sábado, 8 de mayo de 2021

DEPRESIÓN Y CULTURA SOCIAL EN VENEZUELA

 

UNIVERSIDAD CENTRAL DE VENEZUELA

FACULTAD DE CIENCIAS ECONÓMICAS Y SOCIALES

COMISIÓN DE ESTUDIOS DE POSTGRADO

POSTGRADO EN CIENCIAS SOCIALES

LÍNEA DE INVESTIGACIÓN: Antropología, Cultura y Sociedad

SEMINARIO LECTIVO

  1. Título

 DEPRESIÓN Y CULTURA SOCIAL EN AMÉRICA LATINA

 

Prof. Dr. Samuel Hurtado Salazar

Caracas, 06 de abril de 2021.

 

2. Justificación

 

En medio de catástrofes económicas, políticas y pandémicas, en un foro en la Ciudad de Madrid[1], un grupo de médicos psiquiatras de América Latina y España, nos informan de la catástrofe de la depresión permanente que padece el mundo, y especialmente nuestra región latinoamericana. Resaltaban en el fenómeno el carácter colectivo al que no se le pone cuidado, cuando es más importante que el individual. Vinculada como está nuestra línea de investigación, de herramienta etnopsicoanalítica, se propone revisar y explicar en las honduras de la cultura, la nuestra venezolana, el molde que acecha a nuestras relaciones sociales (Ariño, 1997). Porque si hay y padecemos verdaderas catástrofes en nuestra vida, la catástrofe cultural es la primordial, porque nos saca fuera de sí sin que nos percatemos de su gravedad. Si ya no sólo nuestra cultura se caracteriza por ser regresiva, sino también depresiva, nuestra ambiente cultural nos conduce a los límites de lo patológico. Con el agravante que muchos individuos atraviesan dichos límites.

 

Es necesario averiguar en nuestra historia sobre los posibles orígenes y los detonantes del problema de la regresión latinoamericana, asumiendo su desarrollo en la estructura social y cultural, según el presupuesto de que la historia se realiza en la estructura, y no debe operarse autorreferencialmente. Así mismo, operar con los presupuestos morales que tienen que ver con que no vinieron héroes impolutos y llegaron a territorios vacíos de población, y por lo tanto se produjeron los duros encuentros de acuerdo a las circunstancias tan distintas en que unos tomaron la iniciativa de la acción y los otros la refirieron con las resistencias y acogidas, debidas, según sus internas diferencias como pueblos. Con sus diversidades exteriores unas e interiores a América otras, el asunto es que el hecho cumplido implicó un nuevo planteamiento de las realidades de la cultura y la sociedad, ya no de ecumene regional, sino de ámbito mundial. En el mutuo descubrimiento se plantearon asuntos positivos y negativos. El problema de la depresión, planteado como negativo, necesita ser resuelto en forma positiva. En el diagnóstico convergen ambas dimensiones con la mira puesta en su solución curativa.

 

3. Meta 

 

Hacer un esfuerzo importante para comenzar a concientizar en ciencias sociales un problema que aparece oculto a las miradas de la sociedad que lo padece, y después implementar la difusión del problema en las circunstancias de la extensión universitaria.   

 

4. Objetivos terminales

 

Los académicos tenemos que mirar más allá de nuestras aulas y libros para descubrir informaciones que atañen a la investigación social, y más cuando el problema social se cruza con una dimensión importante como es la salud colectiva. Entonces, la inquietud moral del científico-social debe ampliarse para ponerle atención al estudio que se merece.  

 

5. Objetivo general.

 

Cada vez más lo colectivo observado desde la cultura, está cobrando un auge importante en todos los ámbito reflexivos sobre la sociedad. Porque es la clave cultural, la que logra penetrar los sentidos que la política y la economía no alcanzan a ver. Es necesario tener una preparación de cuidado en la ciencia que desarrolla los conceptos de la etnicidad para que se tengan en cuenta en los propósitos pluridisciplinarios cada vez más urgidos para ser implementados.

 

6. Contenido programático.

 

TEMA I. Depresión, historia y etnogénesis en América Latina.

            1. Hecho y proceso de una difusión cultural de carácter mundial.

            2. Gran dificultad en la invención de la nueva estructura social.

            3. Alta- y baja- presión en la configuración de la dominación.

            4. Impotencia de la historia ante la identificación del totem:

el divino Bolívar.

            5. Desempeño de la etnología y la legitimidad totémica:

la familia matrisocial.

 

TEMA II. La regresión del miedo y la incompetencia 

                    depresiva.

             1. El mito de origen: de la transgresión conquistadora a la 

                        legitimación barroca: la contrarreforma.

            2. Las inseguridades de la estructura social: de la encomienda a 

                       la esclavitud (desde las reducciones hasta las plantaciones). 

            3. El miedo a la autoridad de cara al orden en constitución de ser.

            4. El aprovechamiento, compensación a la amenaza del poder.

            5. La dependencia materno-filial y el sometimiento al poder: de 

                        la madre al Estado.

 

TEMA III. Exclusión y desamparo. La desarticulación etno- y 

                            psico- societal.

            1. Privilegio y exclusión como mengua social.

            2. El poder caciquil como dominación caporal y las promesas 

                        incumplidas.

            3. Impotencia de la cultura entre la sociedad incivil y el estado 

                        moderno.

