domingo, 13 de mayo de 2012

CELEBRANDO LA PALABRA



ME QUEDA LA PALABRA

Si he perdido la vida, el tiempo
Todo lo tiré como un anillo al agua.
Si he perdido la voz en la maleza,
Me queda la palabra.

Si he sufrido la sed, el hambre,
Todo lo que era mío y resultó ser nada.
Si he segado las sombras en silencio,
Me queda la palabra.

Si abrí los ojos para ver el rostro
Puro y terrible de mi patria.
Si abrí los labios hasta desgarrármelos,
Me queda la palabra.

BLAS DE OTERO

Los Unos por los Otros.
Disco de La Poesía Española de ahora y de siempre.
Música y cante: Paco Ibáñez.

LA PALABRA QUE ME REMEDIA

Si en el transcurso de mi labor sociológica inquisitiva, he ido perdiendo mis patrias (tres), mis liturgias y sacraticidades, mis comunidades en el barrio caraqueño, mis familias de sangre y mis familias de parentesco de alma. Además de ir sufriendo el despojo de sueños y proyectos, los de la Grecia del pensamiento y de la Jerusalén de la fe. Versos estilísticos de Dámaso Alonso, teclas de Bach, cuerdas clásicas de Sor-Coste, desactivaron sus energías. También aquello que yo más quería. Todo se fue con los tumbos y miserias de la historia de uno. Entonces, subí-me sobre los hombros míos. Retuve en el aire un hilo de pensamiento. Me conecté con Venezuela desde el ombligo de su realidad. Di alcance con lo que de otra forma se conecta también con la realidad del resto del mundo. Obtuve la palabra indispensable, la que me queda. La fabricada en una metáfora conceptual. Fabricada así con poder panópticamente creador. Que pudiera ser una palabra vital, salvadora. Que me cambiara las suertes trágicas de Blas de Otero. Porque lo esencial de la experiencia humana (aún vital negativa) si se procura bien como experiencia, nunca se pierde como humana, en la historia personal. Era la palabra MATRISOCIALIDAD.


Recitado a capella.

Universidad Central de Venezuela, a los 2 años del blog, a los 20 de doctor, y, también, a los 20 de la palabra matrisocialidad.   

MATRISOCIALIDAD E INVESTIGACIÓN SOCIAL EN VENEZUELA


¿Por dónde debemos empezar para obtener la garantía de autenticidad de nuestra investigación social? Este es un proyecto desafiante para la ciencia social en la comunidad científica, pero viene como anillo al dedo para ser aplicado a nuestra situación en Venezuela. No hay investigación social auténtica sin el instrumento de trabajo conceptual que certifique dicho trabajo y como tal lo demuestre. Tal es el primer principio de una investigación: colocar sobre la mesa el instrumento de trabajo, es decir, el concepto con el que vamos a trabajar y con ello cómo lo elaboramos. Es lo que se identifica con el principio generativo que no es otro que el modelo conceptual que representa la respuesta explicativa a la solución de un problema.

Con relación a ese concepto, que construye el investigador y desarrolla después su prueba comprensiva o explicativa, es en lo que va a consistir el trabajo de investigación. El tema de la investigación sólo va a identificar el fenómeno que constituye nuestra motivación o interés en la realidad. El problema que nos planteamos a partir de la motivación temática, ya muestra la potencia del investigador respecto de la calidad de la investigación que se pretende realizar, pero es sólo la solución conceptual en la que se demuestra la metodología epistémica que va a suponer la garantía de autenticidad ética de la investigación científica.

Por supuesto, el programa que sucintamente acabo de manifestarles, no se logra de la noche a la mañana. Lo que voy mostrarles ahora me costó dos décadas, unos 20 años, y aún para llegar a mostrar una carrera de investigación cuyo objetivo era saber qué es lo que pasa en Venezuela y decir que al fin entiendo, ahora sí, qué es lo que pasa en Venezuela, me llevó aún una década más, total 30 años. Y es que la realidad social no es tan fácil, además que se necesitan muchas obras para llegar a la obra que culmine el ciclo total de lo pretendido.

