viernes, 24 de febrero de 2012

COMUNIDAD Y ORIENTACIÓN PARA PROYECTOS SOCIALES






RANCHITO CAMPESINO

Ranchito, ranchito mío

con olor a hierbabuena

con fragancia de albahaca

con sabor a miel de abeja

con arrullo de silencio

con humo y calor de leña

ranchito de entrada franca

sin cerradura ni puerta.

Yo que he vivido tu encanto

yo que he vivido tus penas

que me he metido en tu adentro

en el amor que tú encierras

que he saboreado tu mundo

el mundo de tu pureza

que me he dormido en tu sombra

y despertado sin queja

que me has dado cariño

en corazón sin reserva.

Ranchito, ranchito mío

en honor a tu belleza

recibe lo que te canta

mi corazón de poeta.

Luis Mariano Rivera

Cantos de Fragancia, Amor y Tierra

Las socialidades comunales plantean algunos problemas sobre lo organizativo, lo institucional comunitario, la dinámica poblacional, las aspiraciones y el cambio social.

1) Lo organizativo, aprendido socialmente, se revela como la identificación de la sociedad local. No sólo se trata de la organización en lo económico, sino que la dimen-sión comunal conduce a que también sea una organización respecto de lo social, con capacidad de convocatoria para el colectivo. Este suele responder en todo lo relativo a la ejecución de actividades infraestructurales: agua, luz, limpieza de calles, carreteras, etc. Pero es irresponsable respecto de necesidades culturales como la educación escolar de los niños. La organización social se encuentra entre la satisfacción e insatisfacción del colectivo local. En este proceso la comunidad alcanza experiencia y logra un aprendizaje social. El Comité, La Junta, La Organización Económica Campesina, representan gérmenes de lo social nuevo.

2) Los procesos institucionales comunitarios (familia, vecindario, amistad, religión) se presentan de entrada como elementos para iniciar y aun consolidar una organización. Caseríos fuertemente organizados como El Algarrobo proceden de que casi el colectivo pertenece a la religión evangélica, además de estar emparentados en un 80%. La organización de El Llanito se compone casi integralmente de miembros de religión sabatista. En Coicual, en El Algarrobito, y en otros caseríos como Santa Tecla, lo familiar y lo vecinal detentan lealtades sociales que suelen movilizar lo social hacia la organización como La Junta, o ser ocasión de mayores resentimientos entre la población hacia lo cual condujo la utilización de un terreno vecinal para hacer deporte en Santa Tecla. Estos procesos indican la diferencia entre sociedad y familia (vecindad, religión); así como el tacto de administrar lo institucional comunitario para el desarrollo de la sociedad.

3) Geográficamente, los caseríos se delimitan internamente como Caño Ajíes Arriba y Caño Ajíes Abajo, Quebrada de Monos Arriba y Quebrada de Monos Abajo, Agua Fría de Arriba, Agua Fría del Medio y Agua Fría de Abajo, etc. Socialmente indica que una población es más antigua o tradicional o arraigada y la otra es advenediza, desarraigada; la primera habita en ranchos, la segunda en Viviendas Rurales. Aquella observa con desconfianza y resentimiento a la segunda, pues es desordenada, poco laboriosa, etc. Los prejuicios mutuamente se acumulan a nivel comunitario.

Unas líneas de precisión objetiva pueden trazarse para su comparación. La población tradicional, que vive en ranchos suele tener una economía más diversificada. En Caño Ajíes Abajo, la población además de conuquera participa en actividades de pesca; en Santa Tecla, la población tradicional además de conuco tiene finca de cacao y a veces de cítricos, o se alquilan por tiempo como asalariados; estos últimos antes tenían algún ganado mayor, lo que les podía definir como campesinos independientes. La población desarraigada proviene de otros caseríos, que abandonaron bajo la enseña de una vida mejor en las Viviendas Rurales construidas por el gobierno; su economía es menos diversificada, pues su actividad es normalmente conuquera, especializándose últimamente en la monoproducción.

Los resultados sociales de uno y otro grupo son distintos. La población tradicional y arraigada se compromete con su trabajo, tiene una familia más estable, son buenos vecinos, agradecen la ayuda. En cambio, la población advenediza no se compromete con su trabajo, lo ejecuta mal, á medias, no lo termina; sus familias son ‘desarregladas’ y resultan peores vecinos. Sin embargo, esta última población dinámicamente representa un desafío histórico, pues dentro de lo negativo tiene gérmenes de organización, expresa lo “nuevo”, las iniciativas, una ruptura con el pasado, como en Caño Ajíes, El Llanito, El Algarrobo, Coicual, pero también un posible retroceso socio-cultural, una desorientación como en Guatamare y Santa Tecla, que puede llevar a esta población a ser ingobernable.

4) Colectivamente tienen un bajo nivel de aspiraciones sociales. Suelen procesar poca información de la sociedad nacional, y aun más, para la sociedad campesina de Paria todo lo que ocurra más allá de Cumaná pareciera no interesarles, como si fuera una realidad ajena. Los que regresan mediante un proceso de retorno migratorio desde las grandes ciudades vuelven a lo mismo: no incorporan novedades. Al nivel de lo proclamado, la población joven habla de irse a trabajar a Margarita; también aspiran a tener resueltas las necesidades básicas de agua, luz, escuela y transporte. La población influenciada por el “Centro de Formación Los Pinos” habla de salud, vivienda, de no convertirse en jornaleros, desean mantenerse en la comarca, de mejorar las relaciones en el núcleo familiar, de conservar el medio ambiente.

Sin embargo, nadie hace nada para llevar a cabo lo proclamado. Hay vecinos en Santa Tecla que con el agua a la puerta del rancho no han hecho ni la acometida para tenerla dentro de la vivienda y se siguen bañando en la calle con camisón (las mujeres). En Ajíes tienen 8 meses con las tuberías puestas, sin agua y nadie protesta. En Guatamare, un lugar cercano a las minas de sulfato, reclaman tierra, después de abandonarla y dejarla “perder” (se torna monte o selva). Los caminos están en mal estado, sin asfaltar, sin puentes para poder pasar cuando llueve y crecen los ríos; y aun cuando esa infraestructura es básica para el transporte, parece no dolerle a la población, que no presiona al gobierno. Según un informante: “Aquí en Paria, de un modo especial, lo que hacen es esperar”, “la sociedad está inmóvil”, se percibe la pasividad, lo abúlico, la falta de interés por mejorar. El curso de alfabetización de ACUDE no obtuvo adepto alguno en Santa Tecla, “habiendo analfabetos en bruto”

5) La dificultad de organizarse y de organizar la realidad para alcanzar las escasas aspiraciones es otro problema. Los campesinos de Paria tienen que seguir organizándose para lograr una formación económica elemental, sobre todo en lo que se refiere al crédito, a la administración y al consumo. Deben aprender cuánto les quedará de maíz después de pagar el crédito. Según los resultados, deberían saber que después de pagar el crédito tiene que quedarles un remanente de maíz mayor del que antes producían sin crédito. De lo contrario, el aprendizaje de lo socioeconómico no logra obtener piso, de abrirse camino.

