hasta se sentía como un rezago social, y aún incómoda, para la sociedad que pretendía consolidar su modernización. Pero el tiempo histórico que se ha removido en esta década del siglo XXI con la Ley de Tierra y su inspiración socialista, no parece remover los cimientos del tiempo etnológico, el que expresa lo que es el venezolano en su conducta frente a las cosas del mundo. Sigue la unidad agrícola del conuco, junto a la finca, la parcela y la agroindustria. A lo que se añade una realidad que pretende como orientación social retrotraer al colectivo al conuco, a la economía de reciprocidad y en ciertos niveles locales, a la economía del trueque. Gerencias Campesinas en Venezuela nos permitió recorrer el país y echar las bases profundas de nuestro pensamiento actual sobre Venezuela, esa que ya tópicamente se decía la “Venezuela profunda”. Ejecutado en el Centro de Investigaciones Sociales (CISOR), bajo la sabia dirección del sociólogo A. Gruson, este libro representa un estudio de cinco estrategias socioeconómicas, que, con el objeto de sobrevivir, el hogar campesino desarrolla razonablemente. En la estrategia en que se inserta, el campesino organiza con lógica gerencial la realidad que tiene a mano, esto es, dosifica sus recursos socioeconómicos que le ofrecen los sistemas domésticos de la composición del hogar y del trabajo de finca, y el sistema social tanto local, la escuela, como nacional, la migración a la ciudad. Se destaca cómo las cinco estrategias diferenciadas tienen coherencia en sí mismas y demuestran una lógica social correspondiente a una economía de subsistencia, desde el conuquero hasta el campesino de finca, el parcelero de Reforma Agraria y el proletariado agrícola; pero son diferentes en sus respuestas a las problemáticas sociales: escuela, ciudad, número de hijos y trabajo económico.



coautor Alberto Gruson, ed. Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico, Universidad Central de Venezuela, 1993.

viernes, 4 de marzo de 2011

LA HUELLA CONSUMADA


Para todos los que enseñan

Enseñarás a volar,
pero no volarán tu vuelo.

Enseñarás a soñar,
pero no soñarán tu sueño.

Enseñarás a vivir,
pero no vivirán tu vida.

Sin embargo…
en cada vuelo,
en cada sueño,
en cada vida,
perdurará siempre la huella
del camino enseñado.

(Anónimo)




I

Me cuesta morir.

A quién no,
si a bronces de multitud
dice el campanario que le toca

Morirá en los alcores el véspero
derrumbado Leviatán herrumbriento.
Afilado silencio, tibias letras de sangre
sobre párpados de mar naufragantes.

Inocencia del morir. Vengo del trigal,
del trigal o del agotamiento. Fructifico.
Trigo candeal, turgente de destinos,
respigado para memorial de renuevos.

Inercia de averno: erial
por siempre, mismidad del tiempo.
O extensión suplicante, cambio de suertes: rastrojo
reluciente trocha de muchos a campo traviesa
vino de origen en degustación para jubileo
pronto barbecho doliente de cielo.

II
Cuesta, sobreelevarse a su única desnudez que le arropa,
encaramarse a su talanquerada soledad en producción
divisar la palabra de infinitudes: morir.
¿a manos de qué suaves aguijones?

Vengo viviendo cien amaneceres con el otro, peregrino de sí
hecho hito en mi delirante tierra labrantía,
tierra de lo inmenso mientras se sopesa el leve recuerdo de una flor.

Cuesta, hay que morir
viernes santo en ascenso
edades de la cumbre cada vez más cerca
y bajo ansiedades, a borbollones, agraces, más lejos.

Tampoco sabe el otro que te está muriendo
viernes santo redoblado
Buen ladrón
Buena muerte para la tierra prometida
la cosecha aún en su verdor.

No lo sabe,
mejor,
hilvanará su propio vuelo en surcos de ternura aprendida.

Hoy me cuesta morir, dejar de volar
el otro, los otros ya zarparon ausencias
vientre abajo de un río espectral.

Para consumarse sumando
queda ir muriendo
en lontananza con los ojos desnudos.



La Caranta, Pampatar, Isla Margarita,
23 de febrero de 2011
Publicado en Imágenes de Villorido.
Admonición en Coda: El tema de la consumación refiere que se ha cumplido con el proyecto; su resultado constituye el ingreso a espacios de libertad, de las infinitudes. En panóptico se observa que el ser humano suspira por la consolación respecto de sus sufrimientos padecidos en la vida, consolación que se realiza (=se consuma) como liberación. Sin dolor no hay logro de libertad alguna: quiere decir que el dolor autentica la libertad, esfuerzo doloroso que cada quién y cada colectivo debe cumplir como desafío de la historia.

LA CIUDAD CONSTELADA. De la ilusión de la ciudad al proyecto urbano




“Puesto que el fin de toda ciudad es único, es evidente que necesariamente será una y la misma la educación de todos, y que el cuidado por ella ha de ser común y no privado, a la manera como ahora cuida cada uno por su cuenta de la de sus propios hijos y les da la instrucción particular que le parece bien. El entrenamiento en los asuntos de la comunidad debe ser comunitario también. Al mismo tiempo hay que considerar que ninguno de los ciudadanos se pertenece a sí mismo, sino todos a la ciudad, pues cada uno es una parte de ella”
(Aristóteles, Política, libro octavo, I).