Después de una honda inflexión conceptual, lo que les vengo a exponer representa el resultado de la investigación: el concepto de MATRISOCIALIDAD. Ocurrió empezando los años 1990. Como esta obra de mi tesis doctoral, titulada MATRISOCIALIDAD no es tan fácil de digerir y a veces entender y comprenderla en su análisis, me presionaron para que escribiera una obra de divulgación etnográfica como es el libro ELOGIOS Y MISERIAS DE LA FAMILIA EN VENEZUELA.

El tema al que apuntaba era nada menos que el de la familia venezolana, motivo que me tenía confuso sobre la posibilidad de conseguir en ese tema la clave de entendimiento de la organización social venezolana, y al mismo tiempo de sentir que el tema era un tema anticuado y acaso manido. Pero no tuve más remedio que plantearme la familia venezolana como tema, y después formularlo como problema con relación al desequilibrio de su estructura organizativa, la cual tenía poco que ver con la estructura que nos señala el Código Civil ¿Pero cómo trabajar dicha estructura, llena de curvas y recovecos, desequilibrada y pareciendo un embrollo? Pues una cosa es vivirla y verla en los de la casa de al lado, y otra cosa es pensarla como problema, es decir, armar su coherencia y explicarla conceptualmente

Por supuesto que el problema de la familia no se me ocurrió a las primeras; ya llevaba 20 años y colocaba este problema al margen de otros como los del barrio marginal, del campesino conuquero, la magia de María Lionza en la Montaña de Sorte en el estado Yaracuy, el proyecto del estado nacional venezolano en nuestro libro sobre los ferrocarriles históricos, y aún nuestros análisis del discurso en la telenovela venezolana. Empero, nuestras búsquedas apuntaba al proyecto de sociedad en Venezuela, al cual veníamos dando vueltas desde la etnicidad misma antropológica. Sin acceder al ser etnocultural no podíamos llegar a preguntarnos sobre el proyecto de sociedad en Venezuela: si está planteado, si existe y si quiere el colectivo venezolano llegar a él y cómo lo procura si es que lo pretende ¿Cómo lograr la “piedra roseta” que me interpretara el jeroglífica de la etnocultura venezolana, es decir, cómo es y qué quiere el venezolano con y sobre su realidad? Este pueblo que a decir del novelista de Altagracia, Salvador Garmendia, es un pueblo medio loco, porque si fuera loco del todo no habría problema. Bueno, todo pueblo tiene algo de loco, como lo tiene de poeta. Bien, había que ubicarse en el punto cero de la etnocultura para observar bien, a ser posible, toda la acción social venezolana.

En esta orientación, la disciplina o taller del estilo de trabajo, con que iba a ir a las profundidades del problema me parecía que iba a ser la etnopsiquiatría, esto es, el de una antropología psicoanalítica en la que la cultura, no siendo una personalidad, es tratada como si fuera una personalidad. Por su parte, el instrumento de trabajo se presentaba en el modelo conceptual de la estructura básica de personalidad, revisitado, es decir, vuelto a considerar según los nuevos aportes de la lingüística, la semántica y el psicoanálisis mismo. El resultado del trabajo iba a ser el concepto de matrisocialidad que va a expresar una explicación, como solución general de la estructura total del colectivo social venezolano. Si decimos que se trata de una estructura básica de personalidad matrisocial siempre indica una referencia a una media que configura los significados de una realidad dentro de un colectivo social.