            4. Individualismo errante primitivizado y sociedad desamparada.

 

TEMA IV. Fracaso ante el proyecto social. La depresión 

                    cultural

             1. Reporte biblio-etnográfico con autores venezolanos: Briceño I., 

        Briceño G., Carrera Damas, Acosta y Gorodekas, Rivero, 

        Vethencourt, Uslar Pietri.  

2.  Refugio inmanente en la magia: hijos de dioses (de mamás) y 

          ausencia del proyecto societal.

3. Desaliento latinoamericano: la emigración como desquite.

4. Identificación perturbada: la sociedad y la ciencia social.

5. Indefensión frente a la cultura y el poder: permisividad y 

        farsa edípica.  

6. Compasión, el mundo como destino y psicoterapia cultural.   

 

7. Estrategias metodológicas

 

Exposiciones y debates se van a canalizar en torno al esclarecimiento epistémico de tipo descriptivo tanto en la historia como en la estructura social y del sentido según la etnología. Se pretende lograr colocar el interés en las honduras del sentido de la historia americana y su constitución de ser como nueva etnogénesis, cuya creación como nacimiento permanente trae sus problemas de avances (im-presivos) y retrocesos (de-presivos), como dimensiones de un complejo de inferioridad, muy latinoamericano, para que no quedarnos bajo sorpresa (sor-presivos) ante nosotros mismos de lo que somos. Siendo la depresión un trauma que nos genera un retroceso estructural, es plausible debatir con los estudiantes los aportes que ellos coloquen en observación, como sujeto autoetnógrafos, y procurar una estrategia de participación sociopersonal como parte vinculante con el problema del modelo conceptual: la cultura social.   

 

8. Criterios y modos de evaluación.

 

Este punto debe desarrollar la operación de las estrategias. Por lo tanto, la participación de las experiencias sociales y aún personales es importante, unida sin embargo al desarrollo del aprendizaje conceptual adquirido en el estudios de los textos teóricos, y finalmente debe el estudiante demostrar la adquisición de su desempeño cognitivo en la elaboración de un texto final armado con todos los recursos metodológicos de un artículo científico. Son los tres criterios, asociados a los modos plásticos de la evaluación cuyo sentido hemos relatado.

 

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[1] EFE: Forum Salud, Madrid, 15 de diciembre de 2020: “Depresión. Un problema de salud pública en América Latina”. En Noticiero Digital (misma fecha) se dice que la depresión es un problema prioritario en América Latina, siendo un trastorno mental más frecuente que aún carece de reconocimiento social y gubernamental pero que amerita una inversión ‘efectiva’ que palie sus efectos y evite casos futuros.

martes, 20 de abril de 2021

A FAVOR DEL EMIGRANTE EN PAÍS ULTERIOR Y LA ANTROPOLOGÍA ESTRUCTURAL

Hay pérdidas que pueden revertir en posibilidades de ganancias. Es como decir que la destrucción puede llevar al aprendizaje, si nos disponemos a aprender de la desgracia. El resultado se origina cuando el individuo al fin se ve forzado a saltar los límites en que está atrapado, y salta para enfrentar el futuro con sentido de riesgo; riesgo que le impulsa a emprender cosas como protagonista de sí mismo. El símbolo del arraigo suele jugar el papel de una situación de atrapamiento. Si se encarama sobre éste, el ser humano se coloca en una alternativa de producción de realidad impensable. La nueva situación se define por el símbolo del intercambio: éste impulsa al individuo a forzar la barra de las relaciones sociales, y hacerle sentir el momento que le convoca a la innovación.

Es el escenario en progreso del emigrante, del exiliado, de la diáspora. Frente al nativo, limitado a su pequeña medida de intercambio tranquilo, el emigrante se encuentra en una situación de privilegio arriesgado, (tal es la base de su transvaloración): la medida del intercambio es mayor y su calidad superior. Su soledad crecida hace que su encuentro con el otro sea tan fecundo que genera en la sociedad de llegada un valor social original. Desde su extralimitación nativa, primero, y política después, el emigrante se resitúa en el alargue de sus posibilidades sociales; realidad extra que, en torno a él, configura un “país ulterior” que pretende la vitalidad posible de todos los sitios, esto es, de su universalidad transcendental.


 

ULTÍLOGO DE 'PAÍS ULTERIOR'


PAÍS ULTERIOR

Más allá de las fronteras del conocimiento

las cumbres del pensar trashumante.

 

Samuel Hurtado Salazar

 

MONITOREO: Ultílogo como el comenzar de 'País Ulterior'

El libro de País Ulterior trata de una experiencia en tres escalas: 1. Cómo se llega a ser nativo (go native) en país extraño. 2. Cómo se continua con la vida en país extraño y se vive a éste, entendiéndolo, como propio. 3. Cómo se le conceptualiza (explicarlo) y se edifica la vida como producto extraño o ajeno al hacerlo transcendental, universal.

Si el principio de realidad es el primer principio para armar una episteme, la forma cómo se produce la realidad como vida (social) constituye el segundo principio con que se arma la episteme para trabajar la reflexión (filosofía) y/o el conocimiento (científico). Así en este libro soltamos el pensamiento, como un Ícaro, en la madrugada oteando las garzas blancas en el estero de los Llanos Venezolanos.

ULTÍLOGO. Como garza blanca del amanecer.