“Pero una ciudad... existiendo aisladamente no es aún una ciudad. Chatal-Hüyük es más un concepto etnológico que histórico. La razón es que la idea de la Ciudad implica la pluralidad de las ciudades para que pueda tomarse una línea divisoria entre la Barbarie y la Civilización” (Bueno, 69).




A. Salidas y Entradas a la “Ciudad Encantada”.


Cuenta Duvignaud que unos indios Panare viajaron Orinoco arriba hasta llegar a la ciudad de Puerto Ayacucho. Iban a vender artesanía y guacamayas. Al cabo de unos días regresaban sin vender mayor cosa. Pero regresaban contentos porque habían estado en la ciudad. La ciudad cautiva al hombre “natural” porque es una “obra” humana o cultural que tiene su encanto debido al aire de sociedad que despiertan las transacciones y el arraigo de una comunidad permanente o tejido social.
Las migraciones internas en Venezuela en la segunda mitad del siglo XX, tuvieron como meta un viaje constante a la ciudad, que se iba organizando sin retorno al campo. Se iba con la ilusión de incursionar en la ciudad y probar de su encanto, aunque se dijera con grosería que se vivía en condiciones precarias. Esta dinámica social se configuró como paradigmática de los sectores bajos, que originaron sus campamentos de invasión a la “entrada” de la ciudad, en lo que se va a llamar los barrios marginales o ciudad informal o no regulada (Morse, 1971). Pero también los pobladores se quedaron en los umbrales sociopolíticos de la ciudad (Hurtado, 1991), que se convirtieron en espacios sociales propicios a la restauración de la comunidad antigua, a ser materias primas de lo social movilizable (Castells, 1976), y a ser objetos de la sobrepolitización populista del colectivo (Hurtado, 1991). En breve, representan la “ciudad política” puesta al margen y como servicio ideológico fundamental para la constitución social de la “ciudad urbanística”.
Cuando en los años setenta recorríamos el barrio Los Postes en Caracas, nos sentábamos en el muro construido por el Plan de Emergencia, los jóvenes hacían el espectáculo de la ideologización maniquea de la ciudad. En el libreto decían, no somos un barrio, somos la urbanización Los Postes, y miraban a la urbanización Las Acacias que la tenían enfrente por encima del valle. Si te pones a ver, este no es el cerro Los Postes, es la colina de Los Postes o las Terrazas de Los Postes ¿Cómo suena esto? Los lugares y sus nombres adquieren un status social, de acuerdo a la clase social y a la ecología urbanística. Con este mito ideológico sobre la ciudad de Caracas, que no cultural como lo confunde Castells (1976), los jóvenes del cerro se sentían en Caracas, hasta tenían la ciudad a sus pies, mirándola desde el cerro donde se ubicaba su barrio segregado de la ciudad. Pero el encanto de la ciudad lo observaban a distancia y sólo esperaban avanzar un poco socialmente para alcanzarlo.
No era suficiente esperarlo pasivamente con el programa estatal del “desarrollo de la comunidad”; había que activamente organizarse como comunidad, aún sea como centro deportivo, para entrar a la ciudad; y ello casi como un asalto, tal como lo inspiraban los líderes políticos, que al atizar las reivindicaciones sociales de la gente, querían medrar como políticos en el sistema populista de partidos.
El “asalto” a la ciudad no era fácil. Y si podía hacerse la “revuelta” popular (motivos sociales no faltaban) este esfuerzo social le quitaba el encanto a la ilusión con que habían soñado y venían soñando aún. El milagro de la “ciudad nuestra” se podía esperar mirando al hermoso espectáculo que ofrecía el valle de Caracas, sembrado cada vez más de autopistas y torres al estilo de Estados Unidos. Ya entrar físicamente a Caracas era y es una odisea en el transporte marginal del cerro y después en el transporte del caso urbano.
Pero ahora suenan aires nuevos de esperanza a cumplirse. En el barrio San Blas, en Petare (Caracas), se prepara una Asociación Civil, donde el capital privado y estatal, los organismos oficiales con profesionales de la arquitectura, ingeniería y la ciencia social, se proponen llevar a cabo una experiencia de transformación de la ciudad, de barrio marginal a urbanización formal. Para legitimar esta experiencia se requiere la participación de la Asociación de Vecinos e integrarla a los objetivos de la Asociación Civil. Esto implica un cambio cualitativo en las relaciones sociales de la comunidad del barrio. ¿Se trata de aceptar el “proyecto urbano”? Sí, y ello va a suponer tomar iniciativas en la localidad, asumir responsabilidades organizativas, convencer a la mayoría de la población de las bondades sociales de lo urbano, construir y comprometerse a cuidar los espacios públicos, como calles, parque, plaza, canchas deportivas, responder con el pago de los servicios públicos urbanos de agua, luz, aseo urbano, que hasta ahora mal que bien reciben “gratuitamente” del estado de varias formas como las acometidas y conexiones ilegales y también hacerse los que no pagan por diversos motivos supuestamente justificados.
Los vecinos denuncian la deficiente articulación con la ciudad y sus servicios. Pero cuando se les propone un paso adelante para una completa inserción en la ciudad, su decisión gerencial como organización de la comunidad se queda en dubitación. Saltar la talanquera de la organización de la comunidad populista a la sociedad civil responsable, requiere de compromisos concretos con las políticas locales (no, un día sí y dos no), y los costes económicos de los servicios al entrar al proyecto urbano. La comunidad organizada, esto es, la Asociación de Vecinos, se encuentra en un trance pensativo desde su situación de liderazgo local. Duda que, de un lado, por las buenas el colectivo del barrio les siga si les proponen los objetivos de esfuerzo y trabajo que conlleva el proyecto de la Asociación Civil, y de otro lado, que ante tanta responsabilidad exigida al colectivo del barrio, empezando por ellos mismos como Asociación de la localidad, prefieran mantenerse en la ilusión de la ciudad, hasta tanto las expectativas de “mejoras” se cumplan como siempre merced a la política populista del estado, es decir, de preferir seguir viviendo en la ciudad sin las condiciones sociales de existencia como ciudadanos (Méndez, 2001).
Este dilema es fuerte porque la cultura antropológica venezolana, de carácter matrisocial (primario), recarga de un modo muy regresivo las significaciones que sobre la vida y la ciudad porta el sujeto social: Es el sentido de cosechar (vivir en la ciudad) sin trabajar (ser ciudadanos o sujeto responsable de la ciudad). En este caso la gerencia urbana necesita incorporar un elemento de empuje o proyecto desde afuera, la sociedad, que implemente de un modo empresarial, en el sentido económico y gestionario del término, una presión respetuosa mediante el énfasis en la exposición de las ventajas vitales (salud, educación, trabajo remunerado, transporte) que implican la infraestructura urbanística y el mejoramiento de los servicios, aunque les cueste un poco de sacrificio. En estas nuevas condiciones sociales, el citadino del barrio aprenderá la relación de ciudadanía, sin dejar de ser popular. Es posible que el viejo tejido social de la Asociación de Vecinos, con mucha carga etnomatrisocial, se reconstruya como nuevo tejido social ciudadano.