De igual modo, la organización de la bodega comunal necesita superar las carencias sociales de la administración y de lo laborioso mercantil. Más que el contenido económico de la organización falla el manejo o gerencia social de la misma. La gerencia de las relaciones sociales tiene un límite, que suele transgredirse cuando dichas relaciones versan o se aplican al proceso económico. Es más, parece que la sociedad se coloca o se confabula en contra del desarrollo económico. La desconfianza de los asociados y la bancarrota del negocio se vinculan estrechamente. Las relaciones culturales de la viveza, de la picardía, en el trato de lo económico, se oponen a las de la lealtad hacia lo institucional comunitario. Es necesario un aprendizaje de lo social relacionado con la organización económica, quizás incorporando las motivaciones de las lealtades comunitarias.

Otro aspecto que corrobora la importancia del aprendizaje social consiste en que el proceso de la organización social tiene siempre un desarrollo al revés, va siempre ‘in decrescendo’, sea porque es inspirado desde fuera, o porque no es asimilado, o quizás porque se piensa inicialmente fácil y separado o distinto de su contenido o quehacer social. Así la organización se inicia con un tope de asociados en la práctica y poco a poco éstos se van desligando. En El Algarrobito, por ejemplo, la organización se inicia con 11 asociados en una población de aproximadamente 30 vecinos. En vez de ir creciendo en socios, desciende el número de éstos hasta quedar reducida al mínimo de 3.

El problema del gasto reducido en alimentación procede de una pauta cultural estrecha. Esto es, también obedece a otra carencia social. La bodega comunal debiera ser, en primer lugar, una ocasión de aprendizaje administrativo, y, en segundo lugar, una práctica de valoración del gasto en el consumo alimentario con ocasión del abaratamiento de los productos. Debiera conseguirse que el gasto en alcohol cediera un poco con relación al gasto en comida, si es que no se llega al equilibrio. Hay que aprender a aumentar el dinero destinado a la compra de alimentos, al mismo tiempo que la idea de que no por eso debe gastarse totalmente. Así puede surgir el ahorro monetario mismo y evitar el gastar por gastar, porque hay que comprar hasta que el dinero alcance. Por lo tanto, se juega a colocarle una medida social y cultural al gasto en comida, eliminando, por una parte, la reducida cantidad de dinero prefijada, y por otra, la compra de productos innecesarios. Un aprendizaje de este doble proceso tiene que ver con lo social del problema, donde están involucradas las relaciones desiguales al interior del grupo familiar, así como el proceso cultural del campesino de Paria.

El aprendizaje social se revela como el gran problema de la organización económica. Lo social de ésta es más un instrumento para entrabar el proceso económico que para desarrollarlo en beneficio común. En cambio, lo social referido a hechos de instituciones comunitarias como los entierros de difuntos, las fiestas y ayudas recíprocas, tienen alta motivación para la organización que se cierra en torno a las lealtades mutuas: familiares, vecinales, religiosas, ya que salvar la distancia de lo social y lo económico es crucial, con el fin de que la organización económica se abra a un proyecto social de la propia comarca pariana.


Esta es una conclusión titulada La Necesidad del Aprendizaje Social, del capítulo IV: Las Sociedades Comunales, del libro: Ecología, Agricultura y Comunidad, Ediciones de la Biblioteca, Universidad Central de Venezuela, Caracas, 2008. (Véase en este blog, día 5 de octubre de 2010). El subtítulo era survey en la Península de Paria (Venezuela) para la Orientación de Proyectos Sociales. Es por lo tanto una investigación de Antropología Aplicada.

jueves, 23 de febrero de 2012

BOCETO MENOR DE LA SOCIOLOGÍA DE A. TOURAINE


"La sociedad y la cultura son dos caras
de una misma hoja de papel carbón"

(Kroeber)

El tema 1. El Objeto de la Sociología. En Introducción a la Sociología.

Ariel, Barcelona 1978

La sociedad se produce a sí misma y por sí misma. Lo hace creando prácticas y por las prácticas, que tienen la capacidad de producirse, de acuerdo a su historicidad.

¿Cómo lleva a cabo dicha creación práctica? Mediante un concepto que trata de explicar las prácticas sociales originadas con ocasión de las problemáticas sociales.

El concepto explicativo constituye una construcción sociológica, como es el modelo generativo de la práctica, que justifica la disciplina de la sociología y su trabajo conceptual subsecuente. Dicho concepto es obra de un sujeto, el sociólogo.

Por su parte, las “prácticas sociales” identifican los fenómenos, indiferentes a los sujetos y su ciencia, pero como ocasión de las problemáticas de la realidad, son los objetos empíricos que demandan del sujeto el encargo de su explicación y por lo tanto constituyen el motivo de su trabajo científico conceptual. Si son ocasión y motivo fenomenológicos, no resultan ni pueden ser origen de problemas sociológicos, únicamente originados por la actividad y el esfuerzo conceptual del sujeto científico.

El sociólogo no conoce la realidad social, sino unas prácticas sociales, es decir, fenómenos sociales en la medida que sonsaca de ellos problemas que trae a la luz y los explica (soluciona) mediante su asociación con un concepto sociológico, es decir, el de la práctica sociológica, construido y constituido como objeto conceptual paradigmático de la disciplina sociológica.

Las prácticas sociales son negadas por el concepto sociológico de la práctica, con el fin de no distraerse en lo fenomenológico, sino más bien de despegar con base en la actividad científica, cuya meta es desarrollar conocimiento en la distancia de aquéllas.

En la construcción de la práctica (praxis) se constituyen y se desarrollan también las relaciones sociales, en la medida de la intervención sociológica. Se trata de la invención del concepto de las relaciones sociales, cuya función consiste en prolongar el objeto conceptual de la praxis en cuanto que representan conexiones de producción del conocimiento con respecto al problema traído a luz. Problema que termina siendo un haz o condensación de relaciones sociales específicas. Metodológicamente, el objeto conceptual de las relaciones sociales, permite diseñar las pluri-dimensiones del constructo sociológico de la praxis.

La intervención (sociológica) la realiza un sujeto, el sociólogo, que no puede ser un actor, sino un analista que no tiene la función de actuar. Pero sí la capacidad de aplicarse a descubrir su objeto cuando interviene directamente para lograr que aparezca. Si el sociólogo jugara o se dejara llevar por la función de actuar, anularía su análisis, pues destruiría su objeto sociológico. El análisis comporta un mantenerse a distancia de los fenómenos, y sólo obrar con función de explicación conceptual desde fuera para no perder el sentido total de la acción. Esta doble función, del actor y del analista, no coincide con el de la alternancia de posiciones de análisis con respecto a la observación del objeto, ya se lleve a cabo en quietud, estática, o en movimiento, dinámica, posiciones de observación que proporciona la matemática cuántica, de Heisenberg, y que incorpora el etnopsicoanálisis de Devereux.