Ante la desorientación de Venezuela como país, deseamos el triunfo de la inteligencia social para la felicidad personal y el bienestar de todos. País Ulterior es una obra de investigación práctica y teórica (aplicada) sobre la cultura y sociedad venezolanas que tiene el propósito de aportar, al entendimiento del país, un conocimiento como ayuda de pensar sobre su razón política. 

Realizada esta obra con motivo de una experiencia científica como es la de llegar a ser nativo (to go native) en un país lejano, se continuó con la complicidad de la cultura en la enfermedad corporal y la corrupción política. Siguió la demostración de la forma ética en el trabajo y la empresa, en el hacer ciencia y en organizar la epistemología en Venezuela; y, al fin, el relato de la autobiografía del pensamiento transmigrado en la crónica entretejida del país nativo al país ulterior.

Tal viaje termina en la meta de hacer la crítica transcendental del concepto de matrisocialidad, al que se da un cierre categorial con todo el valor de sentido que requiere la explicación de Venezuela, elevando a alturas de afirmación su etnicidad. Todo ello con objeto del propio desarrollo social venezolano, y de su obligación de aportar a la universalidad humana sus mejores valores, que con el retorno debe favorecer a su maduración como pueblo y país. 

Etnicidad significa la capacidad de orientar la acción en función de la situación y de su origen (Touraine), y con ello colocar a todo pueblo en las condiciones más auténticas para auto-sembrarse la inteligencia social y aplicar las soluciones a los problemas de país. 

El significado de País Ulterior como obra venezolana constituye el aporte a la conceptualización societal (universal sub specie de proyecto de sociedad) de las culturas, y, en particular para Venezuela, hacerle madrugar el pensamiento que debe presentarse con una inteligencia de innovación societable, no como la lechuza del anochecer centroeuropeo, de Hegel, ni como la alondra del mediodía francés con su bochorno, de Touraine, sino como vestida de garza blanca la brisa de la mañana, tal como lo canta el ambiente de trabajo en el amanecer de Los Llanos tropicales venezolanos.   

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El libro se puede conseguir en la minitienda online en la dirección: d3li.me/samuelhurtadosalazar o lograr dicha dirección por Instagram.

 

miércoles, 31 de marzo de 2021

LA FIESTA INTERMINABLE Y DORMICIÓN DE PAÍS

“De esta tierra hermosa, dura, salvaje haremos un hogar y un paisaje” (José A. Labordeta) 

Para hacer ese hogar y paisaje “nos quedan pocos recursos, pero uno de los pocos que tenemos es la fe en el futuro y en la humanidad. Yo la tengo” (Joaquín Fuster, 2021). 

--¿Cómo imaginar ese viaje de fe al futuro si nos hemos dejado arrullar por la hermosura de la tierra sobre la que pisamos? 

--¡Cómo! ¿Acaso quieres decir que se trata de una población encantada en sí misma, con su ser natural? Significa, si entiendo, que hay una gente que rehúye trabajarse a sí misma evitando ser social. --¡Exacto! Lo social lo representan los símbolos del hogar a construir y gerenciar y el paisaje a diseñar y crear. Parece que tenemos la encomienda de transformar lo hermoso de la tierra en la felicidad de un hogar como una sede para organizar la vida, y un territorio salvaje en espacio de un paisaje. Es la tarea de una cultura civilizada (Rodríguez, 2021). 

--¿Qué cuento maravilloso es ese, cuento que debe contar bien todo o no?

--¡Exactamente! Como el papel que debe tener el mito siempre inventado a partir de confirmar experiencias de vida con el fin de dar razón o explicación de las mismas. El mito como el cuento realiza todo: la ida de la experiencia y la vuelta a la misma experiencia para transformar ésta.

 --¿Como una centrífuga en la vida social? 

--¡Cierto! El problema comienza en la ingeniería social, cuando no ocurre la transformación, porque no da o no se hace bien la centrífuga. Hay pueblos que se quedan adorándose en sus mitos, tanto que comenzado el mito, éste sin movimiento de significaciones, se torna como un soniquete interminable, de repitencia de sentido de lo que siempre (de una vez por todas, apas en griego) queremos ser, y aún apetecemos ser. No te extrañes que lo razonable de la vida interrumpa con el grito: 

¡Alto ahí! ¿De qué hermosura terrícola se trata? No de otra que de la hermosura virginal, de lo autóctono silvestre, de lo salvaje, que dice el verso de Labordeta, para hacer la comparación más estruendosa y sobre todo obtener la rima con paisaje. Consigue así una construcción magnífica en la versificación, y lo razonable de la retórica lo aplaude. 

--Con la idea de ‘hermosa tierra salvaje’, algún parecido encuentro con la formulación de el 'buen salvaje’ que el filósofo francés pretendía identificar lo auténtico del mito cultural (Cf. Lévi-Strauss, 1972; véase Rangel, 1976). 

--Claro, se trata de lo hermoso por encontrarse en estado salvaje, virginal. En lo tocante a trabajarlo para su transformación se torna un proceso duro: hay que comenzar desde cero, la elaboración se inicia en lo que se nos da como natural y debemos conducirla a su existencia social. Se trata de un proceso de creación semejante a nacer de nuevo (Savater, 2000). Aquí nos encontramos en los límites de la naturaleza con el fin de emprender el viaje a la sociedad, un camino consistente en hacerlo con arte que incluye una fe en el advenir. Es una experiencia de paso: de lo natural otorgado como ser, a lo social como creación a realizar en tanto innovación de vida. Así se instala la cultura para tener los resortes de nacer a una sociedad y lograr la marca de la ‘denominación de origen’ para ser venezolano de cultura y sociedad (Hurtado, 2014: 352). 

