viernes, 23 de enero de 2026

EL BIÓGRAFO AUTO-OBJETO DE ESTUDIO

                                            corro y torre de San Juan en Paredes de Nava

                                                        Palencia (Castilla y León)

                                                      

                                                       Introducción.

El biógrafo expuesto a ser auto-objeto de estudio.

 

Nunca me imaginé que encaramado dentro del cerebro de mi árbol de mandarinas, recogiendo la cosecha por sus cúspides, iba a mirarme en retrospectiva del tiempo, y reconstruir el interés de mi historia ¿Cuál historia de interés? La del conocerse a sí mismo como necesidad de conocer el mundo, ese mundo de los objetos; porque es perentorio generar una centrífuga auto-observable, y aún una vuelta autocrítica, del concepto sobre sí mismo. Es una cosa enjundiosa sentir aquella relación conjuntiva del cerebro vegetal inspirador y el cerebro humano receptor, para devolverse a una acción de interpretación del sentido; porque éste, percibido en una historia natural de los objetos, termina por los sujetos humanos catapultado a una historia social, y, por lo tanto, expuesto a asumir un cauce de historia subjetiva. Dicha relación conjuntiva muestra el tratamiento aplicado desde un laboratorio antropológico donde es posible acogerse para mostrar, al fin la potencialidad de mi creencia de ser como un crédito que me doy a mí mismo para poder trabajar, y aprender de este modo la objetivación.

Estoy en la recta final de la digitalización de mis viejos libros, escritos en los años de 1980, casi representando vestigios de hace 40 años. La sensible experiencia de ver cómo entré en un mundo desconocido para aprender a conocer como objeto, fue la de voltear el final de hoy para convertirlo en el principio de siempre; era volver a verme como en un hodierno comenzar. En estas condiciones me sentí trasportado a la pro-activación de una memoria sensible, que me hizo revivir las primeras incursiones a la Venezuela profunda en su organización social según sus diversas medidas y campos.

Aquella conjunción de cerebros y, a distancia, de la conjunción de máquinas con técnica sensible, se iba fundiendo en mi retorno autoobservable cuya autocrítica me permitía sobreponerme al árbol y a la computadora y poder ir más atrás (plus retro) en mi historia, que si era natural como antropológica (étnica) debía sobremontarse en cuanto social como sociológica (de acción ética). Había que buscar dentro de uno mismo, no ya la situación, a donde había llegado como medro social, sino el sentido de la acción en el recorrido que previene de la infancia, se sobreviene con la juventud y se adviene con la esperanza de la madurez; sentido de siempre añejado, caldeado por un modo del siempre comenzar. Eran, y son, despegues del pensamiento cuyo cultivo no ha cesado de incentivarse en el estilo de una cultura de innovación.

El mundo me fue previniendo, y seguí tras él en el sitio y lugar que me asignó la historia azarosa (natural) pero pautada. Había que proseguir hasta ir reconstruyéndola con la significación que me aportaba el trabajo del pensamiento en aras de explicarme los problemas de la sociedad mediante la producción socio-histórica de un conocimiento conceptual. El mundo objetivo y mi pensamiento se fueron fundieron en una lógica de lo posible en realización. Lo fabuloso y lo desconocido fueron dando, a afanes y quehaceres, incentivo de ir descubriendo, como un sueño despierto, los avatares de lo real traídos a la luz  por el conocimiento mismo.

¿Aquel niño, creciendo en tierra de meseta y páramo, sin árboles, reseca y dura, soñaría que algún día trabajaría conceptos en tierra de montaña tropical, blanda y húmeda, confabulado con árboles frutales y con su gente? ¿O aquél niño que ideó una biblioteca con cuatro tablas, ringada, y con cuatro libros de escuela de pueblo, viejos, soñaría que iba a vivir entre bibliotecas propias, con anaqueles de filosofía, teología, sociología, lingüística, antropología, etno-psiquiatría…? Hasta constituir en medio de esas bibliotecas un anaquel de  ‘Biblioteca y el Autor’ con la cosecha propia de libros cultivados y producidos…

¡Imposible el despunte de aquél sueño! Y sin embargo, “estamos hechos de la materia de los sueños” (Shakespeare), y vivimos como soñamos, según Conrad, y más aún somos lo que creemos ser, como el crédito que se da uno a sí mismo. Son finales que se marcan como principios, de acuerdo a la recursividad de T. S. Eliot, y según se va aprendiendo a objetivar en el laboratorio de una auto-historia. Es una objetivación personal que sin remedio funge de gran medicina apuntando como autenticidad a la maduración del yo (Bourdieu, 2008).

He aquí viéndome encabalgado en retrospectiva autobiográfica e interpretando como proyecto mi problema humano conjuntando el árbol por dentro y el pensamiento por fuera, y a la computadora subjetivada con la memoria perceptivada, y en plena centrífuga hacer la síntesis de cerebros y máquinas, fueran vegetales, electrónicos o espirituales; todo al final como en un desorden del pensar (Borges/Foucault, 1972: 3), aunado, para convertirse en nuevos enseres y fundirse bajo una animación pensante. Hice que el árbol de mandarinas se pusiera a pensar, y a la computadora a generar memoria sensible. Que el mundo de los objetos con sus tiempos y espacios, se pusiera a dar vueltas, pero no como la caballería cegada de la noria de Antonio Machado, sino como las ideas-fuerza de la “cibernética” epistemológica, que sin venda en los ojos, hicieran que los sueños dieran su cosecha en molienda de obras y ciencia.          

La exposición contiene dos partes. Se diferencian, la primera, por su movimiento de tiempo en saltos geográficos que subrayan la lógica de avance del conocimiento y práctica de la fe. La segunda, se caracteriza por sus remansos de acción reflexiva de la fe en mutua ayuda de maceración con el pensamiento científico-social. La acción geográfica contiene la idea y el proyecto de internarse en el mundo del inconsciente del país con herramientas disciplinarias apropiadas de la etnopsiquiatría, y hacerlo internalizándose primero dentro de sí mismo como recurso y requisito de la forma de trabajo subjetivo.

En esta doble escalada según las dos partes de ejercicios en saltos y remansos, el biógrafo se dispone y se expone a ser su propio auto-objet(iv)o, es decir, a mostrarse como su propio auto-objeto exterior (fuera de sí) porque de antemano se auto-dio el objetivo interior de conocerse (dentro y desde dentro de sí). El cortafuegos a construir mediante la movida de la fe es indispensable: el pensamiento de guardabosques no debe cobrar ningún estipendio (como desquite) a la existencia del tiempo de la fe, porque el propósito es pasar, con el tiempo de la fe, al pensamiento de jardín con el fin en funciones de levantar en Venezuela la idea, al menos, de un proyecto de sociedad.

Referencias

Bourdieu, Pierre (2008). El sentido práctico. Madrid: Siglo XXI de España  Editores.

Foucault, Michel (1972). Las palabras y las cosas. México: Siglo XXI Editores

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Del libro de Samuel Hurtado: La Enseña de mi Padre. Un antropólogo en la vía de la Fe y la Ciencia. Caracas: Ediciones de La Biblioteca de la Universidad Central de Venezuela (EBUC), febrero de 2025.

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