B. Ciudad y Ciudadanía.

Para el hombre “citadino”, que sufre la ciudad sin posibilidad de regreso al pueblo
natal, la ciudad no pierde su encanto a partir de su uso virtual. Pero se hace problemática en cuanto a las necesidades del intercambio (supervivencia). Hay que tener en cuenta que la ciudad no es sólo lugar de residencia, también lo es del mercado y del poder. La ciudad como problema urbano apunta a un proyecto de sociedad, que requiere tanto de sujetos como de racionalidades o recursos que permitan llevarlo a cabo para que no quede en una utopía.
La “forma urbana” posibilitó la autonomía del trabajo a partir de la ilusión del
negocio mercantil, que pretendió asociarse con el poder, pero a costa de hacer de la forma urbana un negocio en grande con apariencia de proyecto social. El resultado ha sido que la dominación estatal y el intercambio mercantil desviaron el uso de la forma urbana hacia espejismos que hicieron de la ciudad un anteproyecto cuyo indicador es la dificultad de constituir la ciudadanía en el sentido moderno.
Hemos de pensar que no todo citadino es un ciudadano. En el solo interés de vivir la ciudad no se indica que exista el interés de contender con los planes oficialistas del poder y con los beneficios privados del mercado, en la medida en que estos planes y beneficios atenten contra la voluntad general. En el citadino no hay un apremio por edificar la ciudad como “obra” que permita vivir en sociedad, sino solo disfrutar “lo que haya de ciudad”. Sin el interés público o ciudadano, lo urbano se sobrepolitiza (populismo) y/o se privatiza (mercantiliza). Si una y otra cosa son un grueso problema, las tensiones (o transacciones) entre ellas, se convierten en un problema mayor que oblitera no sólo los esfuerzos, sino también la existencia misma de la ciudadanía.
Es necesario “reducir” los papeles del estado y del mercado a sus propias racionalidades. El modo no puede ser otro que la creación de un sentido de asociacionismo en la población o del interés por lo público de que se adolece en Venezuela. El espacio de esta escuela de asociacionismo no puede ser otro que la ciudad misma como ocasión y como obra. En breve, el citadino que vive y porta la ciudad no es lo mismo que el ciudadano creador de la ciudad.
Indudablemente que el estado tiene el papel de apoyar estrategias geopolíticas y económicas en la fundación de ciudades dentro de un país con grandes extensiones deshabitadas y de espaldas a su dinámica natural (fluvial). Lo mismo ocurre con el mercado como soporte emprendedor que exige la “libertad”, pero ésta no se obtiene sino en la esfera pública. Por eso no podemos volver a la ciudad colonial, construida socialmente por el “interés oficial” del imperio, ni seguir con la ciudad zonificada y parcelada, socialmente construida por el “interés privado” del mercado capitalista. La ciudad ideal del porvenir debe ser construida por y a medida de la ciudadanía por conformar.
La llamada “conciencia ciudadana” debe ser incorporada al “esquema director” del modelo de ciudad. El estado no regulará o gobernará la ciudad, si no tiene el acuerdo de la ciudadanía; el mercado la fragmentará y deteriorará, si no se le oponen las asociaciones de ciudadanos. La “conciencia” debe activarse en torno a los sacrificios (impuestos o tributos) y a los beneficios (colectivos) que crean la obra de la ciudad. Ni el estado, ni el mercado pueden desarrollar la vida urbana, sino la ciudadanía.
¿En qué condiciones se debe proyectar una ciudad, en cuyo seno se produzca ciudadanía como un elemento constitutivo? Vamos a pensar en el modelo de ciudad venezolana como posibilidad de un proyecto de formación ciudadana. El presupuesto que nos otorga el principio del “interés público” es anular la esquizofrenia de la ciudad oficial y la ciudad oficiosa, la ciudad mercantil y la ciudad comunal (populista). En un “enfoque de sistema” se excluye lo “desordenado” (lo oficioso y populista), y se opera solo con el orden o sistema, pero siendo la realidad total más amplia que la realidad ordenada, aquélla afecta a ésta impulsándola al desorden, sin que se intervenga ni con el pensamiento este proceso de deterioro del “orden”.