--¿Por qué nos cuesta tanto movilizarnos para adquirir el ser social de un modo bien macerado? --Porque para adquirir el ser social es necesario salir de lo bello salvaje como paradisíaco y confrontarse con la realidad a elaborar, la del hogar con paisaje, en el tiempo que transcurre cuando la tierra se presenta dura como la de un desierto sin oasis o la de un valle lleno de piedras y montarral. 

Si se detiene en la tierra hermosa y salvaje, el pensamiento opera con el principio del placer. Allí organiza la vida como una fiesta permanente. Nadie quiere que se pique la torta como fin de fiesta. La madrugada interminable es su tiempo, aunque moleste con el escándalo a todo el vecindario sin dejarlo dormir… 

--¿No se inventaron las fiestas para librarnos del trabajo?, dice el principio del placer --Más bien, las fiestas son una necesidad para celebrar el trabajo, dirá el principio de realidad, con el pensamiento avanzando hacia la idea de construir el hogar con paisaje. 

--Fiesta y trabajo parece que juegan al escondite… 

--Pues sí, pero el juego se desarrolla según la razón de los marcos o claves que coloques para que se realice el cuento o el mito. Son los marcos con que se modula el sentido de la vida: el principio de realidad lo hace confrontando la vida para mejorarla, el principio del placer consintiendo a la vida para dejarla, abandonada, a su suerte (natural). 

A partir de aquí entramos en picada jugando con el sentido de la vida: o nos vamos a las cumbres de la vida en viaje a la sociedad o entramos en depresión yéndonos por las simas de la vida bajo un disfraz de fiesta interminable, efímera y mortecina. 

Como apetencia y realidad en Venezuela, la cultura matrisocial nos ha traído y nos lleva por el principio del placer. Nuestro ambiente del sentido de la vida es el de una fiesta interminable con sentido de ausencia de realidad y con pretensiones de obviar el trabajo. Si aún la motivación se dice ‘y que para celebrar el trabajo’, la fiesta no se siente como perteneciendo a la estructura laboral, sino como evitación del trabajo. 

Una mentada revolución que deniega de la economía y de trabajo ha encontrado en este país el territorio mejor adaptado al festejo como negación de la libertad. La libertad se realiza en la fiesta pero se legitima desde y sobre la necesidad del trabajo como parte de la realidad de la vida. 

--¿Qué calidad de vida tiene el tiempo de la fiesta interminable en Venezuela? 

--Hemos de comparar esa evaluación con la auténtica fiesta, la referida a la celebración del trabajo. Estamos en la ontología de la cultura civilizatoria inscrita en un proyecto de sociedad, y ello nos permite conjugar bien la libertad con la necesidad. La fiesta auténtica surge como social con el objeto de compensar una necesidad al mismo tiempo que el resultado es unificar las voluntades de una comunidad, definido como la recepción de un bien espiritual. 

Pero en la medida que disminuye el interés de la vida, se rebaja el sentido sagrado de la fiesta (su convocación); el relevo inercial de dicho sentido forja fiestas seudo-sacras, impulsadas por un sentido automático en que se desmejora la significación del ser. “La fiesta, la asamblea, la convocatoria, añaden un plusvalor de fuerza significativa al ser humano…respondiendo a una acumulación de relaciones sociales que detenta un sentido de lo sacro” (Hurtado, 2014: 124). 

Cuando disminuye el interés por lo vital ocurren, en términos de inercia interminable, las fiestas seudo-sacras a favor del aumento instintual de la apetencia del ser. Se tiñe, entonces, de miedo el proceso de la vida, cuando la aspiración festiva debiera ser la libertad; se ahuyenta el ambiente de la democracia y del orden bajo una autoridad justa, y se toma el camino de la dedicación pútrida por el poder con vocación autoritarista. “No tiene futuro la libertad entre el paisanaje que desconoce la autoridad pero profesa devoción por el poder” (Bustos, 2021). El resultado es que la regresión hacia la oscuridad sortaria de la barbarie se torna en depresión para el alma de los pueblos con cultura cerrada como es la matrisocial venezolana, hasta hundirla en una ansiedad que limita con lo patológico. 

Nos detiene ante la patología el desvío mágico de la desacralización operada en la celebración festiva, porque lo mágico nos convierte en encantados, y, de algún modo, nuestras fiestas nos dejan un saber y sabor de maravillamiento de nuestro gran despegue de lo sociable. Pero este despegue no toma la altura de las seguridades, las convicciones, los compromisos, más bien prosperan manipulaciones, estupideces y engaños asociados con los temores de auto-engaños. 

“Al que tiene miedo lo engaña cualquiera, al que degusta libertad, nadie” (Cortina, 2021). Como interés interrumpido nadie habla de nadie, según Cortina. El miedo, junto con la angustia y el espanto se ciernen a lo largo de todas nuestra acciones en Venezuela como estructura de realización del mito cultural, según la edipización de las relaciones sociales (Hurtado, 2020). 

--¿Qué acontece con nuestros resortes culturales para generar reactivos de resistencia a nuestra negatividad social como pueblo? 