El planteamiento de Touraine se orienta en el análisis del fenómeno en situación y en actividad, no pudiéndose separar una posición de la otra. Porque una y otra posición dan origen a los dos principios de la praxis, en la medida que éste concepto se dispone a “inventariar” sus dimensiones de las relaciones sociales. De la fenomenología de las situaciones emerge el concepto sociológico de sistema, y de la fenomenología de las conductas, el concepto sociológico de la acción. Emerge el concepto de sistema en la medida que las situaciones son concebidas como conjuntos de acción, y el concepto de acción, en la medida que las conductas son pensadas como conjunto de situaciones.

La dialéctica planteada entre sistema y acción, entre una sincronía y una diacronía, no tiene sentido sino en la medida de la solución de su mismo contrasentido, es decir, haciendo posible que el análisis no sea destruido en su mero comienzo por establecerse desde un solo lado o parcialmente. Como el análisis debe ser completo desde el inicio, la solución es la constitución de un constructo operativo analítico que permita desencadenar la operación de la praxis. Este constructo no es otro sino el que establece la solución que propone el pensamiento, es decir, el que permite la confluencia de sistema y de acción, formulado como sistema de acción. Surge así la posibilidad conceptual de que funcione el sistema total de las relaciones. El objeto de la sociología no es una cosa (sustancia), sino una operación conceptual que hace que aparezcan las relaciones sociales detrás de las situaciones y de las conductas. Los hechos no tienen peso, sino no las relaciones que son lo que conoce el sociólogo.

En breve, la solución del problema proviene del supuesto axiomático de que en la unión de los contrarios se explican éstos. Como resultado, el sistema de acción le pertenece a la praxis como su primer diseño de operación analítica conceptual.

Al no poder separar situación y conducta, porque sino se estrangularía la lógica de la relación social e inutilizaría el análisis, es preciso pensar que cada gran categoría de relaciones sociales define un dominio de análisis sociológico, de suerte que la relación social no puede ser aislada de un conjunto o sistema de la que forma parte. La relación de padre/hijo pasa por el conjunto del sistema de familia, la de maestro/alumno por el de escuela, el de patrón/asalariado, por la empresa. Es necesario que inmediatamente se rebase tales constataciones, como referencias de sustancia metafísica, para considerar a las relaciones como conjuntos de referencia entre papeles o funciones, o como conjuntos de relaciones de influencia, o como conjuntos de relaciones de historicidad.

Los conjuntos de acción se realizan de acuerdo a tres circunstancias o dispositivos de análisis de realidad:

1) Los sistemas de funcionamiento o de organización social. Se trata de la función de la autoridad que permite la necesidad de la existencia de un orden de acción, como condición de la existencia de un colectivo social. El cumplimiento de las normas establecidas establece la orientación y objetivos de la organización formal, donde a falta de su eficacia, surgen relaciones de informalidad para hacer posible el cumplimiento. Surgen aquí los sistemas reivindicativos contra las normas jerárquicas y autoridades ineficientes e incapaces.

2) Los sistemas de influencia o políticos. Las relaciones de influencia pueden abarcar desde la competencia entre actores hasta la hegemonía en un conjunto de jerarquías. Aquí ya no hay normas establecidas, sino el tiempo histórico de la política. En este espacio acontecen las negociaciones y las transacciones en los sistemas de intercambio económico y político. Todo desorden o desequilibrio se decide en términos de competencia y poder, de recursos disponibles de fuerza y capacidades de los actores y sus relaciones de influencia. Se trata de los sistemas de acción históricos.

3) Los sistemas de relaciones de historicidad. En ellos se juega el sistema de clases sociales y sus luchas por la orientación de proyectos sociales. Es tiempo de las impugnaciones que avalan o rechazan los proyectos, lucha vital para autenticar las orientaciones totales de un colectivo social. El choque de relaciones sociales opuestas diseña una creación crítica en el sistema de acción. En esta condición de realización –sistema de clases- maduran plenamente las relaciones sociales, y como tal justifica plenamente la existencia de la sociología. Tal como ocurre la maduración del sistema de la economía con el capitalismo, y surge la economía política, una de cuyas críticas le conciernen al materialismo histórico de Marx, y como la maduración del sistema de las culturas (del descubrimiento de América y la mundialización a la ilustración o cultura civilizada plena) justifica la existencia la antropología.

Brevemente, en este sistema se revela la capacidad que tiene la sociedad como conjunto de relaciones para producirse a sí misma y por sí misma, y justificar plenamente el proceso sociológico que debe asegurar el tránsito de lo social a lo sociológico, y asentar que la tarea del sociólogo es “hacer” sociología. La historicidad tiene que ver con la criticidad social, mientras que la historia se refiere a la acción histórica y su tiempo historiográfico.

Diagrama nuestro de ordenamiento metodológico del siguiente modo:

Constructo generativo: Praxis.

Dimensión constitutiva: Relaciones Sociales.

Principios: 1) sistema 2) acción.

Constructo operativo analítico: Sistemas de acción.

Dispositivos de realización: a) funcionamiento b) influencia c) clases.

Resultados: a') organización b') decisiones c') proyecto social


Conclusión breve. Si hemos dicho como propuesta inicial en el tema II que

-La cultura es un modo de producción semántica, otorgado graciosamente al colectivo.

Ahora en el tema III, Touraine propone que

-La sociedad es un conjunto de relaciones sociales, que se producen en sí mismas y por sí mismas, como creación crítica de la praxis como trabajo de un proyecto social.


Papel de Trabajo, Dictado en el Seminario de Investigación en la Línea de Investigación: Antropología, Cultura y Sociedad, del Doctorado en Ciencias Sociales, Facultad de Ciencias Económicas y Sociales, Universidad Central de Venezuela. Parte I, Tema 3. Véase el Dossier en este blog, día 3 de Junio de 2011.

viernes, 27 de enero de 2012

MEMORIA EN TRANCE


Mi paisano, el antropólogo castellano-leonés. Luis Díaz Viana, poeta también del pagano refugio (para-cristiano), siento que coloca la clave de la adoración y anonadamiento, hasta la renuncia misma, a mi poema sobre la memoria en trance.


La única plegaria verdadera
es la de alguien
que no espera
respuesta.

Luis Díaz Viana, Pagano Refugio, ediciones República, Valladolid, 1996, 1 Plegaria.
_____________________


La hija no se encuentra bien en el parentesco
eterniza la feminidad
descalabra la vieja Eva
asciende por caminos oscuros
de la identidad
errabundas travesías, altos y bajos

se añudan momorias y gráficos,
sentidos, saudades, se reatan
reportes de silencio vienen
de no se sabe donde

nadie reconoce que es tu hija
ni tu hija estima que es tu hija

liturgia de ángeles y épocas
sueños reserva
del alma
desvelados
pensamientos
dicha en sazón
anidando a libertades de cielo.


Pascua de Resurreción, Caracas, 2010
Publicado en Imágenes de Villorido

UBICACION DE LOS DATOS PARA NO DESTRUIRLOS



En febrero lo vivo estaba inmóvil.
Los pájaros preferían no volar y el alma

roía en el paisaje como un barco

roza en el muelle en el cual está amarrado.

Los árboles nos daban la espalda.
La altura de la nieve se medía con juncos.

Envejecían las huellas de pasos sobre el hielo.

