viernes, 30 de junio de 2023

CONTRATRANSFERENCIA E INSPECCIÓN TOTAL DEL HOMBRE


Dejamos de lado la faceta de las técnicas que ayudan a vivir con conciencia terapéutica las situaciones sociales de los participantes del grupo social. Más que la terapéutica, nos interesa ahora la epistemología en la investigación social, y por lo tanto la del examen de la práctica de investigación bajo el uso de la técnica objetivante por parte del sujeto observador, es decir, del examen de los instrumentos y los procesos de hacer ciencia social. Hemos de dejar atrás la epistemología mecanicista de un Newton (siglo XVII) y avanzar con las del Einstein y Heisenberg (siglo XX) para dejar de lado el estudio humanista del hombre naturalista que ‘observa los pájaros’, y remontar la idea del “hombre invisible que trata desesperadamente de no ser visto viendo a otros hombres”. No se ha tenido el suficiente coraje de pensar que se están introduciendo datos contaminados de muchas maneras en las Máquinas de la Verdad (Cf. La Barre, 11-12).

Lo pantanoso del asunto fue debido a que la psicología se desvió en su desarrollo neopitagórico, primero, y después, en su desarrollo clínico, donde el hombre fue pensado como un naturalista de ‘observador de pájaros’. Fue el psicoanálisis con Freud el que descubre que el hombre para ver a otro hombre tiene que empezar primero por verse a sí mismo mediante un autoanálisis, “si quiere observar a los demás con alguna corrección de las deformaciones que las observaciones padecen dentro de él mismo, en calidad de observador. El hombre que estudia al hombre no es tan fácil como parece. Porque él también ocupa en un universo relativista un espacio psicológico” (La Barre, 12).

La contratransferencia y la autobiografía están al acecho porque el observador va arropado con una cultura y una sociedad cuando va como sujeto individual a inmiscuirse en el trabajo de campo, por un lado, y por otro cuando va a interpretar los datos proporcionados por el análisis. Si su perspicacia no está disciplinada para lo que va a ver y analizar, puede ser que su ciencia turgente de motivos, ideas, imaginaciones, sospechas…, le jueguen una mala pasada. “Un dato fundamental de toda ciencia social (como señala Devereux sagazmente) es lo que sucede dentro del observador; en sentido amplio, sus propias reacciones de ‘contratransferencia’ como ser humano concreto”(La Barre, 13, subraya LB).                          

Entre el sujeto y el objeto se cierne el problema del hombre, como problema de la emergencia del conocimiento científico. Si para tener rango de científico el conocimiento no puede dejar de ser objetivo, como arsenal básico de su existencia, el problema del hombre que se interpone como faceta de la subjetividad es necesario enfrentarlo con el fin de solucionarlo. Devereux (1989b) lo ha examinado largamente en su experimento del pensar partiendo desde el fondo del deseo humano bajo la especie de la ansiedad ante el método, ansiedad ocurrida como reactiva a la presencia del método que suele oprimirnos de cara al emprendimiento de una investigación. Ansiedad que además se origina en la observación de cualquier fenómeno y que es necesario reconocer y administrar como investigador; la ansiedad propicia que surjan los gérmenes de desvíos y de hacer el camino de la observación a medias; empero su ambigüedad puede ser también fuente de aumento de la visión que influya en la mejoría de la observación[1].

Devereux remonta el método pasando más allá de cualquier dicotomía que aherroja la viandancia del pensamiento. “Suele decirse que las obras dedicadas a los seres humanos que son duras o blandas de ánimo. La mía no es de las unas ni de las otras, puesto que aspira a la objetividad en relación con esa terneza que hace imposible toda ciencia realista del comportamiento” (Devereux, 1989b: 23). Por supuesto que la construcción de la objetividad, más allá de la dicotomía de William James, pero atendiendo a la trascendentalidad de Kant (García Bacca, 58-59), para proseguir el intento de dicha construcción, implica no atajos, pero si contornear recovecos de ideologías que nos atajan en el camino del pensamiento, en este caso la ideología humanista. Y Devereux sigue consciente de ello:

 

“Cualquier libro que trata del hombre tiene un interés humano, y esto debe dejarse bien sentado. No creo que el Hombre necesite salvarse a sí mismo: le basta ser él mismo. El mundo necesita más de los hombres que de los ‘humanistas’. La Grecia del siglo v fue sencillamente humana; se hizo ‘humanista’ en reacción a los horrores de la guerra del Peloponeso. Esquilo, el combatiente de Maratón y poeta de las Euménides, no fue un humanista. Sócrates, figura de transición, fue más que un humanista. Platón fue un humanista, puesto que en nombre de la humanidad trató de salvar a ésta de sí misma” (Devereux, 1989b: 23-24).