--Esos reactivos de carácter matrisocial (1) adolecen de capacidad suficiente, y los que pudieran bastar, están vencidos o entrecortados. 

--¿Por qué? 

--Nuestra cultura matrisocial con su edipo adolescentizado se encuentra anclada regresivamente en la etapa anal. Resulta una cultura del desorden, que termina estacionada en la nada como asunto negativista. Acontece como a Luis XVI, que no consigue ‘nada’ en el saco que carga en la cacería, pero su resultado es que está al pie del cadalso bautizado como guillotina (Posadas, 2021), y cuando acontece algo de significación, no se retoma como confrontación y se cosecha su resultado negativista. La calidad de la vida la mide el mismo mito al ser proclamado: “Como vaya viniendo vamos viendo”. 

Pero aún antes la inercia de lo interminable nos dice, ante los acontecimientos que nos previenen para ponerlos atención: “y aquí no pasa nada” (Leopoldo Castillo. Grado 33, Globovisión, 2006). Hasta se llega a decir que la ‘nada’ es nuestro destino favorito, porque tiene mejores resultados que hacer algo, como es la producción a la que no se aprecia en sus resultados sociales. Nuestra ninguneidad es tal que fallamos en la capacidad de ser positivos como obligación moral (Garrigues, 2021). Si tal moralidad debe ser llevada juntos como colectivo social, constatamos que en Venezuela aún no hemos aprendido a vivir juntos. No aceptamos que en una sociedad debe haber todo tipo de personas, hasta las de conducta extrema y polarizadas; porque todo el mundo debe tener un poco de razón en sus cosas. “No entiendo esa obsesión por querer tener toda la razón” (Garrigues, 2021). Es necesario luchar para que el mito que como cuento nos metemos sea lo más dúctil posible; porque es necesario que tenga la capacidad de transformarse en la medida que transformamos también la realidad. 

Comenzado el mito en tono salvaje, duro, inflexible, si no es interferido por la confrontación con la realidad, se torna interminable en su contextura social. La fiesta venezolana es un ejemplo de esto, debido a que la cultura matrisocial venezolana está colocada en este punto, donde la territorialidad, la pertenecía o arraigo, copan toda la cobertura de la cultura, sin intercambios significativos que la destraben. 

‘Lo hermoso salvaje’ que en su dureza prescriptiva agota nuestra fe en el futuro, no deja pasar lo afirmativo venezolano en toda su autenticidad histórica (Mijares, 1970) con la convocación de conducirnos a ser un país con el paisaje de societalidad, allí donde deben operar los reactivos culturales para remodelar nuestro salvaje interior. Allí está una de las bases de la depresión de pueblo, traduciendo en su profundidad etnopsicoanalítica como lo pide Rangel (1976) la situación de crisis de pueblo, según Briceño Iragorri (1972). 

De lo contrario, lo que resulta del país es tener un estado parasitario con un pueblo adormecido en su vitalidad. Se descubre que la dormición de pueblo se vincula con el sometimiento de bien aprovechado, aunque con no importa que inmoralidad grande que padecemos y que causa nuestra depresión como pueblo. Uno: sometimiento por el principio del placer, otorgado por la etnicidad cultural, y dos: sometidos por ser unos dejados o abandonados a la seducción inercial por la que como pueblo nos adormece el poder político. De ida y vuelta, como una centrífuga, el sometimiento ocurre desde el poder y éste lo hace con el consentimiento nuestro como para defendernos de nuestros propios miedos y ansiedades de pueblo. 

Un ejemplo: el caso de nuestra moneda oficiosa (el dólar) que terminamos inercialmente aceptándola como nuestra moneda real, frente a la oficial (el bolívar), pero el marco del doble dinamismo monetario se inscribe en las mafias, que a su vez obligan a todos a ser unos mafiosos. Porque se acepta creyéndola como lo justo a suceder. “No protestan, se la calan”, replica la crítica deshilvanando el complejo matrisocial, según lo cual, se cree que se está luchando contra la situación negativa cuando en realidad se la está aceptando. 

Así lo natural (silvestre, salvaje, virginal) está muy expuesto a las pestes de todo tipo, como lo estamos hoy día en el país (pandemia biológica, mafias, hambrunas) a diferencia de la seguridad de lo social (garantías, estudio y trabajo, instituciones). No de otro modo de situación resulta que la fiesta sea regresiva, derivando en interminable para afectarnos en lo depresivo psicosocial, como vía a los límites y a los hechos de una etnopsicopatología social. 

Al fin, lo interminable, como especie de la fiesta, no surte la auténtica compensación a la necesidad a la que debe satisfacer: la celebración del trabajo; el trabajo no es un asunto fuerte en el desarrollo de la vida social y la libertad venezolana, que prefiere de un modo absoluto vivir del igualismo social, la causa inicial de su dormición de pueblo.  

Notas (1) Matrisocialidad es el concepto clave del autor con que trabaja epistémicamente a la sociedad y cultura venezolanas. Por cierto, el libro de La fiesta interminable (Hurtado 2019) constituye en su núcleo fundamental la crítica a dicho concepto, para elevarlo de concepto y paradigma a episteme transcendental. La crítica la constituyen tres capítulos titulados: Lo sociable con poder de ser, El deseo con pulsión de ser y La apetencia con constitución de ser. Este planteamiento, como pretensión, constituye una forma de fundar la especie de interminable en el género de la fiesta en Venezuela.  