La referencia a la media, como se introduce con el tema de la personalidad básica no es más que un acercamiento de entrada muy general y abstracta. En concreto sabemos por el modelo cultural, que la media de una conducta colectiva no es más que una referencia abstracta. Los grupos particulares o el individuo, también particular, pueden acercarse mucho o poco al cumplimiento de esa media. Lo que esto va a decirnos es que nadie está obligado a cumplir con la media; en general nadie la cumple; y que es plausible que nadie la cumpla. El asunto consiste en que todos, sin embargo, entienden muy bien de qué se trata cuando se tienen presentes los significados de hechos culturales que muestran la conducta del colectivo. Tal es lo que nos ocurre también con el concepto de matrisocialidad. La etnocultura es un tope de idealidad donde los miembros que portan esa cultura entienden y se entienden, lo mismo que ocurre con una lengua. Que en un colectivo social todos hablen y entiendan la misma lengua no significa que todos la sepan utilizar con la competencia debida, lo fundamental es que todos entienden más o menos el sentido que se ejercita con ella.   

Cuando nos referimos en Venezuela a esa media ideal, que en nuestro caso caracterizamos como una personalidad social matrisocial, aquí no valen las diferencias de clases, de regiones, de interior del país en contraposición con Caracas, de colores de piel, de ecología social (barrio y urbanización), por más que hay autores que insisten que esta personalidad cultural es sólo popular (Moreno, 1993), del barrio marginal (Vethencourt, 1974) o de asunto afro-venezolano asociado a la histórica esclavitud (López Sanz, 1993). Este es un asunto cultural de tipo nacional. Dejamos de lado por ahora a los grupos étnicos nuestros que tienen otra organización social como los guajiros, pemones, panares, guahibos, guaraos del delta, etc.

El punto cero o piedra roseta de nuestra arqueología cultural nosotros la encontramos en la posición psicodinámica de la estructura de la familia. El resultado de la investigación es el hallazgo construido del concepto de matrisocialidad. Esto significa que lo que somos como seres sociales la proporciona una infraestructura cultural de carácter antropológico que portamos y que nos lleva a decir que con esta señal indeleble (como una impresión de carácter) se produce el ser nativo venezolano. En Venezuela, nuestra identidad cultural la caracterizamos como matrisocial, con alcance de representar a nuestro ser constituyente. La matrisocialidad es un concepto elaborado para explicar que, aunque la sociedad no puede ser lógicamente una madre, una familia, sin embargo, el colectivo venezolano se ha dado o construido con sus significaciones de la familia, lo que define sus relaciones sociales como familiadas. El concepto de matrisocialidad opera como una metáfora, que enuncia en su formulación lo que existe como realidad: que la sociedad venezolana actúa en sus relaciones sociales como una familia. Todo en Venezuela se ‘familia’, lo que parece ser nuestro destino. La matrisocialidad se perfila como un talante vital que moldea nuestros asuntos sociales, no sólo los de nuestra familia.

Toda sociedad está montada sobre problemas de infraestructura cultural muy fuertes, que después se proyectan sin remedio sobre la estructura social, es decir, cómo la gente se gana la vida, trabaja, construye su casa y entierra sus muertos. En Venezuela, la infraestructura cultural no sólo es particularmente fuerte, también tiene sentidos cuyos recovecos parecen subterráneos para el ojo no acostumbrado a verlos para a su vez pensarlos. De entrada, se puede decir que la realidad de la familia en Venezuela tiene poco que ver con la familia que diseña el Código Civil. Culturalmente, es decir, la familia que vive el venezolano es un grupo de mujeres con sus hijos. Son mujeres hermanas que configuran una alianza sororal.

¿Dónde están los hombres? Los hombres no son principio, no originan familia, sólo pertenecen a una familia, la de su mamá. Por eso siempre serán hijos. Cuando muere su mamá el hombre será un recogido en la familia de su mujer, si es que la tiene. El gran historiador venezolano Tomás Polanco Alcántara revela en una entrevista que cuando muere su mamá comienza su conciencia del tiempo. Tenía 73 años cuando sufrió dicha inflexión que le cambió la visión de su realidad vital, es decir, cuando la muerte de su madre le genera su soledad familiar, no obstante ser padre de seis hijos y tener veinticinco nietos, y como investigador haber escrito “más de cincuenta libros de los más diversos géneros (derecho, historia, literatura)”[1].