Se derretía el lenguaje bajo un toldo.

Un día algo llegó hasta la ventana.
Se detuvo el trabajo, yo levanté la vista.

Los colores ardían. Todo se dio la vuelta.

El mundo y yo dimos un salto el uno hacia el otro.


Tomás Tranströmer: “Cara a Cara”.

En Poemas selectos y Visión de la memoria,

bid & co.editor, Caracas, 2009, 41.


A. Pro-acción Performativa.

Se puede hacer una transición desde Bourdieu (2008), tal como lo hemos hecho en el dictado de la clase anterior, con el objetivo de seguir trabajando la objetividad. El marco permanece dentro de la proposición de la relación del investigador investigado, según el tema IV[1]. Conforme a Bourdieu, el problema se formula como la transformación del investigador que tiene que adquirir la capacidad de intervención en la realidad, la del actor social investigado.

Se trata de averiguar las disposiciones que definen la realidad misma del investigador desde todos los ángulos, bajo el propósito de objetivar la exterioridad objetivante (Bourdieu), es decir, de su exterioridad de observador y desde las técnicas de observación de las que dispone y que debe instrumentalizar teóricamente. Pero más allá aún de dichas exterioridades objetivantes se refiere a la acción de objetivar en cuanto al acto de creación a propulsar por parte del investigador en cuanto institución personal total. El foco de tal escenario se encuentra en la capacidad performativa de carácter pro-activo del observador.

La noción de pro-acción se vincula con un proceso fáctico que tiene consecuencias o resultados, tal como se designa en “hago un proyecto”, “estoy llevando a cabo una obra”, “realizo un emprendimiento”.

Pero cuando pienso en el fenómeno se refiere a que confirmo el fenómeno o lo explicito como tal. Este planteamiento tiene como resultado conceptual dos vertientes de consideración, la de la producción del sentido y la del ejercicio o ejercitación del sentido.

1. La producción del sentido indica que hago un proyecto nuevo. Es el ámbito del genio, del intelectual, del artista o poeta. También se encuentra aquí la posible pro-acción del autor que inventa o crea teoría.

En la producción del sentido se denota que estoy cambiando las cosas. En términos de la psicología, me pregunto cómo (le) funciona la psicodinámica a este señor, pues debe observarse cómo se da el proceso de creación o transformación de las cosas a partir de la forma productiva por parte de la psiquis del genio o inventor.

Para reconfirmar esta proposición vienen a colación distintos autores. José Antonio Marina nos trae su formidable texto de la Teoría de la Inteligencia Creadora (1995) o su reverso La Inteligencia Fracasada (estúpida, como sería su mejor formulación según el mismo autor, 2006). René Girard describe dicho objetivo en Antropología, Mimesis y Literatura (1997). Finalmente, Juan Antonio Vallejo-Nájera, Psicopatología de la Creatividad, citado por su hijo del mismo nombre en una sucinta exposición de relatos de creadores-locos en la historia humana, titulado Locos Egregios (1985).

2. En la ejercitación del sentido, se re-produce lo mismo, es decir, se desarrolla el mismo proceso, la misma obra. Pero no se re-produce burdamente (mecánicamente), sino que la gente produce con competencia. La producción etnocultural se ubica en este nivel. Se produce lo mismo pero con valor agregado o se produce lo mismo de un modo original. El calco producido se repite pero de un modo completamente nuevo, casi como una mímesis perfecta, es decir, como una repetición histórica. Se repite lo mismo pero no de un modo exactamente igual. Devereux lleva a cabo el desarrollo del mito mostrando cómo éste se realiza tanto en el ritual, en el que se reproduce o repite exactamente, como en la historia donde se reproduce o repiten las cosas no exactamente igual (Devereux, 1989, 13). Devereux a su vez señala que refrenda su pensamiento en Dodds en su obra de Eurípides: Bacchea.

El proceso de socialización que ejecuta la madre con respecto a su hija tiene este carácter de re-producción: la hija es una creación original por parte de la madre que procura que sea como una repetición igual a sí misma, pero siempre la repetición no será exactamente igual. Añadirá algo que las distinguirá decisivamente. En términos de la etnología, me pregunto cómo se da la apropiación activa, aunque de un modo implícito, de la cultura como un todo, es decir, no de un proyecto mío, sino de reproducción de la cultura. En breve, se trata o bien de explicarla bien (como autor), o bien, utilizarla o ejercitarla bien (como actor social). [2]

B. La Observación Diádica y la Perturbación del Observador.

Adentrándonos ahora en la situación del científico emprendedor como observador de los datos, tenemos que considerar los marcos de lo que una ciencia concreta, en este caso la sub-disciplina de la Etnopsiquiatría (Antropología psicoanalítica) nos ofrece como un campo de trabajo ya transitado, aunque poco estudiado en nuestros ámbitos. El objetivo es mostrar cómo la pro-acción del investigador encuentra un modelo de diseño ejemplar de ubicación de los datos. (El próximo tema, el V, mostrará el ejercicio de pluridisciplinaridad con el propósito de remontar la destrucción de los datos y al mismo tiempo de obtener de ellos todos sus significados teóricos). Al aplicar el proceso psicoanalítico al observador de la ciencia social, se piensa al psicoanálisis en su lado más profundo, como es el epistemológico, dejando de lado el terapéutico. Si en algo el psicoanálisis conserva su verdad metodológica es en su epistemología del sujeto, en este caso la aplicada al observador.

Este resumen se refiere al capítulo XXII de Devereux, en su libro De la Ansiedad al Método en las Ciencias del Comportamiento (1989a). Es como un acróstico que dibuja en sus aristas la psiquis del investigador, que pasa por su perturbación honda para llegar a la objetividad de los datos, después de sortear los abismos seductores cuyas consecuencias muestran la destrucción de los mismos.

El dato más característico de una ciencia es lo que las otras ciencias no estudian. En nuestro caso, ese dato está referido a todos los hechos acaecidos en la psiquis del observador. Según esto, se asume que

-los datos del psicoanálisis no son los únicos datos de la ciencia de la conducta,y una ciencia de la conducta que desecha los demás datos sería absurda.

-También sería absurda una ciencia de la conducta, si ésta no reconociera que la naturaleza de toda observación es diádica, que al mismo tiempo buena parte del comportamiento total del sujeto observador es producto de la inspección (insight), y que desdeñara el impacto que el experimento (observación) causa en el observador.

Este impacto hay que pensar que pertenece a la exterioridad de toda observación (aspecto objetivante, diría Bourdieu), pero que es esencial para establecer la objetividad científica misma: por ejemplo, cuando Laplantine en su Introducción a la Etnopisiquitría (ed. Gedisa) insiste en que el concepto de la (etno)cultura se define por el imaginario perceptivo, donde lo perceptivo especifica la realidad del imaginario y su exterioridad de inteligencia posible.

Sería vano reconocer que todas las ciencias de la conducta fueran ramas del psicoanálisis. Sin embargo, sería plausible que tomaran en cuenta su epistemología, tal como básicamente, exponemos a continuación:

-que el deslinde entre observador y observado es el lugar donde se produce una perturbación.