En un “enfoque de proyecto” se acepta el supuesto “desorden” como parte de un orden nuevo a constituir de un modo transcendente. La ciudad no es sólo un orden de poder, ni un orden a gerenciar administrativamente, ni un orden arquitectónico, ni un orden ingenieril, ni un orden de los promotores urbanos. La vida social se encuentra más allá. Por eso, la ciudad oficiosa y no mercantilizada puede aparecer como paradigma de la obra de la ciudad (polis). El que cuenta es el pueblo y su comunidad como protagonista de la acción urbana antes que la organización e institución oficiales, que pueden caer en una dinámica citadina. En el barrio marginal, ya el habitante reconstruye potencialmente, contando con sus relaciones primarias, un “espacio público” socialmente visible: el espacio comunal.
El interés por lo público se articula esencialmente con un actor social que tiene la voluntad (general) de organizar la vida según un proyecto de sociedad. Ello supone que entre el estado y el individuo deben existir mediaciones culturales que amortigüen las relaciones de dominación o que reconstruyan éstas o las transformen. Si no existen, la burocracia aparecerá como imponente ante el individuo reduciéndolo a la pasividad. Hay una tarea importantísima en la ciudad que realidad: la de generar y/o restablecer el tejido social. Pero debe hacerse de tal forma que este tejido no permanezca sólo en las relaciones de comunidad, de espaldas al proyecto de sociedad, como ocurre en el barrio marginal, donde se está en la ciudad sin participar de la misma, sino de proceder desde la comunidad hasta articularse con los problemas o relaciones de la asociación, es decir, participar en la ciudad a través del estado, partidos, empresas, organizaciones de voluntarios, y adquirir una armazón de hábitos y costumbres, de confrontaciones y solidaridades, que permitan saber actuar en las diversas escenas urbanas. Es en esta actuación que se produce la relación de ciudadanía del individuo y la relación de la sociedad civil de la asociación (institución, empresa, organización de voluntariado).
La eliminación del populismo urbano no podrá llevarse a cabo sino mediante la emergencia de las relaciones de ciudadanía, pues aquél funciona como una “jaula de hierro” con respecto a la cultura venezolana. Por supuesto que dicha promoción societal tiene carácter emprendedor, al que se adhieren como parte esencial los riesgos, tanto el fracaso como de confrontación, pero también de éxito y de solidaridad. Los riesgos de la “empresa” social detentan esta doble cara, de acuerdo a la misma dinámica social. El proyecto social consiste en controlar las variables del riesgo, tanto las que puedan hacer invisible el modelo de ciudad con ciudadanía, como las que pueden hacerle viable pero que necesitan trabajarse y hacerles el seguimiento.
La ciudad no debe ser un enclave (particular) para el ejercicio del poder, ni para una plataforma mercantil, sino un escenario (general) donde los individuos cumplan con su propia tarea que lleva consigo la génesis de las ventajas colectivas. La ciudad y no el campo, es un mejor pretexto para organizar la cooperación de la gente con objeto de conseguir una calidad de vida superior a la “natural”. El estado como el mercado sólo pueden colaborar en organizar dicha cooperación, pues no tienen capacidad de originarla. Cualquier asociación de la gente es una pauta positiva para lograr relaciones de ciudadanía y el proyecto de la sociedad urbana. Pero ello significa que esa voluntad se instituya y lo que se espera es gente dispuesta para el servicio responsable de la acción social.