 

Según esto, desaparece el hombre como sujeto, para ser tratado como un simple objeto, y por lo tanto expuesto a su manipulación. No porque al ser humano se le confronte con dureza de método, se llega a la auténtica ciencia de su comportamiento, porque el sujeto observado como objeto, tiene, puede tener, una reacción abierta o camuflada frente al sujeto observador en su propia operación subjetiva.

Encontramos aquí la técnica de la contratransferencia, y además las formas de cómo suelen variar las reacciones y contrarreaciones entre el sujeto y el objeto, especialmente cuando los sujetos se encuentran en los dos polos (observador y observado) de la interacción, los cuales se presentan a la vez como objetos mutuos en la misma escena social. Dicha variedad contra-reactiva se vuelve tornadiza y líquida en su desarrollo de historia de vida; la realidad aparece y desaparece de un modo consciente, pero sobre todo de un modo inconsciente, tanto que se la hace inmanejable para ser administrada subjetivamente. Es un proceso de interrelaciones que supone una activación homóloga de parte de uno y otro de los sujetos, sin embargo, resulta asimétrica debido a las diferencias que asume cada sujeto donde el observador juega el papel protagónico al colocarse desde sí como investigador científico. 

Es curioso en este desarrollo reactivo de carácter contratransferencial, cómo acontece en algún momento la contra-identidad principalmente del que es más zarandeado en cuanto sujeto ‘objetivamente’ observado. Lo objetivo se crea en la distancia o enajenación intersubjetiva asociada al analizando al verse desde otra persona que es significante en su rol social y emocional en cuanto observador calificado profesionalmente.

Entonces puede ocurrir, y de hecho ocurre, la identificación con el contrario, con el que está enfrente como ajeno, y por lo tanto como posible adversario, es decir, con el contrincante, donde puede generarse la posibilidad de un enemigo; entonces el proceso de comunicación en que se rastrea el proceso de recolección del dato sufre aviesas perturbaciones del sentido de las cosas. Devereux coloca el detalle etnográfico en el comienzo de su definición de la contratransferencia para indicar la gravedad en la distorsión del proceso de interacción:

 

“El analizando, en que se han ido desarrollando reacciones características para con una persona emocionalmente significante, tiende –a veces casi en forma de compulsión a la repetición— a reaccionar frente al analista como si él fuese aquella persona, y a veces lo hace deformando groseramente la realidad” (Devereux, 1989b: 69).

 

Caruso (1979: 125-128) insiste en que el analizado está expuesto a pérdida enajenante de la identidad (su base social), y para preservarla siempre realiza una contraofensiva que conduce al intercambio, condición previa a la ‘compulsión de la repetición’ o proceso de habituación a la realidad a asimilar. La confianza primordial (Erikson) se ha puesto en juego ante la realidad que representa el analista como su perturbador que ha llegado de improviso. Ante este peligro de difícil manejo, le sale al analizando la orientación lógica similar a la ‘identificación con el agresor’, como un mecanismo de defensa tal como lo califica Anna Freud. En términos contra-transferenciales, diremos que toman la forma de contra-ofensiva.

 

 “Para dominar el displacer que representa la agresión del mundo exterior en el equilibrio del individuo, éste tiene que tomar en serio a ese ‘agresor’ y no sólo temerlo o refugiarse en la regresión; mediante la identificación puede lenificar la situación para, de este modo, comprender qué es en realidad la hostilidad del mundo exterior y, si es posible, ponerle remedio” (Caruso, 1979: 126).

 

Estas contratransferencias y sus contraofensivas, ocurren, deben ocurrir, en el interior del observador mismo, allí donde se debe empezar con el despegue del insight funcionando casi como un cortocircuito para el propio observador. Por su parte, la Etnopsquiatría con su deriva social nos catapulta a observar una correspondencia entre el inconsciente y el mito, dos tremendos detectores del sentido en los espacios interiores del observador que deben iluminar desde sus puntos encendidos la ceguera en que nos coloca la realidad y su historia. 

Si en la deriva social del inconsciente se puede llegar a un estado de conciencia que tiene por meta la solución de problemas en la vida del hombre mismo, también la vertiente paralela del mito puede llegar a producir un estado de cultura que conduce a remediar las agresiones en que se presenta la realidad a los seres humanos.  Antes que todo el mundo exterior, pero con todo él, el inconsciente y el mito tienen consecuencias ya trágicas en el interior del científico en la medida que operan en un proceso contra-transferencial; si éste es tomado en serio, como debe serlo en los científicos de las ciencias del comportamiento, forzosamente genera una violencia socio-emocional en el ánimo del científico consigo mismo.  Tal como nos cuenta Devereux, después de justificar la modificación de la transferencia freudiana a la luz de la concepción einsteiniana de la fuente de los datos científicos (Devereux, 1989b, p. 19):

 

“Una cuenta aproximada muestra que en unos cuarenta pasajes hablo de mis puntos ciegos, ansiedades, inhibiciones y cosas semejantes. Así debía ser, porque para el científico de la conducta, el insight debe empezar por sí mismo” (Devereux, 1989b: 16).