-así como la perturbación identifica el lugar del deslinde.

-Finalmente, los enunciados (conductas, mensajes, propuestas,

formulaciones) se distinguen de los enunciados acerca de los enunciados.

Este programa epistemológico atraviesa toda la obra del Devereux, que desarrolla en su trabajo etnopsicoanalítico cuando describe la cultura. Implica, por lo tanto, todo un hondo estudio de lo que supone la relación del observador-observado en todos sus escenarios panópticos (Véase el Índice del Devereux, 1989a). El problema es que si no se toma en cuenta este proceso para ejercitarlo o para analizar la explicación científica, la investigación científica de la conducta y de su acción seguirá siendo autoanulante, es decir, lo que propone Bohr como “destrucción de los datos”.

Bohr también es el autor del método pluridisciplinario de la complementariedad que explicaremos para el etnopsicoanálisis en el tema V. Lo importante ahora es mostrar que el punto del deslinde como perturbación está ubicado “muy adentro” del observador o experimentador. El punto/instante en que el observador exclama “y esto percibo” bien podría ser también el punto referible al principio de complementariedad. Es cuando el yo, zarandeado por los fenómenos, al fin exclama “y esto percibo”.

Hay que señalar aquí que la epistemología del psicoanálisis es la menos conocida, haciendo caso omiso a Freud de que el psicoanálisis era ante todo una teoría y un método de investigación psicológica y secundariamente un procedimiento terapéutico. Pero hay una tendencia a tratar sus conceptos como realidades, aunque el mismo Freud los llama “nuestra mitología”.

La posición del psicoanálisis como ciencia se asemejaría a la de los milesios, cuyas aportaciones fueron no sus conceptos sino su forma de emplearlos, o sea, su epistemología y metodología. Lo que hacía Anaximandro consistía en que sus metáforas conceptuales de calor y frío, seco y húmedo, no eran tanto lo relevante como esencias de realidad, sino que consideraba a la naturaleza como analizable, que previera el concepto de variables analíticas y se sirviera operacionalmente de conceptos definibles, aunque los que empleara fueran insatisfactorios. Esta posición de Devereux recuerda a Weber cuando elogia a F. Engels por su ingeniosidad, con la cual se avanzó en la teoría de la ciencia social, con ocasión de rebatirla metodológicamente (Weber, 1974, 44)[3].

Dedicados aquí exclusivamente a los datos, importa poco que los conceptos del psicoanálisis sean acertados o errados. Importa la epistemología psicoanalítica que lleva a descubrir los fenómenos más considerables de la conducta: las manifestaciones del inconsciente, y por ello el psicoanálisis podría convertirse en la base lógica de toda investigación del comportamiento.

C. El Fenómeno no es el Dato.

Nuestra crítica a Miguel Martínez (1991), casi como vocero del postmodernismo fácil, al que se añade Alejandro Moreno (1993), es la ocasión para diseñar con claridad la diferencia de fenómeno y dato. Ya Devereux en su epistemología nos advierte que no es lo mismo fenómeno y dato. La teoría de la observación muestra la distancia entre uno y otro.

Martínez recorre el camino directa e inmediatamente del hecho a la interpretación, y se salta la elaboración del dato. El hecho parece que ya lo dice todo, y sólo necesitamos, si es el caso, un comentario, una opinión, un señalamiento, confundiendo este procedimiento con la interpretación. Implica por lo tanto un descuido del análisis, una negligencia de explicitar lo objetivante que es necesario y se supone para el trabajo de objetivar. El análisis es el que nos coloca en lo laborioso, a veces en lo trabajoso, del dato. Lo cual implica disponer de una logística, obtener un financiamiento, lograr la toma en serio de la observación con todos los recaudos y cuidados del caso, generalmente de carácter técnico, al mismo tiempo que no pasar por alto el trabajo de la teoría y su exterioridad inscrita.

En la orientación de Martínez se termina en un interpretacionismo (subjetivismo), que se suele llenar o compensar con un intelectualismo de carácter gnóstico, tal como lo conocemos en la antropología del Clifford Geertz, con su concepto de “descripción densa”, expuesto en La Interpretación de las Culturas (1995). El carácter gnosticista de Geertz lo detecta Bourdieu en su Posfacio añadido a Reflexiones sobre un trabajo de campo en Marruecos de Paul Rabinow. Geertz se despoja de la teoría o la coloca a ésta al lado y así “reduce al sujeto cognoscente a un puro aparato registrador” (Bourdieu, 1992, 151). Después todo lo encomienda a la fuerza de la inteligencia que logra la densidad interpretativa en la elaboración de la descripción. Todo ello está asociado a un apresuramiento de creer en nuestra capacidad de la comprensión (intuicionismo).

Frente a esta idea hay que recordar que las observaciones no son hechas independientemente de la teoría, y que el informante lo que ofrece es una representación de su mundo, representación de la que no sabrá su origen: informativo, cognitivo, etnográfico o inconsciente…

El supuesto análisis de la cultura tiene origen en la potencia intelectual de Geertz y no en su teoría que debe desarrollar como reto científico. Reinoso también le hace una detenida crítica en su evaluación de los Estudios Culturales, donde observa el apogeo y decadencia de dichos estudios (2000, 232-237). Abundando en la crítica a Geertz, Reinoso registra similares diagnósticos que Bourdieu, sobre todo sobre la perspectiva interpretacionista del estadounidense, que fueron tan favorables a la difusión de los estudios culturales (Reinoso, 2000, 234-239).

Evitando el laboreo esforzado de la exposición teórica, Geertz acude al género literario del ensayo, que como género más difuminado en sus apreciaciones, le ayuda al aspecto divulgativo de sus interpretaciones, así como de la atención al quehacer de la antropología. El ensayo como género literario es aplaudido por García Canclini, que obtiene así el mismo resultado divulgativo, pero del que aporta muy poco para el avance tanto de la antropología como para los estudios culturales, según Reinoso (2000, 232). García Canclini se apresura a hacer los distingos teóricos al interior del género ensayístico: “Pero el ensayo científico se diferencia del literario o filosófico al basarse, como en este caso, en investigaciones empíricas al someter en lo posible las interpretaciones a un manejo controlado de los datos”. Lo justifica con las razones que el mismo Geertz aporta en su obra El Conocimiento local (1994) donde este autor habla de que el ensayo posibilita la exploración en distintas áreas y en distintas direcciones; y resulta estratégico por su plasticidad que permite acogerse a los compromisos que con diferentes aspectos e invitaciones, definen “la vida intelectual contemporánea” (Geertz, 1994, 15-16).

En breve, el subjetivismo interpretacionismo cuando, sin mediar la teoría, anuda, en la escena de investigación, el hecho y el sujeto, camina hacia la anulación del análisis, y, por lo tanto, de la exterioridad objetivante, sin la cual se elimina la posibilidad de objetivar. Es lo que ocurre en la línea abierta por Geertz, que continúa Canclini, y prosigue Martínez.