C. La Ciudad y su Medida. El Modelo de Ciudad Constelada.

La “medida de la ciudad” (“metro”-poli) tiene que ser redefinida a partir de la “medida de la gente” (metro-“poli”) y no del estado (mirar y obedecer), ni el mercado (mirar y comprar). Pero la gente (cultura venezolana) debe educarse en la “medida urbana” de la ciudad. En dicha educación de nuevo debieran colaborar el estado y el mercado. La gente sin estado, que debe expresar la voluntad general, se anarquiza, y sin mercado, que manifieste la voluntad de emprender cosas, se anquilosa. El proyecto para producir una ciudad a la medida venezolana, debe partir de alguien que tenga una idea promotora o entrevea una dirección de la sociedad (una élite competente); pero es preciso como condición “sine qua non” que el colectivo siga la idea, y lo haga con acciones de inversión de recursos: pagar los impuestos urbanos y exigir los derechos en torno a los mismos. Sin impuestos no puede existir ciudad alguna. Si la gente actúa como protagonista de la ciudad aprenderá el doble sentido de la acción impositiva: pagar (hacer un sacrificio mediante el desprendimiento de algo particular) para disfrutar (beneficios que tienen un sentido colectivo peor en los que gana siempre el individuo social). El proyecto de ciudad ideal no existirá como realidad en tanto que el actor supeditado (la gente) no lo confronte o examine, y con ello lo legitime.

El siguiente modelo pretende responder a la problemática de la ciudad como obra común y ejercitación ciudadana.

1. El presupuesto fundamental: se trata de la creación de una ciudad nueva; lo que puede implicar un proyecto de país, sobre todo en un país que no tiene proyecto de sociedad. Lo que no se contradice con un país que fue capaz de emprender hazañas épicas bajo la conducción de un líder visionario como S. Bolívar, y con un país que emprendió una campaña antimalárica, bajo la guía del Dr. Arnaldo Gabaldón, mediante la cual liberó a su población de la endemia anual que la diezmaba permanentemente.

2. Las condiciones geo-políticas y –económicas tienen que ver: a) con regiones o comarcas deshabitadas o sin ciudades, o con pequeñas ciudades, o ciudades medianas en proceso de disminución social. Pensamos en la Región de Los Llanos, de Venezuela; b) con una nueva producción de energía (la orimulsión) que originará la fundación de campamentos mineros; c) con la presencia del río Orinoco y su eje geo-político y –económico propicio para desarrollar estrategias de desarrollo regional y orientado hacia el sur del país; d) con la cercanía de las fuentes de recursos naturales: agua, electricidad, agricultura y ganadería, condiciones que pueden permitir cierto ideal autárquico de toda ciudad; e) la medida urbana como control social frente a la inseguridad ciudadana de la metrópoli actual.