 

Por su parte si no se puede alcanzar el principio mítico con la lógica científica, al menos podemos asistir a su espectáculo (es lo que significa teoría) propulsor de sentidos y sus operaciones, vivenciar simbólicamente su necesidad humana, aunque sea merced a una historia divina, y realizar a ésta como un memorial de eficacia respecto de la gracia incondicionada como proyecto también de lo humano. La misma ciencia contiene una “presencia mítica” en sus fundamentos (Kolakowski, 18), ignorada la cual no puede alcanzar como actividad social aquella realización de explicación de lo humano en sus fundamentos de convicción, según los valores; ni al científico le es permitido desarrollar su conversión (metanoia) al mundo (Cf. Bourdieu, 2008: 31). Así Devereux constata el deber identificando el mundo de los valores, que es una prolongación mítica, según Kolakowski. “Yo creo que lo que cura a nuestros pacientes no es lo que sabemos sino lo que somos y que debemos amar a nuestros pacientes” (Devereux, 1989b: 46-47). 

Esta demanda científica se hace transcendente a la ciencia misma en la medida que alcanza, que va alcanzando, su criticidad ética (ética, no puede ser de otra forma) y del mismo modo su demostración de objetividad al vislumbrar el proyecto de sociedad. Si la ciencia constituye uno de los perfiles de tal proyecto, también tiene que montarse sobre sus propios conceptos porque tiene como deber demostrar cada vez más dicho perfil como realidad sociohistórica que es. Esta conexión del mito con el inconsciente, muestra, en la práctica de la Etnopsiquiatría, la proyección necesaria que debe adoptar en psicoanálisis según la realidad cultural de la historia social.

Anidan allí en la consideración de la relación del sujeto con la objetividad, los choques emocionales en la doble dirección, la interior del observador consigo mismo, y la exterior o enajenada con el observado en tanto analizando. Pero siempre el comenzar acontece, debe acontecer, desde el sujeto para poder organizar la visión (óptica) de uno consigo mismo, es decir, con el insight por parte del que pretende realizar una prospección (visión proyectiva y en avance cognitivo), esto es, desde el investigador en las ciencias del comportamiento. Hacia ese tramo subjetivo como inicial, y hasta como momento iniciático del proyecto de investigación, nos detenemos estacionalmente en cuanto descripción del panóptico etnopsiquiátrico[2].

Encontramos aquí el problema de la esquizofrenia en los investigadores de la cultura que portan además como propia, y cuyos resultados de violencia socioemocional se muestran en choques sociales y culturales, sin ser referidos a desórdenes profesionales de disociación cognitiva, ni sin referirnos a los desórdenes de la modernidad. Esta aplicación epistemológica contiene una realidad ontológica del saber que pretende dar una solución a dicha aplicación y superarla en su formalidad misma, es decir, de pasar de una aplicación dicotómica a una tricotómica. Es lo que nos hemos propuesto y que bajo inspiración de Barroso (1987)[3] calificarla de aplicación ecológica social.

Porque se trata de aprender a pertenecernos unos a otros para saber ejercitarnos en el vivir juntos. Así en la observación debemos superar el encontronazo de la relación intergrupal, aún el observador consigo mismo debatiéndose en su propio interior inaceptado, hasta llegar al encuentro del intragrupo para situarse en el interior aceptable del nos-otros desde donde debe comenzar a verse la realidad exterior, la enajenada, la de los demás.

Mientras el observador participe de una esquizofrenia etno-mental que comienza con un odio a sí mismo, el acto de observación está también fracturado, dañado. En la esquizofrenia existe una incomprensión del mundo exterior asociada al negativismo social, según nos refiere Devereux (1973: 257), que en los portadores de la cultura matrisocial venezolana se extiende a todo un colectivo social lleno de complejos culturales y de dobles código que configuran a nivel simbólico una tendencia a generar un ‘ensalada de palabras’ en formulación de Devereux (1973: 254).

En consecuencia tenemos también el propósito de alertar sobre las causas de la distorsión técnica en la observación que afectan al modo de registrar los datos y luego a su interpretación; todo ello relacionado con la personalidad del investigador, como el primer resorte del instrumento metódico de configuración de la observación (Devereux, 1989b: 70-71; cf. López Coira, 1991).

El alcance de la objetividad está sometido a la emoción con que sistemáticamente opera el investigador, de un modo inconsciente, y que como fuente de error de dicho orden programado, resulta un lugar de limitaciones en el conocimiento. De ahí que sobrevenga imperativo el examen personal a nivel del insight intrapsíquico.

