viernes, 23 de enero de 2026

MEMORIA EN TRANCE

 

Memoria en trance

Mi paisano, el antropólogo castellano-leonés, Luis Díaz Viana, poeta también del pagano refugio para-cristiano, coloca la clave de la adoración y anonadamiento, hasta de renuncia misma,  a mi poema sobre memoria en trance.                                                                             

 La única plegaria verdadera                                                                                        es la de alguien 

 que no espera respuesta

                                                                     Luis Díaz Viana, Pagano Refugio

                                                                        ediciones República,Valladolid, 

                                                                            1996, 1 Plegaria.

 

La hija no se encuentra bien en el parentesco

eterniza la feminidad

descalabra la vieja Eva

asciende por caminos oscuros

                            de la identidad

errabundas travesías, altos y bajos

 

se añudan memorias y gráficos

sentidos, saudades, se reatan

reportes de silencio vienen

de no se sabe donde.

 

nadie reconoce que es tu hija

         ni la hija estima que es tu hija

 

liturgia de ángeles y épocas

sueños reserva

                             del alma

desvelados

                                 pensamientos

dicha en sazón

                            anidando a libertades de cielo.

 

                         Samuel Hurtado

Pascua de Resurrección, Caracas, 2010.

Publicado en Imágenes de Villorido.

-------

Nota: la forma de inspiración proviene de la poetisa venezolana, Patricia Guzmán, y su libro Soledad Intacta. Caracas: bid & co.editor.   

EL BIÓGRAFO AUTO-OBJETO DE ESTUDIO

                                            corro y torre de San Juan en Paredes de Nava

                                                        Palencia (Castilla y León)

                                                      

                                                       Introducción.

El biógrafo expuesto a ser auto-objeto de estudio.

 

Nunca me imaginé que encaramado dentro del cerebro de mi árbol de mandarinas, recogiendo la cosecha por sus cúspides, iba a mirarme en retrospectiva del tiempo, y reconstruir el interés de mi historia ¿Cuál historia de interés? La del conocerse a sí mismo como necesidad de conocer el mundo, ese mundo de los objetos; porque es perentorio generar una centrífuga auto-observable, y aún una vuelta autocrítica, del concepto sobre sí mismo. Es una cosa enjundiosa sentir aquella relación conjuntiva del cerebro vegetal inspirador y el cerebro humano receptor, para devolverse a una acción de interpretación del sentido; porque éste, percibido en una historia natural de los objetos, termina por los sujetos humanos catapultado a una historia social, y, por lo tanto, expuesto a asumir un cauce de historia subjetiva. Dicha relación conjuntiva muestra el tratamiento aplicado desde un laboratorio antropológico donde es posible acogerse para mostrar, al fin la potencialidad de mi creencia de ser como un crédito que me doy a mí mismo para poder trabajar, y aprender de este modo la objetivación.

Estoy en la recta final de la digitalización de mis viejos libros, escritos en los años de 1980, casi representando vestigios de hace 40 años. La sensible experiencia de ver cómo entré en un mundo desconocido para aprender a conocer como objeto, fue la de voltear el final de hoy para convertirlo en el principio de siempre; era volver a verme como en un hodierno comenzar. En estas condiciones me sentí trasportado a la pro-activación de una memoria sensible, que me hizo revivir las primeras incursiones a la Venezuela profunda en su organización social según sus diversas medidas y campos.

Aquella conjunción de cerebros y, a distancia, de la conjunción de máquinas con técnica sensible, se iba fundiendo en mi retorno autoobservable cuya autocrítica me permitía sobreponerme al árbol y a la computadora y poder ir más atrás (plus retro) en mi historia, que si era natural como antropológica (étnica) debía sobremontarse en cuanto social como sociológica (de acción ética). Había que buscar dentro de uno mismo, no ya la situación, a donde había llegado como medro social, sino el sentido de la acción en el recorrido que previene de la infancia, se sobreviene con la juventud y se adviene con la esperanza de la madurez; sentido de siempre añejado, caldeado por un modo del siempre comenzar. Eran, y son, despegues del pensamiento cuyo cultivo no ha cesado de incentivarse en el estilo de una cultura de innovación.