3. Aspectos de gestión: No es posible llevar a cabo un proceso de gestión sin un conocimiento previo detallado y a la vez panorámico de la actividad, objeto de la gestión. De la amplia gama de estilos de gestión (tanto pública como privada), y suponiendo que se nos confiara la gestión de un ente ya existente, una ciudad por ejemplo, podríamos destacar dos actitudes extremas: la de insertarse en la continuidad, cuidando de mantener los sistemas en funcionamiento, con las modificaciones estrictamente indispensables, o bien romper con el pasado tratando de cambiar (supuestamente para mejorar) todo lo que se pueda cambiar con la sola limitación de los recursos disponibles.
Obviamente estos dos extremos son simples estereotipos, aunque a veces parecen ser los más frecuentemente adoptados. Lo importante aquí, es destacar que, sea cual sea el estilo de gestión asumido, extremo como uno de los apuntados, o intermedio, resulta siempre indispensable realizar un diagnóstico previo, antes de emprender cualesquiera planes de acción. De la calidad, amplitud, profundidad y cuidado por el detalle (técnico, económico, sociológico o político), dependen en gran medida las posibilidades de éxito de la gestión a emprender.
Veremos a continuación, que cualquier descuido en este sentido conlleva una radical desviación del óptimo posible que debe perseguir cualquier gestión responsable. Con los mismos ejemplos entresacados de las características perfectibles de nuestras ciudades, también observaremos cómo se pueden evitar “ab initio”, en los nuevos urbanismos, gran cantidad de causales de disminución de gastos, que de otro modo serían rutinarios. Mencionemos las des-economías visibles cotidianamente en nuestras ciudades y a las cuales nos resignamos sin percatarnos de ellas:
a) La ruptura de calles para reparar instalaciones existentes o colocar nuevos tendidos. Solo este rublo conlleva gastos de ruptura de pavimento, transporte de escombros, gastos en los materiales instalados, gastos de reposición de pavimentos, entorpecimiento del tráfico, contaminación aérea y acústica. Todo ello sin afinar en detalles.
b) La necesidad de construir obras públicas en altura, como por ejemplo hospitales, edificios administrativos, escuelas, hospitales, etc., con la de la necesidad de inmensas obras subterráneas destinadas a estacionamientos. Esto implicara un costo estructural varias veces superior a las que tendrían construcciones a escala más moderada, y ello unido al cada vez más escaso y costoso espacio urbano, a la necesidad de instalar ascensores de uso masivo, etc.
c) El costo altísimo de pasos elevados, subterráneos, e incluso a varios niveles, obligado por el omnipresente imperio del automóvil, ocupando espacios de alto costo. El resultado de ello es grave en la medida en que distancia y dispersa las zonas transformadas en cuasi intersticiales, donde quedas confinadas las viviendas y sectores de habitación urbana y suburbana, erigiéndose por su parte en barreras infranqueables para el peatón. Brasilia podría ser un caso extremo de urbanismo, favorable para contemplar desde las alturas, pero hostil a ras del suelo.
d) Los costos de sobre-transporte de personas, servicios y mercancías, que gravan a todo nivel, (personal, público, social) el costo de la vida. En el nivel personal, podríamos citar el estimado realizado para la ciudad de Caracas de cinco millones de horas/hombres al día, que incluso se nos antoja conservador, siendo común que un trabajador invierta dos horas o más en un trayecto simple de ida al trabajo, con las cargas económicas, pero sobre todo de tiempo vital, como el referido al descanso, libertad, mejoramiento profesional, relación familiar, etc. En el nivel de los servicios públicos, encontramos, por ejemplo, que el coste del poner un litro de agua en Caracas (incluyendo amortización de obras del acueducto, gastos de personal, gastos de equipos, etc. ) el sesenta por ciento viene constituido por costes de electricidad, a precios altamente subsidiados, y aparte de esto, se sabe que solo se aprovecha un treinta por ciento del caudal bombeado. La energía eléctrica transmitida a lo largo de cientos de kilómetros de tendidos de alta tensión, experimenta pérdidas en el camino, por la resistencia de los conductores. Un cálculo reciente indica que si se eliminan dichas pérdidas, en los Estados Unidos se podría ahorrar hasta un 40% de la energía eléctrica consumida, o el equivalente a todo el consumo de la costa oeste. Respecto a las mercancías me remito a lo contenido en Weizsäcker y otros (s/f) en su Informe al Club de Roma.
e) Mención propia merece el tema de los mercados “entubados”. Así se conoce el fenómeno perverso, específico de las grandes ciudades, mediante el cual la “libertad de mercado” solo sirve a los interese de los poderosos grupos empresariales, con frecuencia de magnitud transnacional, que virtualmente monopolizan los Mercados Centrales. De esta forma, se distorsionan las condiciones de la libre competencia, desplazando a los agentes más pequeños mediante procedimientos de dumping, compras masivas de proveedores, etc. Neutralizada la competencia (que a veces mimetizan mediante grupos pantalla), establecen precios abusivos que incrementan a su conveniencia, en busca de optimizar su usurpación de la capacidad de compra de los consumidores. Se trata de aprovechar al máximo los recursos de limitados por la línea del presupuesto del consumidor. Esta “muy legítima” aspiración a la “maximización de beneficios”, se oculta a la hora de convencer a la ciudadanía de que la democracia y la libertad dependen de que esté garantizada la “libertad de empresa”. Pero este tipo de “libertad de empresa” conspira e impide la verdadera libertad de empresa. En el caso de una población de tamaño moderado (hasta 100.000 habitantes), rodeada de zonas agrícolas y bien informada y comprometida en una lucha constante por mantener y acrecentar su bienestar, las pretensiones de estos grupos monopólicos tropezarían con una voluntad colectiva dispuesta a no permitir limitaciones a una auténtica libertad de elección.
Vistos estos factores de distorsión de una buena asignación de recursos, atribuible en gran medida a la hipertrofia metropolitana y al proceso de dificultad de ciudadanía en las cosmópolis, exponemos esquemáticamente la propuesta que hemos dado en llamar “la Ciudad Constelada”, así como los factores que la hacen posible.