 

Referencias

Barroso, Manuel (1987). Autoestima: ecología o catástrofe.

Caracas: Galac.

Bourdieu, Pierre (2008) [1980]. El sentido práctico. Madrid:

Siglo XXI de España editores.

Caruso, Igor A. (1979). Narcisismo y socialización.

Fundamentos psicogenéticos de la conducta social.

México: Siglo XXI, 1979. Colección Mínima, 75.

Devereux, Georg (1973). Ensayos de etnopsiquiatría general.

Barcelona: Seix Barral.

Devereux, Georg (1989b). De la ansiedad al método en las

ciencias del comportamiento. México: Siglo XXI,

5ª edición.

García Bacca, Juan David (2004). “Potencias, posibilidades

e historia”. En García Bacca, Ensayos y estudios (II),

 Caracas: Fundación para la Cultura Urbana, 53-61.

Kolakowski, Leszek (2006) [1972]. La presencia del mito.

Buenos Aires: Amorrortu.

La Barre, Weston (1989). “Prefacio”. En G. Devereux

(1989b), De la ansiedad al método en las ciencias

del comportamiento”. México: Siglo XXI, 11-14.

López Coira, Miguel María (1991). “La influencia de la

ecuación personal en la investigación antropológica

o la mirada interior”. En María Cátedra, Los

españoles vistos por los antropólogos. Madrid:

Júcar Universidad, 187- 222.


[1] “Cuanto mayor ansiedad ocasiona un fenómeno, menos capaz parece el hombre de observarlo debidamente, de pensarlo objetivamente y de crear métodos adecuados para describirlo, entenderlo, controlarlo y pronosticarlo. No es casualidad que los tres hombres que más radicalmente modificaron nuestro concepto de hombre en el universo  --Copérnico, Darwin y Freud—nacieron en este orden… Si Freud hubiera sido contemporáneo de Copérnico y aún de Darwin, no hubiera podido crear el concepto psicoanalítico de hombre aunque hubiera habido los medios para recoger y comparar los datos brutos necesarios y é hubiera tenido acceso a ellos… Por cierto que lo más nuevo del psicoanálisis no es su teoría sino su posición metodológica” (Devereux, 1989b: 27). Metodología que supone una epistemología consistente, dirá en otro lugar (Devereux, 1989b: 351-353). 

[2] Veamos cómo Devereux argumenta el planteamiento de su libro. “El punto de partida de mi obra es una de las proposiciones más fundamentales de Freud, modificada a la luz de la concepción einsteiniana de la fuente de los datos científicos. Decía Freud que la transferencia es el dato más fundamental del psicoanálisis considerado como método de investigación. A la luz de la opinión de Einstein de que sólo podemos observar los acontecimientos ‘en’ el observador –de que sólo sabemos lo que sucede en y al aparato experimental, cuyo componente más importante es el observador— he ido un paso más allá por el camino que dejara Freud. Afirmo que es la contratransferencia y no la transferencia el dato de importancia más decisiva en toda la ciencia del comportamiento, porque la información que se puede sacar de la transferencia por lo general también puede obtenerse por otros medios, y no sucede así con la que proporciona el análisis de la contratransferencia. Es válida esta especificación, aunque transferencia y contratransferencia sean fenómenos conjugados e igualmente básicos; sencillamente porque el análisis de la contratransferencia es científicamente más productivo en datos acerca de la naturaleza del hombre” (Devereux, 1989b: 19).  

[3] “Podemos visualizar la autoestima como un continuo de energía que arranca de lo meramente biológico, desde las entrañas de la vida, pasando por lo sensorial, lo perceptual, hasta las imágenes, los conceptos y los símbolos de la persona. Dicho de otra forma, la autoestima abarca todas las experiencias de la persona al nivel que sea (Barroso, 42).

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Fragmento del artículo de Samuel Hurtado: "Panóptico Etnopsiquiátrico en las ciencias del comportamiento. El acto de observación" (Caracas, 10 de Abril 2023)

viernes, 26 de mayo de 2023

JUSTA DE ANIVERSARIO BLOGUERO


 

Pensamientos Antropológicos celebra su 13 Aniversario.

La Justa de este Aniversario es en Homenaje a la prof. Mónica Crespo de PH.

Directora Académica del Instituto Eblin's (Las Acacias)

Caracas, 21 de mayo de 2023.