El mundo me fue previniendo, y seguí tras él en el sitio y lugar que me asignó la historia azarosa (natural) pero pautada. Había que proseguir hasta ir reconstruyéndola con la significación que me aportaba el trabajo del pensamiento en aras de explicarme los problemas de la sociedad mediante la producción socio-histórica de un conocimiento conceptual. El mundo objetivo y mi pensamiento se fueron fundieron en una lógica de lo posible en realización. Lo fabuloso y lo desconocido fueron dando, a afanes y quehaceres, incentivo de ir descubriendo, como un sueño despierto, los avatares de lo real traídos a la luz  por el conocimiento mismo.

¿Aquel niño, creciendo en tierra de meseta y páramo, sin árboles, reseca y dura, soñaría que algún día trabajaría conceptos en tierra de montaña tropical, blanda y húmeda, confabulado con árboles frutales y con su gente? ¿O aquél niño que ideó una biblioteca con cuatro tablas, ringada, y con cuatro libros de escuela de pueblo, viejos, soñaría que iba a vivir entre bibliotecas propias, con anaqueles de filosofía, teología, sociología, lingüística, antropología, etno-psiquiatría…? Hasta constituir en medio de esas bibliotecas un anaquel de  ‘Biblioteca y el Autor’ con la cosecha propia de libros cultivados y producidos…

¡Imposible el despunte de aquél sueño! Y sin embargo, “estamos hechos de la materia de los sueños” (Shakespeare), y vivimos como soñamos, según Conrad, y más aún somos lo que creemos ser, como el crédito que se da uno a sí mismo. Son finales que se marcan como principios, de acuerdo a la recursividad de T. S. Eliot, y según se va aprendiendo a objetivar en el laboratorio de una auto-historia. Es una objetivación personal que sin remedio funge de gran medicina apuntando como autenticidad a la maduración del yo (Bourdieu, 2008).

He aquí viéndome encabalgado en retrospectiva autobiográfica e interpretando como proyecto mi problema humano conjuntando el árbol por dentro y el pensamiento por fuera, y a la computadora subjetivada con la memoria perceptivada, y en plena centrífuga hacer la síntesis de cerebros y máquinas, fueran vegetales, electrónicos o espirituales; todo al final como en un desorden del pensar (Borges/Foucault, 1972: 3), aunado, para convertirse en nuevos enseres y fundirse bajo una animación pensante. Hice que el árbol de mandarinas se pusiera a pensar, y a la computadora a generar memoria sensible. Que el mundo de los objetos con sus tiempos y espacios, se pusiera a dar vueltas, pero no como la caballería cegada de la noria de Antonio Machado, sino como las ideas-fuerza de la “cibernética” epistemológica, que sin venda en los ojos, hicieran que los sueños dieran su cosecha en molienda de obras y ciencia.          

La exposición contiene dos partes. Se diferencian, la primera, por su movimiento de tiempo en saltos geográficos que subrayan la lógica de avance del conocimiento y práctica de la fe. La segunda, se caracteriza por sus remansos de acción reflexiva de la fe en mutua ayuda de maceración con el pensamiento científico-social. La acción geográfica contiene la idea y el proyecto de internarse en el mundo del inconsciente del país con herramientas disciplinarias apropiadas de la etnopsiquiatría, y hacerlo internalizándose primero dentro de sí mismo como recurso y requisito de la forma de trabajo subjetivo.

En esta doble escalada según las dos partes de ejercicios en saltos y remansos, el biógrafo se dispone y se expone a ser su propio auto-objet(iv)o, es decir, a mostrarse como su propio auto-objeto exterior (fuera de sí) porque de antemano se auto-dio el objetivo interior de conocerse (dentro y desde dentro de sí). El cortafuegos a construir mediante la movida de la fe es indispensable: el pensamiento de guardabosques no debe cobrar ningún estipendio (como desquite) a la existencia del tiempo de la fe, porque el propósito es pasar, con el tiempo de la fe, al pensamiento de jardín con el fin en funciones de levantar en Venezuela la idea, al menos, de un proyecto de sociedad.