Bibliografía 

BRICEÑO I., Mario (1972). Mensaje sin destino. Ensayo sobre nuestra crisis de pueblo. Caracas: Monte Ávila Editores. 

BUSTOS, Jorge (2021). “Pedro I de Estocolmo”. Madrid: El Mundo, viernes, 26 de febrero. 

CORTINA, Adela (2021). Aporofobias (miedo hacia la pobreza y hacia las personas pobres. Video subido por TEDx Talks 

FUSTER, Joaquín (2021). “En el aprendizaje, nada sustituye al estímulo del maestro”. Madrid: ABC, XL Semanal, 1 de enero. Entrevista por Carlos Manuel Sánchez. 

GARRIGUES Walker, Antonio (2021). “Hay gerontofobia. Los jóvenes nos miran con compasión. Y la piedad puede ser durísima”. Madrid: ABC, XL Semanal, N° especial, 21 de marzo. Entrevista por Raquel Peláez. 

HURTADO, Samuel (2014). Agresividad escolar e instalación del edipo cultural en Venezuela. Caracas: EBUC-CDCH, Universidad Central de Venezuela. 

HURTADO, Samuel (2019). La fiesta interminable. Crítica inmanente y transcendental al concepto de matrisocialidad. Caracas: Doctorado en Ciencias Sociales, UCV. 

HURTADO, Samuel (2020). Opúsculo de la ‘sociedad popular’ y el poder. La latinoamericanidad en ensayos de sensibilidad cultural. Caracas: Doctorado en Ciencias Sociales, UCV. 

LÉVI-STRAUSS, Claude (1972): El pensamiento salvaje. México: Fondo de Cultura Económica, Breviario 173. 

MIJARES, Augusto (1970). Lo afirmativo venezolano. Caracas: Ministerio de Educación. 

POSADAS, Carmen (2021). “Nada”. Madrid: ABC, XL Semanal, 29 de enero. 

RANGEL, Carlos (1976). Del buen salvaje a al buen revolucionario. Caracas: Monte Ávila Editores. RODRÍGUEZ G., Guillermo (2021). “La civilización es la patria de la libertad”. Caracas: Panam Post, Boletín de noticias sobre Las Américas, 8 de enero. 

SAVATER, Fernando (2000). La tarea del héroe. Barcelona: Ediciones Destino, Destinolibro 316. 

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Nota: los libros de Hurtado pueden adquirirse por la minishop de Mi Biblioteca de Autor en la dirección d3li.me/samuelhurtadosalazar

martes, 2 de febrero de 2021

LA DEPRESIÓN DE PAÍS COMO ECLIPSE

Si hemos concluido en diciembre el año (2020) con el duelo de país, ¿dónde iremos ahora a dar reposo a nuestros sueños? 

Porque ni podemos detenernos, ni menos regresarnos en nuestra trayectoria de país, ni aún peor, echarnos a un lado para que sigan pasando las cosas. Claro que todo puede ser ‘tentativo’, esto es como caer en la tentación. 

¿Cabe aquí rendirse?, ¿aunque sea a la evidencia misma como suele decirse? ¡¡Rendirse!! Eso nunca, no es que no sea ‘tentativamente’ posible; es que está prohibido hasta con toda posibilidad y toda tentación, aún ahora contra toda evidencia y toda encrucijada que te otorgue alternativas. 

Porque son nuestras ruinas las que evidencian adónde nos han llevado como seducidos por un país feliz, ¡y nos hemos dejado seducir! Y ahora ¿cómo volver a comenzar porque no nos queda otra? ¿Y por dónde comenzar? Porque de las ruinas o agonía de país se supone una caída en un abismo, no un principio de despegue. No aparece un lugar desde donde pensar en forma positiva 

¿Acaso estamos entrampados entre una sociedad de recolectores (conuqueros) y una sociedad de consumidores ‘postmodernos’ (nuevos ricos venidos a menos)? Todo parece el de un país sin remedio aunque remolcado por el remolino de las fuerzas societales desde fuera. 

Hay un punto sensible pero desatendido desde nuestra disminución. La depresión colectiva nos circunda desde diversos modos bajo una sola enseña: la dominación. Nuestra depresión cultural se encuentra más hundida aún por la lucha política emprendida por el chavismo, a la cual le acompaña lo depresivo de la pandemia originada por el covid-19 y el confinamiento, la hiperinflación y la amenaza de la hambruna, la falta o deficiencia de los servicios (agua, luz, gas, transporte y comunicación de internet, gasolina…), la dispersión de la familia mediante la diáspora y la emigración de unos con la amenaza de muerte por la pandemia de otros… 

 ¿Qué más nos puede inspirar para no llorar en la depresión, sino para pensar nuestra depresión en su hondura en altas cifras de demostración a su vez deprimentes? Estamos en la agonía de país, y vamos a pensarla como un eclipse de país, como hace Buber (1993) con su eclipse de Dios, y comenzar de nuevo a pensar el país, y hacerlo en mi vieja edad de una manera joven . Piénsolo así desde mi singularidad científica a que me ha llevado y con la que me ha protegido, desde hace tiempo, la soledad del país en contraposición a la soledad de Kafka (Cf. Moeller, III, 348). Pero de ninguna manera se me presenta este planteamiento de comenzar de nuevo a modo de justificación (excusa) sino como una búsqueda de la verdad de país frente al miedo deprimente de navegar en el vacío de país o la nada de éste, sino de un pensamiento de consolación (esperanza) y de remediarme como acto de salud mental (salvación). 