 

“La amistad es como el mar se ve 

el horizonte pero no el final”

 

La costa venezolana me acompaña siempre. Es donde hago pie de desembarco de un modo permanente. Después penetro en el país interior como McGregor en 1813, para conseguir su sentido social. Una de las ensenadas de esa costa la representa este blog desde donde cual panóptico, puedo otear hacia donde me dirijo y qué es lo que el país me llama a ver y explicar. Hoy proyecto la mirada en retrovisor, hasta mayo de 2010, para celebrar el sitio desde donde arranca el tiempo y su ritmo mensual con su tarea. El computo está aquí, 13 aniversario de existencia bloguera

 

¿Cómo el recuerdo se hace ritual de viva actualidad?

 

No de otra forma que la de un homenaje acompañado con la buena vecindad de Mónica.

 

¡Qué mejor demostración que la de representar lo realizado en el trayecto de investigación que las gestiones para sus resultados y las tareas que le plenan en el último año!

 

Como todo aniversario motiva su celebración un doble trabajo, el de la tarea bloguera llevada a cabo durante el año, culminado en mayo, y el de los productos en realización para el consumo del público (publicaciones). En esta celebración, se presentan 2 productos elaborados para este homenaje, el 2° fragmento "Remontando el sí mismo para poder ser nos-otros" del Panóptico Etnopsiquiátrico en torno al acto de observación , y El Nido Aborrecido, dedicado en particular a Karina Pacheco, trabajadora social en APUCV. Ambos productos se suceden en una justa bloguera corriendo este mes de mayo de 2023.

 

Las publicaciones se han logrado en la Editorial Académica Española, ubicada en Saarbrücken (Alemania) dentro de la segunda mitad de 2022. Son los libros de “Identidad a Contraluz. Belleza femenina y machismo, política, magia, complejos y embrollos culturales en Venezuela”, y “País Ulterior. Más allá de las fronteras del conocimiento las cumbres del pensar trasmigrado”.

 

Las gestiones de publicación se encuentran ahora orientadas a la Universidad Central de Venezuela  con los manuscritos de “La Fiesta Interminable. Crítica inmanente y trascendental del concepto de matrisocialidad”, y “Bajo la Enseña de mi Padre. Tiempo de Fe y Ciencia” (autobiografía).

 

De nuevo la Editorial Académica Española nos está pidiendo nuevos manuscritos para su publicación. Entresacando de nuestras reservas en Mi Biblioteca de Autor pensamos que sean los manuscritos de  “Contradanza a la Embestida Política. Corifeos de pensamiento cultural en Venezuela” y “Duelo de País en Contramarcha. De la ilusión de la ‘Tierra de Gracia’ al retroceso del ‘Golfo Triste’”.

 

Como se ve, no se va la acción sólo en la labor de producir, también hay que contar con ella para las gestiones de publicación de las obras e ir a las XII Jornadas de Investigación de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales con el resumen de la “Función Técnica” ya aprobado.

 

Les diré que la investigación tiene tres metas: explicar, re-configurar y transformar críticamente. Como el país cambia, o mejor, se mueve, según nos dicen las informaciones, ocuparse en el acontecer de actualidad no permite elegir los temas. Su prosecución esforzada nos constituye en participantes activos en el país, cuya meta no es hacer periodismo sino seguir produciendo pensamiento sobre el país. Esto nos lleva a un modo de vivir en que las fuerzas reales son reorganizadas o sustituidas por las fuerzas de lo simbólico conceptual.       

 

Siendo la actividad investigadora la que nos constituye en sujetos libres, es lo constituyente como derecho lo que nos permite ampliar los márgenes del poder de acción para plantear las condiciones de los acuerdos de sociedad a fin de solucionar los problemas de todos.

 

Desde este escenario bloguero, dedicado a la prof. Mónica Crespo de PH., aprovecho la ocasión para, en su diáspora de ex-alumnos, agradecer a Ramón Novo López (Moncho) y a Fátima Idahís Tavares por sus impulsos para que adoptáramos el desarrollo de este blog como ampliación del trabajo académico, el uno por su saber técnico en instalar la infraestructura del blog y la otra por su inspiración poética que alentó el atrevimiento.

 

REMONTANDO EL SÍ MISMO PARA PODER SER NOS-OTROS

-                   La perfección llega hasta poder ser el otro, 

                   e instituir el nos-otros para ver el fondo 

                               de nuestro final

                                        .
 

Resulta que aquí está abierta la posibilidad de dos vías: 1) la epistémica, que es la que venimos de mano usando, tropezando con los problemas y el conocimiento, 2) la ecológica que ocurre en la historia de los desplazamientos de fronteras entre las patrias, la propia y la ajena, la del país nativo y la del país ulterior, siendo la ajenidad[1] y lo ulterior (como último) la sub specie a desarrollarse como culmen de realización (realidad) de lo propio y lo ancestral del sí mismo cultural. En la exposición de ésta segunda posibilidad, se observa más sensiblemente[2] la demostración de la primera, porque se trata del transcurso histórico de la trashumancia centrífuga del sujeto en su mito (etnicidad) efectuándose en la historia social donde se muestra mejor, pese al ritual, la experiencia del sí mismo.