Asentamos aquí que el exceso de maternalidad, la madre la procura a costa del padre. Es decir, la cultura produce tal exceso de realidad significativa de maternalidad, que deja un margen insignificante a la producción de paternalidad. No es que no haya “padre”, es que su figura se encuentra tan disminuida en su significación psíquica y cultural, que podemos decir que en la estructura familiar venezolana no existe la figura del padre. Así se remarca el padre biológico, reducido socialmente a ser ocasión de que la mujer tenga hijos. Si nos descuidamos termina siendo un padrote, que como engendrador (génitor a diferencia de pater) no tendrá responsabilidad en el grupo familiar y le costará mucho tenerla en lo social. Será la mujer la que le exija que trabaje porque tiene que cumplir como proveedor, lo que le justificará su pertenencia al grupo, y no su base de autoridad. Los hijos serán propiedad exclusiva de la madre, que a su vez serán compensatorios de la falta de pareja de amor comprometido y responsable a la que no responde su vida ni la vida del hombre con el que se junta. 

La familia matrisocial no es una familia conyugal. No tiene esposo (ni esposa), sino marido (a veces maridos sucesivos, también su correspondiente mujeres sucesivas). El marido no pasa de ser un amante. De nuevo, son los hijos los que otorgan la honradez a la madre, para que ésta no sea una cualquiera. Cuando lo equilibrado es que ejerza dicho papel el esposo y padre de sus hijos. Entonces, para qué un marido, si el amor consistente y unidad indisoluble del vínculo matrimonial acontece en la relación filial. La madre desempeña aquí un dominio absoluto, en la medida que consiente al hijo y le prohibe que se case. Entra a jugar la compulsión (preocupación) más dura de la matrisocialidad: la madre no puede perder a su hijo, por supuesto, a manos de otra mujer.

El amor de la madre por el hijo (edipo) se expresa como un inmenso consentimiento sobreprotector, núcleo del mito matrisocial. Este detector del sentido de lo real desprende fenómenos como el de la posibilidad de que el hombre no crezca más allá de ser un hijo, pero también el de la posibilidad de que no vea la realidad más allá de sus espejismos y su valor mágico, y piense que la realidad no es importante, que no vale la pena trabajar en ella y por ella para desarrollarla socialmente. Dicho mito se despliega también hacia la producción de las relaciones de dependencia social en el venezolano, pues su infraestructura cultural se estructura en la configuración clave de la familia, esto es, la matrisocialidad se revela como un profundo complejo de dependencia materno-filial. Es una dependencia mutua ubicada en la raíz de desempeño infraestructural que moldea nuestras relaciones sociales, y nos hace individuos socialmente endebles y al mismo tiempo regresivos psíquica y culturalmente. Es un proceso de regresión operado por la vivencia de la maternidad virginal que se genera en la madre por excelencia que es la abuela y en los hijos por excelencia que son los nietos, precisamente donde se produce el cierre de la estructura familiar, como decir la última palabra del asunto. Desde aquí, como desde otros trazos culturales luce complicado que se genere en los actores sociales el desarrollo social en Venezuela, porque además tenemos que ver a qué estructura social se corresponde, que no suele ser muy productiva, encajonados entre el conuco y el rancho, la mina a flor del suelo y el hato cimarronero, nuestros mitos endémicamente económicos de tierras de nadie.

Hay otra vivencia de la madre también fuerte: la de la madre mártir, es decir, la del aborrecimiento del varón, al que no se ha dejado crecer sino en el desvío de ser un  macho que se desea y que al mismo tiempo se rechaza. Fenómeno que tiene un parecido al de la mantis religiosa. Todos estos trazos culturales aparecen en Doña Bárbara y otras novelas de Rómulo Gallegos, en psicoanalistas como Raúl Ramos Calles y José Luis Vethencourt. Trazos que los científicos sociales no nos queda otro remedio que sociologizarlos, es decir, sacarlos a la luz de la acción práctica con plenitud de significación antropológica. Como ya los historiadores y filósofos Mario Briceño Iragorri, Augusto Mijares y José Manuel Briceño Guerrero adelantan problemas sobre nuestra realidad de pueblo, cuya problemática la solucionan con el cuento de la historia, con nostalgia sin saberlo, como Briceño Iragorri y Mijares, pero en espera de que la antropología social, como Briceño Guerreo, devele sus profundidades a partir de su mito infraestructural. He aquí lo que ha sido y sigue siendo nuestra obra venezolana para los venezolanos.