Para avanzar en la exposición ejecutamos gráficamente nuestro diseño. Epistemológicamente diferenciamos la realidad científica en cuatro esferas:

HECHO DATO HERMENÉUTICA MAYÉUTICA

-el hecho denota la realidad fenoménica, que acaso espera ideas a incorporar a sí misma, es decir, de ser revestida de las irrealidades del pensamiento para trascenderse como tal realidad. Se inicia como materia bruta de la observación, de la captación por el pensamiento, para terminar como materia prima de alguna intencionalidad simbólica o social con miras al porvenir de lo humano. Se refiere a un proceso de autenticarse como realidad en la medida que recibe la intención de ser el objeto de representación de un mundo de significados, terminando ella misma por densificarse de simbolización.

En la experiencia de autenticar la realidad de, por ejemplo, textos “históricos”, se trata ante todo de saber sobre su existencia y autoría real y también apócrifa. Si el interés es recolectar hechos etnográficos, lo esencial consiste en averiguar el estatuto de su etnografía y de sus condiciones de producción simbólica. Por ejemplo, en la práctica clínica se establece el momento del repertorio de los datos, a partir del paciente (informante) que demanda la consulta médica. Así el malestar físico se registra como irrealidad en la libreta del médico, que organiza así el repertorio de los síntomas ofrecido por el paciente. Es el esfuerzo de irrealidad llevado a cabo por el médico (el observador científico) a partir del cual el hecho o fenómeno problematizado se convierte en materia prima para la atención científica (Marina, 1995). Como en la práctica científica predominó al principio la verdad de autenticar la realidad de los textos sagrados antiguos, la categoría metodológica se denominó: crítica histórica.

En breve, esta es la primera práctica metodológica, de cuyo resultado se obtiene una materia prima temática, apta para ser un objeto atendido por la elaboración de la conceptualización teórica.

-el dato es la realidad con alguna idea teórico-simbólica asociada, es decir, con un agregado de irrealidad, diría Marina (1995). El hombre opera la realidad simbólicamente. Significa que sin cesar recrea realidad al configurarla para sus fines. No es de extrañar que hayamos enunciado que “hacer ciencia es hacer mundos”, como expone el filósofo Gustavo Bueno (1995; Véase Hurtado, 2007). Esta segunda práctica metodológica consiste en el análisis del repertorio de hechos como problema que dará lugar a las especificaciones analíticas de las diversas disciplinas en los tiempos modernos, a diferencia de los tiempos antiguos que procedían por síntesis. De ahí la importancia cada vez más de la metodología epistemológica en la ciencia y la filosofía, desde Descartes. Decir cómo se producen los datos es cada vez más el destino de la producción del conocimiento, entiéndase elípticamente: la producción del pensamiento para la ejercitación del conocimiento.

Se pueden acercar al concepto de análisis, los términos de carácter conceptual, también de origen griego, de diagnóstico y de exégesis, utilizados en los exámenes médicos y en los textos bíblicos. El análisis está asociado con tareas de laboratorio, con su autonomía técnica, con las que se precisan las medidas, pesos y cálculos de lo real, según el principio de realidad que preside el quehacer científico. La elaboración analítica representa una de las dimensiones certeras de lo objetivante.

-la hermenéutica indica la realidad que, precisada técnicamente, termina por ser registrada subjetivamente conforme a las proposiciones teóricas del punto de vista del observador. Tal registro significa una interpretación que siempre obedece a “opiniones” (juicios, dictámenes) con decisión teórica de los investigadores. Es lo que les califica de científicos, no meros técnicos. Es crucial la importancia de la transformación, conversión dice Bourdieu, de dichos sujetos a los objetivos de la criticidad que supone toda labor científica. Esta labor la subrayan como la categoría de intervención sociológica[4], insistiendo que toda práctica sociológica es, debe ser, un socioanálisis (Sobre el socioanálisis, véanse Varios autores, 1977).

“Para intentar hacer sentir, o mejor, hacer comprender prácticamente, con una comprensión que implique la práctica, que toda verdadera empresa sociológica es, inseparablemente, un socioanálisis, y tratar de contribuir así a que su producto devenga a su vez el instrumento de un socioanálisis” (Bourdieu, 2008, 39), es decir, que la sociología sea aplicada, según el planteamiento de Bastide (1972, 166); lo que equivale a decir que la sociología sea una acción referida a la construcción de un modelo teórico para ser aplicado en la práctica. En breve, la mediación de la teoría (factor objetivante), evita que la interpretación o hermenéutica sea subjetivista.

-la mayéutica se constituye sobre modelos de acción que pretenden orientar a los actores con relación a su compromiso de comprobación en la realidad social. Son proposiciones sociológicas que buscan realizarse en la realidad social o exterior a la ciencia propiamente. No es el autor, o analista según Touraine (1978), el que debe llevar a cabo la comprobación sino la sociedad en acción. Si el investigador carece de los actores sociales para la comprobación de sus teorías, las proposiciones de éstas quedan en el aire, y terminan siendo ideológicas con respecto a la supuesta realidad a la que pretenden referirse. Pueden ser, por su intencionalidad, muy criticistas, pero no llegan a cristalizarse como críticas, es decir, con capacidad de saber si sirven o no para orientar la transformación de la realidad que es el objetivo crítico de la ciencia.

La conexión crítica está llena de ansiedades asociadas a diversas metodologías pretendidas en las que el autor se iniciaba como actor, y su conocimiento dependía de su inserción práctica en la realidad. Era mucho más que una ciencia testimonial. Así por ejemplo tenemos la “intervención sociológica” de Fals Borda, la “investigación-acción” de la UCI (universidad cooperativa internacional) y sus diversas clasificaciones sobre la “investigación cooperativa” de Henri Desroche (1993), la “investigación-acción-participación” del equipo de Rodríguez Villasante (1995) de la Universidad Complutense completando la insatisfacción con respecto a la UCI. Finalmente, tenemos las compulsiones asociadas a la práctica científica del materialismo histórico de los militantes marxistas. Eran ansiedades que se cruzaban en los debates de la ciencia social en los años 70 y 80 del siglo pasado, y todavía en los años venideros.

El autor debía ser el primer adalid en la proposición transformadora de la realidad, que busca o demanda actores para generar reflexiones objetivas sobre sí mismo, o la sociedad sobre sí misma; operación mediante la cual se aclaran ideas que llevan al nacimiento de nuevas comprensiones. Se trata de una intervención para la transformación efectiva del ser. Como operación la mayéutica es un “arte de comadronas”, al cual se adhería Sócrates identificándose con el oficio de su madre. Arte permanente sobre el ser humano y la sociedad sobre sí misma. La mayéutica no es pues una simple cuestión moral, ni un triste compromiso con la comunidad, se inscribe en lo ontológico del ser, en la construcción de la ciencia y la comprobación crítica de sus teorías; por tanto, en su verdad de aplicación, siempre verdad crítica, diferente de verdad práctica.

En breve, el dato, su elaboración técnica, su interpretación subjetiva y finalmente su puesta en comprobación social, atraviesa toda la investigación, que siempre debe desarrollarse sobre conceptos teóricos, y por lo tanto, siempre en búsqueda de un sujeto, como exterioridad, que la haga interioridad, y, por lo tanto, que la perciba como objetividad en el corazón del sentido práctico.