Decimos ecológica en el sentido de Barroso (1987: 32-38)[3] en cuanto que el sujeto en la medida en que avanza remontando fronteras de ulterioridad (como decir, de la ultimidad) penetra más en el sí mismo cultural del sí mismo individual, algo así como el desembarcar que permite, conceptualmente después, embarcarse a profundidad en la realidad y llegar así al principio oculto del sentido que otorga el mito. La proposición de Hugo de San Víctor aduce en su panóptico socio-filosófico mostrar el fundamento de este desarrollo subjetivo en los marcos de la objetividad de la cultura. Porque lo ecológico se impone sobre la simple epistemología con la que comenta Said el texto de San Víctor.

 

“<el hombre que encuentra su patria dulce es todavía un tierno principiante; aquél para el que cualquiera tierra es su tierra natal es ya fuerte; pero quien es perfecto es aquél para quién el mundo entero es como un país extranjero> (Hugo de San Víctor). Esto es, cuanto más capaces seamos de abandonar nuestra patria cultural, más capaces seremos de juzgarla a ella y al mundo entero con el distanciamiento espiritual y generosidad necesaria para verlos como son verdaderamente, y estaremos también más capacitados para juzgarnos a nosotros mismos y a otras culturas con la misma combinación de intimidad y distancia” (Said, 344).

 

La estrategia de Hugo de San Víctor se vuelve concreta cuando el pensamiento vence a la idea de una sociedad secular incapaz de dar visibilidad al dolor físico, aquel que como hecho humano cuenta, al contrario de los demás hechos, la posibilidad de un lugar visible y tangible.

 

“Solo si el cuerpo acepta el dolor está en condiciones de convertirse en un cuerpo cívico sensible al dolor de otra persona, a los dolores presentes en la calle… Pero el cuerpo sólo puede seguir esta trayectoria cívica en la experiencia humana si reconoce que los logros de la sociedad no aportan un remedio a su sufrimiento, que su infelicidad tiene otro origen, que su dolor deriva del mandato divino de que vivamos juntos como exiliados” (Sennett, 401).

 

Bajando los humos al texto y yendo más allá de la expresión ritual del mito, haciéndolo social e histórico (Cf. Devereux, 1989a: 13; Caruso, 1979: 105) se puede reformular que el mandato divino ha sido innovado por el pensamiento ético de lo humano; y que al mismo tiempo se ha incorporado como indicador de un proyecto terrenal a la definición y límite de la sociedad: según la ética, la sociedad es propuesta por sobre lo natural para acceder y ser situada en los esfuerzos de la libertad humana, soportada ésta en la dignidad del ser humano. Así la sociedad se reformula como la alternativa de organizar la vida y la dignidad humana en los términos de que no tenemos otro remedio a nuestra ventura humana que el del proyecto de vivir juntos de un modo transcendental expresado como exilio, es decir, venciendo nuestro ser dado como natural para que adquiramos un nuevo ser inventado como lo social auténtico.

 

Como no estamos trabajando desde la semiótica (que suele entender el paradigma de la comunicación en lo psicológico), sino desde la etnológica, el fenómeno y su tema debían remontarse hacia el objeto y su problema de subjetividad en torno al despegue del conocimiento ad intra de un país y su objetividad. Esta objetividad se hace fábula, es decir, sensible, al partir de la propia natividad del sujeto observador en confrontación con la mitificación de la ajena distancia del país propio. Entonces es cuando el país es pensado como país ulterior[4], y con ello el país propio es sentido como una experiencia de tránsito a que obliga al mismo país y su cultura a comportarse como un sujeto en actividad etnológica originaria consigo mismo (inmanencia) para poder trascenderse con autenticidad (soporte de veracidad).

 

¿Cómo se puede llevar a cabo este planteamiento indicado desde el sujeto individual (observador - observado) al sujeto colectivo (observado – observador)? En el proceso calificado de observado, hay siempre un despegue que va desde una pasividad originaria inconsciente hacia una actividad consciente proyectada desde la intencionalidad del proceso calificado de observador. Esta proposición se aplica por igual simétricamente a uno y otro sujeto, aunque diferencialmente de acuerdo a la realidad ontológica de uno y otro en la observación, así como a las características de su actividad diversa. Nos situamos en el nivel del alius como la auténtica ajenidad mutua de lo propio y lo extraño, de lo cercano y lo distante, de lo íntimo y lo foráneo. De este modo retornamos al planteamiento inicial: ¿Cómo se puede realizar en caliente este proceso intersubjetivo con aires de objetividad, aún entendiendo, o para en frío entender, según una epistemología[5], la combinación teórica paradójica de intimidad y extrañeza en términos ecológicos?