Se trata de la depresión de país que cada tiene o puede tener, como individuo y como conjunto social. ¿Cómo comenzar a pensar si no es desde un mito como realidad fuerte del hacer, de la historia? 

Resuena ya como un mito en las efemérides políticas venezolanas, y focalizado, cuando van terminando las fiestas del año nuevo, en la memoria del día 23 de enero. Un mito que apunta a fijar una renovación, y al mismo tiempo, deja la estela de una nostalgia. Nostalgia por una pérdida, renovación como un desafío. Entre esos marcos surge la angustia ante el fenómeno de la democracia, para tildar al país como democrático (Acevedo, 2021), pero también, y pese a la orfandad de instituciones democráticas, se nos viene contra nosotros el sentimiento de una “desescalada a contramano” (Ignacio Camacho, 2020), que es como decir, la de hundirnos en la paciencia de buscar por dónde comenzar, si aún no hemos terminado la tarea de concluir bien. 

 Es un comenzar como un reto a nosotros mismo en cuanto a cómo comenzarnos, para luego conducirnos contra toda evidencia interpuesta por un negativismo atroz, y por supuesto aún contra el orden de una supuesta autoridad, siempre impuesta como establecida. El circuito implica remontar(nos) sobre nosotros mismos como país en general, empezando, claro está, desde cada uno de nosotros en particular. 

En esta época de postmodernidad globalizada, es necesario ir más allá de las quejas, hasta de quejarnos de nosotros mismos, porque de lo contrario, la responsabilidad individual y el autocontrol devienen en una quimera, en un albur. 

Pero nuestro llegadero está ya fuera de toda época y espacio, porque hemos llegado, con la agonía de país, a nuestra noche más profunda, a nuestra esperanza más oscura e inverosímil, para que nuestro ingenio tenga la condición de acopiar tales fuerzas que se le valgan para despegar soluciones de por siempre . Soluciones que ameritan un comenzar para su historia, descubierta sin alternativas, sin ni siquiera ‘tentativa’ alguna, ni de quedarse en la inercia o en babia viendo pasar las cosas como quien mira llover (o nevar)... Entonces desde la concentración de fuerzas, sitiadas, como en una trampa, y aún ante y con esa ‘utopía de lo imposible’ surge alguna luminaria para orientarnos en las vueltas que hay que dar a la ‘distopía autoritaria’ (Rodríguez González, 2021), que llevamos a las acuestas con la cultura matrisocial, y en este recodo de nuestra historia nos conduzca al punto por donde acaso debamos comenzar(nos) otra vez como realidad de país. 

En este punto no parece insuficiente saber sociopolíticamente y decir que “el chavismo es un derivado de un comportamiento histórico afincado en el resentimiento como epicentro de nuestro ser social y es un daño ‘autoinfligido’. Es una hegemonía más, de naturaleza anacrónica, primitiva y voraz como las tantas otras (Páez, Monagas, Guzmán Blanco, Crespo, Castro, Gómez y demás) que padeció y sufrió el país desde la disolución de la Gran Colombia en 1830” . 

Tampoco es suficiente esperar a que nos llegue “la necesidad de contar con partidos políticos fuertes y eficientes (no clubes regentados por caudillos de nuevo cuño) capaces de articular aspiraciones plurales y organizar la participación democrática, de visibilizar liderazgos, habilitar acuerdos, captar y dar respetuoso curso a las demandas de la sociedad civil. Otra, poder apelar todavía a algunos rasgos de ese carácter impreso en el alma colectiva y que según Caballero, retrataba al país de finales del siglo XX: un pueblo pacífico, democrático, definitivamente venezolano".

¿Por dónde se asoma la suficiencia en la desescalada a contramano, para saber(nos) localizar nuestro estado y comenzar la verdadera escalada de nuestro ser como nación para constituirnos como país? No se trata de no retroceder ‘ni para coger impulso’, sino de un punto de mirarnos dónde estamos en retroceso infranqueablemente atrapados, porque re-traspasado nos iríamos a pique hasta con nuestra agonía o eclipse de país. Parece que nuestro comenzar está antes que el resentimiento y antes que la disonancia cognitiva. 

Expertos en medicina psiquiátrica y psicoanálisis nos hablan del problema prioritario en América Latina: la depresión, y la depresión como problema colectivo, que es la dimensión mayor, la de una población social, que es además la que nos interesa a los antropólogos sociales. Tal lo constituye el punto novedoso a apuntalar como realidad a tomar en cuenta para comenzar en año 2021, como el inicio de lo más históricamente viejo y mas etnopsicoanalíticamente hundido, que en práctica de desescalada, debe colocarse como novedad en nuestro gran problema latinoamericano ; nosotros tenemos su ‘punto’ a desarrollar en el ‘lugar’ de la apetencia con la constitución de ser venezolano en la crítica transcendental a nuestro concepto etnopsicoanalítco de matrisocialidad. Para nosotros este problema representa una novedad del pensar y es por donde debemos comenzar en nuestra investigación ulterior. 