Un estremecimiento escalofriante me ocurre cuando personalmente describo el proceso del paso del adolescente a adulto, del varón venezolano. No me da la pluma literaria para sostener tal estremecimiento. La madre se consigue con la contradicción, como una encrucijada en la que tiene que debatirse como su destino de condenación. Y a su vez se debate el hijo con su farsa trágica de ser un vagabundo, un abandonado, como una de las culturas que condena al varón al abandono inmisericorde. La cultura le manda que tiene que botar (expulsar, sacar) de la casa al hijo como varón, pero al mismo tiempo le manda que tiene que retenerlo como hijo, porque no puede perderlo. Es un mandato muy fuerte, porque el hijo tiene que hacerse varón como macho y la casa dominio esencialmente femenino se lo impide si vivencialmente permanece mucho tiempo dentro de ella. Como es un baldón para la madre tener como resultado a un hijo marico (afeminado), debe culturalmente sacarlo de la casa, es decir, de sus entrañas femenino-maternales. La calle es el ámbito de los varones, donde el varón se encuentra con los otros machotes y donde se consiguen las mujeres de otros. La madre le dice: tienes que juntarte con ellas pero no casarte con ninguna. Otra fuente del desequilibrio en la estructura familiar lo constituye la descompensación que causan las contraprestaciones maritales, por la que la mujer con quién se une está desvalorizada frente al gran valor que tiene su hermana como miembro uterino o matrilineal de la familia. El juego de la compensación se lleva a cabo mediante la acumulación de vaginas, es decir, con la idea y realidad de tener varias mujeres sucesivas que compensen la pérdida de la hermana que expresa su familia. La hermana no sólo tiene el papel de una madre sustituta, es culturalmente una de sus madres como tal.

Este laberinto de las relaciones familiares, que se presenta como desequilibrado en los valores de la significación, lo tildan los autores como el embrollo matrilineal (Richard, 1975), también encontrado en la matrisocialidad venezolana. Cada trazo que hemos dado como largas pinceladas de la estructura familiar venezolana tiene un profundo y largo discurso de comprobación en la ciencia antropológica. Nosotros hemos procurado no perdernos en tal laberinto con el propósito epistémico del horizonte ético en busca de la definición de la relación social y de su papel de destino por lo que respecta al proyecto de sociedad en Venezuela.

El problema que apunta a las políticas públicas del desarrollo social,  pasa por colocar a tal política en el inicio del ser o identidad de cómo somos los venezolanos. Antes de avanzar de un modo simple hacia el deber ser ético, con lo que nos estrellaríamos con un muro, tenemos que preguntarnos por lo que puede ocurrir en el camino de un punto a otro. El deber ser significa alguna transformación o desarrollo social que implique una mejoría de nuestra suerte o de cambio de destino en el ser. En este camino travieso se encuentra nuestro problema: no es que hayamos perdido el ser, lo que somos, pues lo vivimos intensamente, sino que no damos con nuestro ser, con la brújula de nuestra identidad tal como somos, cuando tratamos de pensarnos, y esto nos trae problemas cuando pretendemos entrar en el camino del desarrollo social y, por lo tanto en saber plantearnos un problema de investigación y en crear el modelo conceptual para su solución explicativa. Aquí no vale decir que Venezuela tuvo un momento heroico, es un pueblo solidario, acogedor, placentero, o al revés que no es una nación sino un gentío, un pueblo indisciplinado, un campamento minero, un gran conuco.