 

Entramos de lleno a especificar el proceso etnológico en términos  descriptivos de la ecología, según la posibilidad que venimos tratando como diseño del planteamiento y orientados de fondo por Devereux y Freud, cuya base para éste es la transferencia y para aquél la contratransferencia en los comportamientos sociales[6]. Porque más allá de la crítica histórica, el análisis e interpretación del dato, pretendemos situarnos en la mayéutica, es decir, del sujeto que aprende a comprender la realidad para transformarla, según una epistemología de la acción, a diferencia de la pedagogía que se refiere a una epistemología del método. Si la meta trata de la educación, la pedagogía, mal que bien, constituye una circunstancia, aunque esencial, para llegar a im-poner (poner dentro de la técnica) la educación; la mayéutica contiene en primer plano de su interés la educación y pro-pone (poner por delante y a favor) en la acción comprometida el ser y el contenido de la educación. La mayéutica pretende la exposición activa del sujeto en su personalidad para impulsar la educación refundiendo los datos en su trayectoria.  

 

REFERENCIAS

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ex-céntrica. Una educación desde la mirada”. En José

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Barroso, Manuel (1987). Autoestima: ecología o catástrofe.

Caracas: Galac.

Caruso, Igor A. (1979). Narcisismo y socialización. Fundamentos

psicogenéticos de la conducta social. México: Siglo XXI,

1979. Colección Mínima, 75.

Cátedra, María (1991). “Introducción: Los antropólogos y la

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 vistos por los antropólogos. Madrid: Ed. Júcar, 09-23.

Devereux, Georg (1989ª). La mujer y el mito. México: Fondo

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Devereux, Georg (1989b). De la ansiedad al método en las

ciencias del comportamiento. México: Siglo XXI.

Fernández McClintock, James (1991). “Al servicio del sistema. El

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En María Cátedra (Ed.), Los españoles vistos por los

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Hurtado, Samuel (2022). País ulterior. Más allá de las fronteras

 del conocimiento las cumbres del pensar trashumante.

Saarbrücken: Editorial Académica Española.

Laplanche, Jean, y Jean-Bertrand Pontalis (1994). Diccionario de

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Madrid: Labor.

Lévi-Strauss, Claude (2000). “Raza e historia”. En Lévi-Strauss,

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personal en la investigación antropológica o la mirada

interior”. En M. Cátedra

(ed.), Los españoles vistos por los antropólogos. Madrid:

Júcar Universidad, 187- 222.

Said, Edward (2002).Orientalismo. Barcelona: Random House

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Sennet, Richard (1977). Carne y piedra. El cuerpo y la ciudad

en la civilización occidental. Madrid: Alianza.

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 de sociología. Barcelona: Gedisa.

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Una aproximación histórico-antropológica al casticismo.

Barcelona: Proyecto A Ediciones

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el juego entre intimidad y extrañeza en el estudio

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los antropólogos. Madrid: Júcar Universidad, 127-141.

Todorov, Tzvetan  (1988). “Cruzamiento entre culturas”. En Tv.

Todorov y otros, Cruce de culturas y mestizaje cultural.

Madrid: Júcar Universidad, 9-31.

               

  [1] Este neologismo del alius, alieno, ajeno, como lo otro, se utiliza con sentido descriptivo en oposición a propio, y se conecta con lo alienígena, extranjero, exiliado. Es el otro entre varias opciones. A diferencia del otro, alter, alterno, que tiene la opción del otro entre dos: uno y otro, dando lugar a la idea de lo alterno o la alternancia: cuando uno cuando otro. En las dicotomías propuestas no se contempla la idea de ninguna alternabilidad: el uno o lo otro, ni la idea de la enajenación o alienación, ni económica ni filosófica, sino de una síntesis epistemológica como combinación de elementos paradójicos en aras de atender a la producción del conocimiento. Y por supuesto cuando hablemos de las tricotomías se mantendrá nuestra idea de síntesis de cualidades epistemológicas, aún en su sensibilidad existencial diferencial.   

[2] “Creemos, con Avishai Margalit, que es posible dar la forma  un discurso inteligente, sin ser estrictamente  conceptual, fundado en lo que este autor llama <<descripciones sensibles>>. Nociones como <<víctima>>, <<humillación>> o <<respeto>> no son conceptos lógicos, sino <<términos sensibles>> que sugieren cuestiones existencialmente relevantes para el sujeto. Tales nociones merecen descripciones sensibles, porque  <<para comprender lógicamente un concepto no es necesario que sintamos nada>>. De ahí la importancia de una educación de la sensibilidad vinculada a un lenguaje no conceptual como el poético (A. Margalit, La sociedad decente, Barcelona, Paidós, 1997)” (Bárcena y Melich, 217, nota 16). “Se trata quizá de recuperar la condición del sujeto pasional, aquél que se abre al mundo y se deja tocar por lo que ocurre y lo que acontece” (Bárcena y Melich, 203).