Todo comienza por los “prejuicios” que no son otro territorio que el de la etnocultura; continúa ese comienzo con la gravedad que supone el ser un problema comunitario, esto es, colectivo, sociopolítico. Antes que afecte a la salud y a la economía, individuales, se encuentra su realidad como institución total en la salud y la economía, sociales. El resultado de ese comenzar lo constituyen las consecuencias en el malestar y la depresión (con toda la realidad de metáfora) de nuestras sociedades latinoamericanas. De la depresión salen los resentimientos que constituyen la estructura de nuestro edipo, y emergen las disonancias cognitivas que nosotros identificamos como complejos culturales (matrisociales). 

Los mitos desdibujan su realidad operatoria de sentido, al expresarse en el ritual y/o la historia. Aquí tenemos el mito de la depresión, en plena operatividad pero escondida como lógica del mito, pero que aún no hemos traído a luz en su información socio-histórica. “El doctor Cabrera explicó que en su caso personal como afectado sintió que la depresión es ‘la lepra del siglo XXI’ y pasó ’30 años de obscurantismo’ ante la falta de apoyos e información”. Según la Organización Mundial de la Salud hay 300 millones de personas afectadas por la depresión. “En Latinoamérica, el 5% de los adultos la sufren –con un impacto económico cercano al billón de dólares; cifras que, como coincidieron todos los panelistas del evento, aumentará debido a la pandemia provocada por el covid – 19”. 

Cuando proyectamos las emociones sobre la dinámica cultural, encontramos en nuestros pueblos esa falta de deseo de ser, de ese querer llegar a poder ser algo más y mejor de lo que se es. “Esa tristeza prolongada, la apatía, la angustia o la falta de voluntad para realizar tareas cotidianas”. Entonces operan “los síntomas de la depresión que, en la mayoría de los casos, generan una pérdida de productividad en la edad adulta. En la peor de sus consecuencias, puede derivar en suicidio, acto que según datos de la OMS causa una muerte cada 40 segundos en todo el mundo, y 38.000 casos anuales en Latinoamérica”. Tal es lo recóndito, como un mito, con que existe la depresión y como tal desconocida o no tomada en cuenta, y todo ello más allá del problema individual. 

El doctor Córdoba trae a colación los resultados de su estudio TRAL sobre la Depresión Resistente al Tratamiento: “con una muestra de 1.475 pacientes con trastorno depresivo mayor, en el que se evidenció que casi un 30% mostraba signos de resistencia a la terapia convencional, asociado a una mayor morbilidad y mayores costos de servicios médicos”. Todo ello obedece al estigma negativo sobre la depresión en nuestros países que colabora en su falta de información y atención y en consecuencia en dejar operar al síndrome impunemente. Dicha impunidad es aprovechada por los políticos populistas y socialisteros, con lo que dominan fácilmente a los pueblos, cuando la dificultad se encuentra en dirigirlos como debe ser para su salud o liberación. Ahí despega la desviación política que causa las crisis de pueblo que rondan en nuestros países, que a su vez facilitan el democidio (muerte de pueblo), de que habla el Foro Penal venezolano. 

En conclusión, hay un origen común de nuestras enfermedades individuales y colectivas, de nuestros errores y miedos, de nuestras faltas de valor (virtudes, valentía) y de fuerza para sobreponernos a nuestras debilidades: es la depresión, origen a veces como único considerado por los psicoanalistas. Caer en la depresión es lo último que puede acontecernos; hay que huir de ella como tentativa dentro de las alternativas que se nos ofrecen: puede situarse en el terreno de la rendición, y ¡recordad!: rendirse está prohibido. Pero de todos esos recovecos a vigilar en nuestro camino de vida, lo peor de todo como nuestro último desconsuelo, en una desescalada sin contramano (sin defensa y por lo tanto de rendición), lo constituye la depresión colectiva, que afectará definitivamente a la depresión individual. 
En suma, descubrimos que hay que plantear un nuevo comenzar del pensamiento de país en Venezuela, para que nuestros sueños alcancen unas condiciones de reposo digno para su trabajo, más allá del resentimiento socio-político y de la disonancia intelectual. 

 Bibliografía 
-----Acevedo, Mibelis (2021). “Vieja nueva historia”. MiamiMundo. Opinión, 23 de enero. 
-----Buber, Martin (1993) [1952]. Eclipse de Dios. México: Fondo de Cultura Económica, Breviario, 520. 
-----Camacho, Ignacio (2020). “Desescalada a contramano” ABC, ‘Una Raya en el Agua’, Madrid, 14 de diciembre. 
-----Forum Salud (2020). “Depresión. Un problema de salud pública en América Latina”. Agencia EFE – Jassen, Madrid, 15 de diciembre 
 -----Hurtado, Samuel (2019). El Pensamiento Viandante: de la Idea de investigar al Proyecto de investigación. Saarbrücken (Alemania): Editorial Académica Española. 
 -----Hurtado, Samuel (2020). La fiesta interminable. Crítica inmanente y transcendental al concepto de matrisocialidad, Caracas: Minishop d3li.me/samuelhurtadosalazar 
-----Lombardi Boscán, Ángel Rafael (2020). “La nueva política de los EEUU para Venezuela en la era Biden”. Tal Cual: Home, Opinión, 17 de diciembre (Talcualdigital.com). 
 -----Moeller, Charles (1960). Literatura del siglo XX y Cristianismo. Madrid: Ed. Gredos. Tomo III: La esperanza humana. 
-----Rodríguez González, Guillermo (2021). “La civilización es la patria de la libertad”. Panam Post. Boletín de noticias de las Américas, 8 de enero.