Referencias

Bourdieu, Pierre (2008). El sentido práctico. Madrid: Siglo XXI de España  Editores.

Foucault, Michel (1972). Las palabras y las cosas. México: Siglo XXI Editores

-------

Del libro de Samuel Hurtado: La Enseña de mi Padre. Un antropólogo en la vía de la Fe y la Ciencia. Caracas: Ediciones de La Biblioteca de la Universidad Central de Venezuela (EBUC), febrero de 2025.

lunes, 8 de diciembre de 2025

ROMANCILLO DEL ALBA DE NAVIDAD


 

Romancillo del alba de Navidad

            

             Huye noche, noche

            si tú te marcharas…

correría bella

a besar su cara.

Si volar pudiera

como brisa diáfana…

Si pudiera alzarme

como luna clara…

Huye noche, noche

si tú te marcharas…

¡Ay! El jilguerillo

de alas de plata

sobre la palmera

su copla cantara,

y yo correría

a besar tu cara.

¡Ay! noche, nochera

si yo te rasgara

tu estrofa de sombras

si yo te rasgara…

correría bella

a besar su cara.

Si yo lo pudiera…

ahora deslumbrara

tu sueño de estrellas

y el de tu luna álgida.

Déjame al menos

noche sin ventanas

asomarme al monte

vestida de plata,

para ver al Niño

y besar su cara.

Noche,

noche,

noche

si tú te marcharas…

……………………………………..

¡Ay! huyó la luna,

y calló el alba.

 

(Hortaleza, Madrid, 1961, durante los estudios de Filosofía y Letras, con 18 años de vida).

DUELO DE LA MEMORIA parte 2


 Monición: En esta segunda parte se trata de exponer el método de demostración de la investigación en el libro de Podremos hacer País?

            No es fácil para un colectivo social aprender de su memoria en cuanto a ponerla en práctica trascendente, es decir, en resultado de orientación del quehacer de un pueblo. Si no lo logra quedará la memoria como una inmanencia de exposición, y entonces acontece que lo único que hacen esos pueblo es vivir de la memoria sin consecuencias para su desarrollo afirmativo en el porvenir. Todavía se pudiera decir que la memoria es una pieza ausente en la configuración de un país, ausencia para a ser proferida en su decir performativo como cuando se dice que los “venezolanos no tenemos memoria”; por eso cometemos los mismos errores al no aprender de lo nuestro en la historia (Cf. Vethencourt, 1990)[1]. Y como no podemos dejar de no tener memoria como seres naturales, su ausencia quisiera decir también que no funciona cuando nos proponemos tenerla como seres sociales. ¿Estamos condenados a repetir la historia al no tener memoria sapiente de ella? ¿Acaso del decir se puede deducir el hacer a partir de colocarnos en un principio del conocimiento desde donde se puede analizar que la cultura matrisocial no tiene los dispositivos del salto vinculatorio, trascendente, con la sociedad como deber ser?

Pasamos a evaluar dicha situación en la confrontación de los márgenes, el de las significaciones de la cultura, y el de las acciones de la sociedad. Aquél como ser instalado de un modo natural, éste como deber ser por alcanzar haciéndolo en los acuerdos inventados de un modo social. Comenzamos con un Punto de Inflexión como primer apartado, donde la memoria aparece con la metáfora de visión, de terapia para curar al país de la violencia y como aceptación de país como esfuerzo para colocarnos en sintonía con su ser. ¿Acaso hemos perdido la visión de país? Es urgente su recuperación. Recuperar indica en este tratamiento volver a empezar, es decir, el volver se piensa de nuevo, así como debe ser toda creación o invento para dar con la autenticidad o seriedad del ser al que se propone conseguir. Se trata de un ser originario y original para ser inventado con su verdad. Empezar implica ese esfuerzo de innovación primera relativa a un invento o creación. Más allá del simple repetir, sin creatividad alguna, si el caso es de repetir es necesario hacerlo con competencia, es decir, sub specie creativa. Aquí se presenta la terapia como recuperación de orientar la violencia como energía positiva, y lo mismo la capacidad de la aceptación en medio de las dificultades del país.         