D. Hitos Epistemológicos Elementales y la Teoría (Subjetiva).

Es necesario colocar los marcos elementales de la metodología epistemológica, que permitan diferenciar bien nuestra posición de la subjetividad objetiva, para ubicar bien la marcha y la consistencia del sujeto observador en proceso de fortalecimiento investigador. Dichos marcos se refieren a las proposiciones del origen de la producción del conocimiento, como son el empirismo, positivismo e inductivismo. Se trata de poner en claridad meridiana brevemente las orientaciones diferenciales que suele asumir la ubicación del sujeto que conoce y que origina el conocimiento desde otras ubicaciones epistemológicas. Tales ubicaciones teóricas proporcionan (verdadero locus teórico) una medida, así como unos determinados rendimientos del conocimiento en sus resultados. Simplificando estos locus epistémicos que equidistan con suficiencia la posición teórica que hemos expuesto con relación a la construcción de los datos con objeto de no destruirlos, se refieren sucintamente a los siguientes:

-el empirismo equipara ciencia con recopilación de los hechos. Contiene la premisa ontológica de que las leyes o universales se hallan al nivel experiencial de la conducta. Por lo tanto no se establece la distinción entre la naturaleza como objeto de las sensaciones y la naturaleza como objeto de la ciencia. En breve, el conocimiento se encuentra en los objetos naturales adonde el sujeto tiene que ir a desprenderlo para conseguirlo.

-para el positivismo, el elemento clave que define la ciencia es estrictamente metodológico: la imposición de ciertas normas de observación y experiencia, en que el dato se presenta afirmativamente como tal desde su esencia (física), sin rodeo alguno, ni negatividades o subyacencias. Por lo tanto, el conocimiento se encuentra en los métodos empleados, ya sean cuantitativos ya sean cualitativos, mediante los cuales el dato se revela totalmente, sin hueco alguno.

-para el inductivismo, todo lo científico debe demostrarse con referencia en los hechos. Supone que las teorías se deducen de los hechos y niegan la construcción conceptual libre en el desarrollo de las teorías. En breve, el conocimiento se desprende de los fenómenos, contentivos de teorías.

En conclusión, el postmodernismo arriba aludido se encuentra encajonado en un empirismo renovado donde se niega la dicotomía entre la naturaleza y la subjetividad. Los hechos o fenómenos son los orientadores del conocimiento, mientras la subjetividad va a merced de los mismos y con ello la teoría. No es el sujeto investigador el que dice la última palabra (las proposiciones sobre proposiciones: percibo que percibo), sino el sujeto observado (la simple proposición fáctica: y esto percibo, lo demás no interesa).

Estamos lejos de mantenernos en el intuicionismo. Para ello hay que confesar de entrada el objetivismo: la realidad exterior existe y es mejor y más cómodo que exista, según la sociología de Devereux (1975, 25), o según la preocupación de Bourdieu por comprender la lógica de las prácticas, (2008, 29-30). En consecuencia, es necesario no confundir subjetividad con subjetivismo. Hay sin embargo que dejar claro que, aunque construido subjetivamente el fenómeno como dato, el fenómeno no termina en el dato, como pretende el subjetivismo, y especialmente el lingüismo: como no sabemos -dice- el mundo sino a través del sistema o modelo lingüístico, el mundo fenoménico no existe y si existe no interesa porque no podemos aprehenderlo. Se olvida de la percepción, y su capacidad de elaborar también conceptos de inteligencia. Luego el fenómeno, aún en su impasibilidad, con un mínimo de estructuración, propone un problema (subjetivamente) al observador, y demuestra que la configuración se encuentra más allá del texto, que el saber no es absoluto, y puede haber múltiples explicaciones, cada una verdadera en sus estatutos.

La subjetividad no conduce al solipsismo, y mucho menos al nihilismo a través del relativismo de los sujetos. Ello es debido a la exterioridad que representa el dato teórico que modula a la observación del sujeto, llena de determinaciones de historicidad, para emplear la categoría de Touraine (1978). Sin embargo, para mantener una subjetividad sana es necesario moldearla de objetividad. Dos puntos coloca Devereux (1989ª, 20) para ello, los puntos 11 y 12: la objetividad debe definirse en función de lo realmente posible y no de lo que “debería ser”, y si se pasan por alto o se desvían los trastornos subjetivos por medio de resistencias contra-transferenciales disfrazadas de metodología, esos “trastornos” se convierten en fuentes de error incontroladas e incontrolables. En breve, el observador debe trabajar permanentemente su subjetividad con el propósito de obtener una buena y ajustada observación, que siempre es teórica. Porque la objetividad continua en alas de la impasibilidad fenoménica, y con ella los problemas.

Con esta introducción podemos entrar a debatir el texto nuestro de “Ansiedad y Objetividad en las Investigaciones del Comportamiento”, ponencia presentada en el XI Congreso de Metodología de las Ciencias del Comportamiento y de la Salud, que tuvo lugar en Málaga en el mes de septiembre de 2009.

Referencias

Bastide, Roger (1972): Antropología Aplicada, Amorrortu, Buenos Aires.

Bourdieu, Pierre (1992): “Posfacio”. Paul Rabinow, Reflexiones sobre un
trabajo de campo en Marruecos, Júcar, Madrid, 151-153.
Bourdieu, Pierre, (2008): El sentido práctico, siglo XXI de España,
Madrid.

Bueno, Gustavo (1995): “La función actual de la ciencia”. Fundación Gustavo Bueno, Oviedo.

Desroche, Henri (1993): “Los autores y los actores. La investigación cooperativa como investigación-acción”. Socioscopio, Centro de Investigaciones (CISOR), Caracas, 5-23.

Devereux, Georges (1975): Etnopsicoanálisis complementarista,Amorrortu, Buenos Aires.

Devereux, Georges (1989): Mujer y mito, Fondo de Cultura Económica México.

Devereux, Georges (1989ª): De la ansiedad al método en las ciencias del comportamiento, Siglo XXI, México.

Escandell, M. Victoria (1993): Introducción a la pragmática, Anthropos, Barcelona.

García Canclini, Néstor (1989): Culturas híbridas, Grijalbo, México.

Geertz, Clifford (1994): Conocimiento local, Gedisa, Barcelona.

Geertz, Clifford (1995): La interpretación de las culturas, Gedisa, Barcelona.

Girard, René (1997): Literatura, mímesis y antropología, Gedisa, Barcelona.

Hurtado, Samuel (2007): “Hacer ciencia es hacer mundos. La situación en Venezuela”. Thasis, revista de cooperación interfacultades, UCV, Caracas.

Laplantine, Françoise (1979): Introducción a la etnopsiquiatría, Gedisa, Barcelona.

Lefebvre, Henri (1972): La vida cotidiana en el mundo moderno, Alianza, Madrid.

Marina, José Antonio (1995): Teoría de la inteligencia creadora, Anagrama, Barcelona.

Marina, José Antonio (2006): La inteligencia fracasada, Anagrama, Barcelona.

Martínez, Miguel (1991): La investigación etnográfica cualitativa en educación, M. Martínez, Caracas.