[3] “Sin la energía la vida no sería. Sin la autoestima la experiencia no tendría lugar. No habría conciencia, no habría posibilidad de que el sujeto se responsabilizase e sí mismo. La fuerza se hace actual, real, cuando el individuo siente la necesidad, la concientiza, es decir, hace contacto consigo mismo y con el medio, en busca de satisfacción. La autoestima organiza el contacto, moviliza todo el organismo hacia la vida, es decir, hacia la satisfacción plena y total, tomando parte activa en todo lo que tiene que ver con plenitud, desarrollo y crecimiento”… Me autoestimo cuando me miro a mí mismo como capaz, cuando me asumo como quien soy sin temor a que me descubran la parte menos querida mía, sin negar errores y limitaciones. Cuando me veo a mí, me aprecio y la misma fuerza y energía me conduce a ver hacia fuera de mí, proyectado todo cuanto siento y soy: me comunico. El otro es necesario entonces para que mi autoestima cierre mi experiencia” (Barroso, 41 y 42).

[4] (Véase Hurtado en su libro País Ulterior. Más allá de las fronteras del conocimiento las cumbres del pensar trashumante. Saarbrücken (Alemania): Editorial Académica Española, 2022.

[5] Ya Lévi-Strauss (2000: 72) nos previene de que Occidente inventó la etnología moderna, es decir, la existencia del otro como pieza fundamental para entender al uno del yo desde el otro y hacer posible lo social, el nosotros. Más allá de la historia cultural, la pieza del reconocimiento del otro hace posible el juego de una epistemología general sobre la que se sustenta no sólo la antropología sino también la sociología (Simmel, 121). La antropología se sustenta de entrada sobre una epistemología general de que trata Todorov (1988) en “El cruzamiento entre culturas”: la especificidad del conocimiento etnológico dice relación a “la posibilidad general de comprender a quien es distinto a mí” (p. 9);  Susana Tax de Freeman (1991) desarrolla las condiciones del conocimiento antropológico al referirse a la objetividad que se desprende de la creación de la distancia para ver y sentir una cultura. Lo apunta ya en su título: “Aproximación a la distancia: el juego entre intimidad y extrañeza en el estudio cultural” (pp. 127-142). Fernández McClintock (1991) nos prepara para observar una cultura como un sistema a transitar por dentro y por fuera (pp. 81-108), y López Coira (1991) pone el cuidado en la ecuación personal para significar la mirada interior que influye en la observación de campo de una cultura (pp.187-222). Como resumen y con propia experiencia de crítica a los antropólogos españoles, Stallaert (1998) coloca los marcos de un hacer epistemología antropológica de carácter general: “Nuestro análisis antropológico de la etnicidad en España está influenciado (o si se quiere sesgado) por nuestra condición de observadora <<externa>>. Se ha podido constatar que, mientras que con respecto a España los antropólogos nativos buscan preferentemente la diferencia, los antropólogos foráneos suelen poner el énfasis en lo común, en la similaridad (Cátedra, 1991: 16).Está claro, pues, que no solamente la etnicidad en sí es situacional, sino que también el propio análisis antropológico pone otros acentos según el antropólogo se sitúe dentro o fuera de la comunidad que es el objeto de estudio. Mientras el antropólogo español suele adoptar una actitud de <<relativismo antropológico>> frente a la noción de la españolidad (Fernández McClintock, 1991: 102), desde la óptica del antropólogo extranjero este mismo concepto aparece como una categoría antropológicamente observable y digna de análisis” (Stallaert, 17). Esta autora distingue entre el ‘modelo del observador’ caracterizado por la generalización con fines comparativos, y el ‘modelo del actor’, del observado; entonces el observador y el actor no comportan epistemológicamente la misma concepción de lo que es étnico o nacional (Stallaert, 17-18).

Nosotros avanzamos el modelo donde coinciden el observador y el actor en el sí mismo, por lo que dice Devereux (1989b: 12 y 16) que toda investigación (antropológica) tiene o esconde un carácter auto-biográfico, y especialmente cuando el observador porta como nativo su propia cultura, jugando al mismo tiempo sintéticamente o en symploké el papel de actor, y de esta forma está actuando en una escena propicia para un autoetnopsicoanálisis particular como el observador auto-observado. Si esto ocurre en el desplazamiento de fronteras del conocimiento así también acontece en el pensar escalando las distancias del exilio ontológico. Estamos, pues, en el umbral de una epistemología ecológica mirando a la universalidad de lo ético-social.

[6] Laplanche y Pontalis (1994); Devereux (1989b: 69-75,  287-306).