4. La “Ciudad Constelada”.

El modelo de “ciudad constelada” se refiere a una población teórica tipo que representa un esquema urbano ideal donde se juega un entramado de unidades de vida urbana y un universo de organización social urbana. “Ideal “ no quiere decir utópico, si no que se refiere a la “medida” ajustada de un proceso imaginario-abstracto con referencia a un proyecto social realizable si se tomas las decisiones de invertir en él.
1) La Unidad o comunidad típica de diseño se identifica con un conglomerado urbano de una población de 60.000 habitantes, y cuya densidad media es de 40 a 60 habitantes por hectárea sobre 1.000 hectáreas de zona urbana. El tipo de vivienda predominante consiste en la unifamiliar continua, con patio frontal y jardín trasero, que lo separa por el fondo del jardín de las casas de la calle paralela. Dicha tipología expresa condominios horizontales (‘town houses’). Las hileras de un máximo de 14 casas continuas hasta tres niveles reproducirían un “urbanismo de manzanas”. Destinadas a servir de destino alternativo a la migración hacia las grandes metrópolis y eventualmente (sería lo deseable) a servir de aliviadero en un proceso de desconcentración metropolitana, las comunidades en cuestión verían canalizado su crecimiento a través de variadas formas de desarrollo inmobiliario, en una gama que comprendería desde la promoción por empresas privadas, hasta las cooperativas de futuros copropietarios, desde la construcción para la venta en el mercado inmobiliario, hasta la administración delegada o incluso a variantes como la autoconstruccción dirigida bajo de la asesoría de un maestro de obras, la vivienda sería autoconstruida y no uniformada con el resto. Dicha autoconstrucción atendería a las necesidades y gustos del grupo familiar: ella expresaría y expresará la historia de la familia.
El urbanismo resultante no debe ser demasiado extendido en superficie para poder cumplir con la práctica peatonal o la práctica en bicicleta, pero si lo suficiente para poder contar con una superficie de techos por vivienda que, dejando un área libre de azotea, permita disponer de una superficie de insolación tal que, dada la constante de insolación (app.1 Kw. Por metro cuadrado) y la eficacia actual de los paneles solares (entre 15 y 20%), se pueda contar con un suministro de energía eléctrica. Tomando estos dos parámetros en cuanta se obtiene que la comunidad tipo, como centro poblado, presupone un rectángulo de 4 kilómetros de largo por 2,5 kilómetros de ancho. Si la zona residencial tiene una densidad de unos 120 habitantes por hectárea, el 50% del espacio urbano se deja para usos complementarios: servicios públicos (administrativos, educativos, asistenciales, etc.), comerciales, de actividades culturales y recreacionales, industrias manufactureras, parques y plazas. No son ciudades dormitorios, pues se pretende que aún siendo su núcleo fundacional un campamento minero de extracción, como ha sido tradicional, en el caso de las ciudades surgidas en Venezuela durante el siglo XX, no se limiten en esta ocasión a dicha actividad básica, sino que orienten su vocación alternativamente hacia las actividades manufactureras, para lo cual deberán contar con el apoyo inicial del gobierno central en cuanto a créditos y estímulos fiscales para la radicación de empresas, y la correspondiente legislación al efecto. Asimismo, su autonomía de las metrópolis vendrá reforzada por su ubicación periférica y por tanto suficientemente alejadas de dichas grandes ciudades.
En cuanto a la trama urbana y en función de la optimización operativa y la racionalización de los costes de mantenimiento, los derechos de paso no pavimentados y ubicados en medio de cada manzana y que separan jardines traseros, además de un eje transversal en aquellos casos en que la manzana en cuestión tuviesen un nodo de la red de distribución, contendrán los ductos y tuberías de distribución de agua, gas, fibra óptica, drenajes, etc., de modo que se puedan reparar, reponer o ampliar en número y tipo de servicio, sin romper el pavimento de las calles, ni estorbar la circulación. Estas últimas serían atravesadas por la red de servicios mediante galerías visitables.
2) El Conjunto dispuesto en forma periférica, o bien en abanico en caso de desplegarse a orillas de un río, y compuesto por 5 a 7 conglomerados urbanos dotados de todos los servicios locales, áreas comerciales, zonas industriales, recreativas, etc. (comunidad tipo), con un conglomerado central, que identificará el centro cívico y estará dotado con los servicios de primer orden: aeropuerto, universidad, hospital general, sistemas multimodales de transporte público, burocracia municipal, etc., conforma lo que hemos convenido en llamar “Ciudad Constelada”. En otras palabras, el sistema constelado de la ciudad consiste en articular las comunidades unitarias en torno a estos servicios centrales en un radio (circunferencia o abanico) de 12 a 15 kilómetros. La vocación de una ciudad constelada es la de proveer las condiciones para el desarrollo de las actividades manufactureras, que es el renglón más débil de la sociedad nacional. Dicho renglón debe motivar a su vez el desarrollo de tecnologías y ser la razón de institutos politécnicos y de investigación. El volumen de población de una ciudad constelada alcanza de 400.000 a 500.000 habitantes.