Moreno, Alejandro (1993): El aro y la trama, Centro de investigaciones populares, Caracas-Valencia.

Rabinow, Paul (1992): Reflexiones sobre un trabajo de campo en Marruecos, Júcar, Madrid.

Reinoso, Carlos (2000): Apogeo y decadencia de los estudios culturales, Gedisa, Barcelona.

Touraine, Alain (1978): Introducción a la sociología, Ariel, Barcelona.

Vallejo-Nájera, Juan Antonio (1985): Locos Egregios, Mediciencia editores, Caracas.

Varios Autores (19771977): Análisis institucional y socioanálisis, Nueva imagen, México.

Villasante, Tomás Rodríguez (1995): Las democracias participativas, Ediciones HOAC, Madrid.

Weber, Max (1974): Historia económica general, Fondo de cultura económica, México.



[1] Véase el programa Cultura y Sociedad en este blog día Jueves, 29 de Julio de 2010.

[2] Se puede acercar a este modelo expuesto, el modelo de formación/información tal como lo formulamos en la formación del pensamiento y la información del pensamiento. La información correspondería a la ejercitación del pensamiento en el recurso de éste como conocimiento. Hoy día nos encontramos bombardeados con la proposición de la “producción del conocimiento” (muy socorrida además en nuestro postgrado), cuando en realidad lo que se lleva a cabo, expresando como complejo social, es la ejercitación del pensamiento. Con la ejercitación lo que se hace es obtener noticias de las realidades que pasan o existen. El uso del Internet proporciona en abundancia dicho conocimiento que no es más que información. El alumno puede alcanzar y comprobar más conocimiento que el mismo profesor. El desempeño de éste puede pensarse rebajado en cuanto a ser o quedarse en un facilitador. Cuando la formación consiste en producción del pensamiento que es la que proporciona la función de orientación, es decir, el de propiciar el crecimiento o maduración del alumno. Es lo que identifica el núcleo de la auctoritas.

La pro-acción lleva inscrita en sí una performace. Concepto traducido muchas veces por desempeño. Lo performativo en la pragmática (subsistema de la lingüística, cf. M. Victoria Escandell Vidal, Introducción a la Pragmática, Anthropos, 1993), significa que decir es hacer: digo lo que estoy haciendo o el asunto que tengo entre-manos, o lo que proyecto hacer. Para nuestro ámbito vital venezolano (tal como se describe con el concepto de matrisocialidad), es necesario distinguir, para entendernos bien, dos tipos de pro-acción, la pro-acción con carácter mágico y la pro-acción con carácter social. La mágica detenta algunas variaciones importantes, con cuyo conjunto se puede ver su diferencia con la social:

-en la pro-acción hay una identificación cuasihipostática del decir con el hacer. El anuncio de algo (promesa) realiza ya la acción, de suerte que no es necesario el seguimiento serio de sus consecuencias o resultados. Éstos no tienen interés.

-la pro-acción esconde una excusa (justificación negativa) de que lo dicho que se va a hacer es para no hacerlo (y se sobrentiende así para buen entendedor). Con ello se pretende socialmente “salir del paso” tal como se enuncia en el argot coloquial, con relación a un compromiso que no se quiere enfrentar o cumplir, porque además no está en la intención del actor.

-la pro-acción puede ser sintomática de una perturbación mental, de carácter esquizoparanoico, Se dice o se pronuncia un hacer como motivación instrumental desconectada (esquizofrenia) de la realidad fáctica enunciada que ya trae de por sí como existente qua tal una problemática que puede agobiarnos (paranoia).

Examinada en clave de pro-acción social: lo que digo lo cumplo, la pro-acción mágica guarda la relación esquizoparanoica con gravedad mental diversa en cada variación. Se torna fuerte cuando se usa (pragmática) como motivo instrumental definitivo o profundo. Los subterfugios de la identificación cuasihipostática y la excusa pueden ser transitorios o superficiales como estrategias de la acción comprometida y su complicación resolutoria; pero pueden ser una costumbre (etnocultura) en un colectivo social como el matrisocial venezolano, que termina siendo un síntoma permanente de una instrumentalidad de desconexión con la acción.

Cuando la producción de un sentido de desconexión representa un obstáculo firme para la producción de una pro-acción social que debe ser innovadora consistentemente de las relaciones sociales, estamos en presencia de una perturbación mental colectiva gravísima. La gravedad que representa la pro-acción mágica, (y debemos enjuiciarla en términos de la pro-acción social, no hay remedio) la diagnostica la Psiconeuroinmunología, según la entrevista, que comentamos en la clase pasada, que le realizó La Vanguardia Digital al Dr. Mario Alonso Puig titulada: “Lo que el corazón quiere, la mente se lo muestra”.

La pro-acción social muestra que la palabra se inscribe en el hacer o el hacer se inscribe en la palabra. Hay un “ritornello relacional” que soporta la realidad total performativa. El compromiso de la palabra qua tal sella el cumplimiento (desempeño) con la palabra empeñada. Lo que quiere decir que el desempeño realiza el empeño o lo empeñado, como lo real social performativo en su verdad pro-activa.

[3] Weber sostiene frente a Engels que la teoría del matriarcado y la doctrina socialista basada en ella no tienen soporte válido. Sin embargo, Weber concluye: “A pesar de que es insostenible en detalle, considerada en su conjunto constituye una valiosa contribución al esclarecimiento del problema; una vez más se evidencia la antigua verdad de que un error ingenioso es mucho más útil para la ciencia que una tesis exacta desprovista de ingenio” (Weber, 1974, 44).

[4] “No se trata solamente de hacer del análisis de la posición social a partir de la cual se producen los discursos del mundo social”…”el análisis sociológico…hace posible una verdadera reapropiación de sí mediante la objetivación de la objetividad que asedia el pretendido lugar de la subjetividad”(Bourdieu, 2008, 39).

“Ninguna unidad social, tanto si se trata de un taller como de una asociación voluntaria, de una colectividad nacional como de lo que podemos denominar un modo de producción o un sistema de acción histórica, puede definirse, pues, como una red de intercambios. Las relaciones sociales siempre se definen a partir de una intervención, es decir, de un poder”. Lo que equivale a decir “a partir de un cierto modo de intervención de una colectividad sobre sí misma” (Touraine, 45).

“La exploración de las situaciones cotidianas supone una capacidad de intervención, una posibilidad de cambio (de reorganización) en lo cotidiano, que no tiene por qué implicar una institucionalización racionalizadora ni planificadora. Tal tipo de praxis puede prepararse por análisis conceptual, ya por experiencias socio-analíticas” (Lefebvre, 227). Pensamos que la preparación por análisis conceptual puede equivaler a lo que Bastide anuncia como aplicación conceptual o sociología aplicada.

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Papel de Trabajo, Dictado en el Seminario de Investigación de la Línea de Investigación: Antropología, Cultura y Sociedad del Doctorado en Ciencias Sociales, Facultad de Ciencias Económicas y Sociales, Universidad Central de Venezuela. PARTE I, Tema 4 (Véase el Dossier en este blog, día 3 de junio de 2011).