En el aparte de Cultura y Comunidad, se acometen los capítulos juegan con la recuperación del concepto de cultura en su aplicación al globo de la comunidad, pero bajo la perspectiva de iniciar con la especie de reconversión, metáfora tomada del pabellón industrial para ir trascendiéndolo bajo la especie de innovación en los términos de la competencia conceptual. Allí se encuentran los marcos de lo ancestral con el moderno reglón de lo turístico, y entre ellos el forzar las fronteras culturales de la comunidad, desde la comunidad conuquera hasta la gestión patrimonial, el valor de la identidad, su dinámica de acogida y la problemática nacional a partir de la animación totémica del héroe mesiánico. La comunidad aparece atravesada por los flechazos múltiples que de asesta la cultura, ambas en conceptos de estiramiento.

En el aparte de Política y Pueblo, se pasa al margen de lo político y lo comunitario raigal se encuentra con la organización de pueblo. Encantamiento y magia desde la etnocultura funcionan al tope en lo político para anublar las responsabilidades políticas del pueblo. El extravío en la orientación social del pueblo es cónsono con su retraso sociopolítico, siempre expuesto a ser seducido y a disfrutar en la seducción esperada. Se evitan así los sufrimientos de enfrentarse a la realidad y el miedo a la misma. La rebaja de la política es un hecho.

En el aparte de Edipo Cultural y Violencia en Germen indica el nivel en que la cultura machista, que porta la cultura, coloca al colectivo social en permanente abuso, irreverencia y agresividad como territorio de que crezcan las violencias. La existencia de esta en germen liquida el orden social de la convivencia, la ley de las instituciones del estado y la autoridad que orienta a las relaciones de familia y la sociedad.

En el aparte de Pensamiento sin Brújula en la Ciudad se presenta la cultura en la metáfora natural del animal, metáfora con los papeles de retórica y de consistencia conceptual. Con este último papel se trasciende el uso de la metáfora por Aristóteles en su ‘animal político’ y el de Manuel Delgado con su ‘animal público’ (1999), y aún otros más que andan por la ciencia social y política. Ya nos dice Lefebvre  (1975: 21-23) que puede haber ciudades que no han llegado a ser urbanas o son urbanas. Sobre este pensamiento, nos atrevemos a investigar cuánto hay de realidad urbana en el caso de la ciudad de Caracas. Aparece entonces que lo urbano de la ciudad castellana fundada ha ido perdiendo en la modernidad y a merced de la cultura matrisocial, ese carácter de urbana porque el espacio se retrotrae a mostrar el proyecto de sociedad que se enuclea en la inseguridad de pasear la ciudad ‘habiendo placer’. El pensamiento se clausura a partir de las trampas en que le coloca el desorden cultural, que muestra las inseguridades espaciales en que vive el habitante de la ciudad. 

No es de extrañar que la conclusión Trashumando promesa de país, termine en una crítica retrospectiva presidia por la apetencia de constitución de ser (sin poder ni querer) en la que nos detiene la cultura matrisocial y la falta de verdad sobre el país. Así nos tenemos que alimentar no con la realidad de aspirar al proyecto de país, sino con el pánico a la realidad y con el miedo regresivo de nuestro sentido de realidad negativa; todo ello derivando hacia la manutención, como alimento de nuestra realidad, de contentarnos con la 'promesa de país', sin acceder ni pasar al 'país de la promesa', es decir, al cumplimento de la promesa y por lo tanto a su realización existencial. 