3) Condiciones objetivas de factibilidad: Un número considerable de ciudades venezolanas, consolidadas y estables y que por lo general han experimentado un fuerte crecimiento desde su fundación (en algunos casos re-fundación) en la primera mitad del siglo XX, fueron campamentos mineros, correspondiendo la mayoría de ellas a áreas de explotación petrolera, tanto de extracción como de refinación. En este marco histórico, el plan de Ciudades Consteladas propone aprovechar la ventana de oportunidad derivada de las nuevas condiciones socioeconómicas y geográficas en desarrollo: 1) la reciente concesión de 23 nuevas áreas de exploración y explotación petrolera, principalmente desplegadas a lo largo y ancho de la denominada Faja Bituminosa del Orinoco; 2) las nuevas instalaciones que se encuentran en proyecto y construcción para la producción del nuevo combustible patentado en el país, denominado orimulsión, cuya producción no afecta la cuota de la O.P.E.P., pues compite en el mercado del carbón y no del petróleo, con amplias ventajas por unidad de energía generada en cuanto a precio, seguridad, facilidad de transporte y utilización, además del bajo riesgo ecológico. Asumiendo su facultad de legislar, el estado está en la capacidad de regular las variables urbanas de los nuevos campamentos, y en consecuencia de decidir desde un principio la aplicación de planes como el propuesto, que siendo como todo plan, perfectibles, consideramos de todos modos como un buen punto de partida, capaz de asimilar los refinamientos posteriores derivados del proceso de diseño al nivel de detalle y del posterior desarrollo de la población dentro de los límites indicados. El costo del urbanismo, entonces, correspondería a las compañías de explotación petrolera, pudiéndose resarcir del mismo, sin lucro adicional, mediante el traslado del mismo al consumidor final. En suma, el estado sólo atendría al gobierno de la ciudad, mientras que el mercado lo haría en la construcción de las viviendas, no en su mercantilización. Además, en la primera etapa de la autoconstrucción, el colectivo se organizaría para abaratar el coste de los materiales.
4) Las áreas intermedias entre las unidades y el centro cívico de los servicios están destinadas a actividades agropecuarias y de industrias mayores o contaminantes, a reservas ecológicas, a ejidos (no más del 10%) y a zonas de recreación. Si bien la idea se inspira en la “ciudad jardín”, la ciudad constelada no forma una malla sin solución de continuidad, sino un sistema de polos descentralizados en sí mismos, pero coordinados para optimizar el uso de recursos naturales y minimizar el impacto urbano en el ambiente natural. Tampoco es la “ciudad rural” preindustrial, pues el campo rodea un enclave urbano. Todo lo contrario.
5) La optimización operativa se asocia con la autarquía que debe detentar la ciudad, sobre todo en servicios públicos y de primera necesidad. Los bolsones agrícolas deben permitir la autosuficiencia alimentaria; a su vez, la zona industrial y de servicios originan fuentes de trabajo que otorgan capacidad de compra a la población y con ello las condiciones materiales para el pensamiento y la libertad: los pobladores pueden ser y ejercer como ciudadanos. Sistemas de reciclados, mantenimiento y energías limpias permiten no sólo tener recursos propios, sino también cumplir con el ideal autárquico del ahorro de energía urbano. Por ejemplo, la energía solar fotovoltaica, que por ser generada domiciliariamente no requiere de redes de distribución, ni de oficinas de pago, y aún se puede vender el excedente de consumo en la red. Esta producción de energía solar se corresponde con el tipo de construcción de la vivienda (amplios techos) y poca densidad poblacional (consumidores). Todo ello indica que el citadino aprende a racionalizar su consumo, ayudado por los distintos sistemas de educación. En suma, se constituyen las condiciones urbanas para formar ciudadanía, que es la autonomía de los individuos y que configura a la ciudad como proyecto de sociedad.
El proyecto de sociedad se soporta en el valor añadido de los individuos. La ciudad constelada es un espacio donde la filosofía operativa de las comunidades tipo se ve enriquecida por el carácter multisectorial de sus actividades económicas: el uso racional de energía, las áreas periféricas de vocación agrícola, agroindustrial o protectora (reservas ecológicas), la racionalización de los transportes, son actividades que al optimizar la utilización del tiempo y los costes de vida, permiten a la población remontar el mero nivel de subsistencia y abordar actividades de beneficio personal y social, como el reciclado de residuos, y, en suma, su integración (vía tecnologías informáticas) de una sociedad más consciente y tecnológicamente más productiva.
El proyecto de una democracia participativa según un “feed back” informativo de doble vía (sociedad civil – gobierno local) estaría más próximo a la realidad que en la congestionada metrópoli habitada por supuestos ciudadanos agotados y arrinconados en una “soledad de multitudes”, debido a las actividades intermediarias (burocráticas, mercantiles) que plagan su forma de vida. En breve, la forma urbana de una ciudad constelada prepara mejor las condiciones de formación de los protagonistas de la ciudad: los ciudadanos, y el amor a su ciudad como su propia obra, re-encantada por su esfuerzo y desvelo.

CODA. Los riesgos de esta gestión participativa con el deseo de actuar, que implica un proyecto de ciudad nueva y de un nuevo tipo de ciudad en Venezuela, provienen de dos focos galvanizadores: 1) La recesión y adormilamiento de lo que se llama la sociedad civil a nivel mundial; 2) la ausencia y falta de producción de sociedad (civil, como pleonasmo), específicamente en Venezuela, debido a los faltantes de figuras culturales claves (la paternidad y la conyugalidad) cómo se observa en la cultura matrisocial venezolana. La vida social se halla enrarecida por la escasa oxigenación, tanto por la globalización tecnológica y económica, como por lo endógeno social incivilizado (Uslar, 1992). A pesar de ello, la demanda y oferta de participación, de iniciativas y de innovaciones en este tema de las prácticas sociales, nos conduce a la idea de proponer la edificación de un nuevo tipo de ciudad que nosotros llamamos la ciudad constelada.



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Publicado en la Revista EXTRAMUROS, Facultad de Humanidades y Educación, UCV, Nº 16 mayo 2002, en coautoría con el ing. Juan Miguel Vázquez.