Hemos expuesto sucintamente el desarrollo del ‘Punto de Inflexión’ por donde comienza y parece terminar en Venezuela esa pasión a medio despuntar de Podremos Hacer País.   

Bibliografía

Blanco, M., Agustín (2000). Oposición entre ciudad y campo en Venezuela.

Caracas: ed. Universidad Central de Venezuela, Colección Esquema.

Briceño I., Mario (1972). Mensaje sin destino. Ensayo sobre nuestra crisis de

pueblo. Caracas: Monte Ávila editores.

Delgado, Manuel (1999). El animal público. Barcelona: Ed. Anagrama.

El Faro Interior (2025). “El apoyo en la vejez no es tu familia”. Perspectiva

psicoanalítica. Video escuchado el 13/07/2025. Domingo 11:30 a. m.

Gamoneda, Antonio (2000).  Sólo luz. Antología poética 1947-1998.

Valladolid: Junta de Castilla y León.

Hurtado, Samuel (1990). Ferrocarriles y proyecto nacional en Venezuela,

1870-1925. Caracas: Ediciones de la Universidad Central de Venezuela.

Hurtado, Samuel (2000). Élite venezolana y proyecto de modernidad. Caracas:

Ediciones del Rectorado de la Universidad Central en Venezuela.

Hurtado, Samuel (2001). “Felices aunque pobres. La cultura del abandono en

Venezuela”. Caracas: Revista venezolana de análisis de coyuntura. Vol. VII/N° 1, enero-junio, 95-122.

Hurtado, Samuel (2017). El animal urbano. Espacio y proyecto de sociedad

en la ciudad de Caracas. Saarbrücken (Alemania): Editorial Académica Española.

Hurtado, Samuel (2023). Duelo de país en contramarcha. De la ilusión de la

‘Tierra de gracia’ al retroceso en el ‘Golfo triste’. Saarbrücken (Alemania): Editorial Académica Española.

Lefebvre, Henri (1975). El derecho a la ciudad. Barcelona: Ediciones

Península.

Lévi- Strauss, Claude (1969). Las estructuras elementales del parentesco.

Buenos Aires: Ed. Paidós.

Pardinas, Felipe (1977). Metodología y técnicas de investigación en ciencias

sociales. México: Siglo XXI editores.

Said, Edward W. (2013). Orientalismo. Barcelona: Ed. Random House

Mondadori. Debolsillo.

Sennett, Richard (1997). Carne y piedra. El cuerpo y la ciudad en la

civilización occidental. Madrid: Alianza editorial.

Tarso, Pablo de (s/f) “Carta a los Romanos”. La Santa Biblia. Madrid: La

Biblioteca de Autores Cristianos.

Vethencourt, José Luis (1990). “En torno a la psicología del venezolano”.

Nuevo Mundo. La venezolanidad. Caracas: marzo-abril, N° 145, 115-134. 

 



[1] “La gigantesca disfunción política, social y económica de Venezuela en las dos últimas décadas lleva a preguntarse entre otras cosas, por la psicología de los venezolanos. Hay una gran necesidad de buscar respuestas desde todos los ángulos posibles para lograr cierta comprensión de ese fenómeno –quizás único en la historia de la humanidad- conocido como ‘el Caso Venezuela’ o también ‘el Efecto Venezuela’. Se trata de un país pequeño al cual le entró –en los tres últimos períodos constitucionales- una cantidad de dinero equivalente a diez planes Marshall y cuyos resultados son los siguientes: a) no resuelve ninguno de sus tradicionales problemas; b) aparecen problemas nuevos y se intensifican los antiguos; c) termina con una deuda colosal…Si la cadena de posibles errores no hubiera sido tan colosal la cuestión de la psicología del venezolano carecería de sentido. Creo que esa pregunta sólo puede ser formulada desde el fracaso ¡Estruendoso fracaso! Uno siente los órganos silenciosos del cuerpo sólo cuando andan mal” (Vethencourt, 115 y 116, negrea el propio autor).