El diagnóstico no es que lo vivimos pero no lo sabemos vivir y con ello identificarlo superficialmente, sino que además no sabemos pensarlo y con ello identificarlo con profundidad, como debe ser éticamente. El problema no radica en nuestras madres. Ellas crían a sus hijos como las enseñaron. Tampoco el problema está en la cultura: La cultura matrisocial como toda cultura produce valores de significación, y como tales éstos son siempre positivos. El problema radica en el embrollo matrisocial encuadrado en el laberinto de una estructura familiar desequilibrada: Desde estos núcleos se genera un complejo cultural que no hemos solucionado todavía en Venezuela. Es el de no dar con el ser para pensar sobre él. Según esto, el venezolano piensa hasta la mitad, como dice Urbaneja Achelpol. Más que estar al frente de nuestro ser, éste nos arrastra a nosotros y nos domina a su merced. Así hablamos incongruencias como decir que somos blancos cuando somos morenos, trigueños; decimos que nos casamos y en realidad nos juntamos; que somos tolerantes cuando la realidad es que somos permisivos; que nos comprometemos con algo y en realidad somos cómplices: que somos participantes y en realidad a lo que aspiramos es a privilegiados, cuya lógica del privilegio no es otra que la exclusión de muchos, la del quítate tú para ponerme yo, y la del cada uno salirse con la suya como sea.

¿Cómo identificar lo público y la política? ¿Cómo identificar lo social y su metáfora del desarrollo? ¿Cómo los vive y piensa el ser matrisocial venezolano desde su propio ser matrisocial? Aquí hay un largo y arduo trabajo teórico y de aplicación para saber adonde estamos y adonde nos dirigimos, un arduo trabajo de crítica a la cultura antropológica desde el quehacer de la investigación científico-social. Porque –como dice Séneca el filósofo estoico hispano romano-  “No existe viento favorable para aquél que no sabe adonde va”. Pensar bien, es decir, cómo se debe pensar, es un asunto ético, que tiene que presidir en el proceso del planteamiento del problema en una investigación y a continuación seguir presidiendo y configurando la innovación en la búsqueda de los modelos conceptuales, cuya instrumentalidad teórica define la garantía epistémica con que se inventó y con que se sigue inventando la investigación. Decimos inventar o crear que significa más que producir. Se producen productos, se inventan o crean obras, tal como utiliza este esquema de análisis Henri Lefebvre en su libro El Derecho a la Ciudad (1975). Así pensamos que la investigación debe adquirir el estatus de obra no de un mero producto, ya que debe incorporar una dosis de pensamiento para saber que es lo que quiere decir. Y no sólo conocimiento como si fuera sólo un arsenal de información.

En este talante, puedo conceptualmente decir, y no sólo informar sin significado, que mis investigaciones sobre Venezuela dicen que Venezuela está un tanto perdida en su realidad y ello es el principal obstáculo para saber adonde se dirige, y ello le ocurre desde el día siguiente a la heroica batalla de Carabobo. Nosotros, junto a las investigaciones de nuestros alumnos, desde distintos temas y problemas nos encontramos abriendo este sendero de atinar con nuestro ser bajo la guía del deber ser de la ética, cuya objetivación es el proyecto de sociedad. Buscamos la orientación que nos resuelva el complejo matrisocial en Venezuela, siempre atendiendo a lo que han hecho prominentes autores venezolanos y siguen haciendo también. Este es un desafío que nos enfrenta para saber si nuestros esfuerzos de investigación se colocan en el punto y proceso que le es debido epistémicamente ético.

Referencias Bibliográficas
Briceño G., J. M (1994): El Laberinto de los Tres Minotauros, Monta Ávila, Caracas.
Briceño I., M. (1972): Mensaje sin Destino. Ensayo sobre nuestra crisis de pueblo.
Monte Ávila, Caracas.
Gallegos, R.: Doña Bárbara, Novela.
Hurtado, S. (1998): Matrisocialidad. Exploración en la estructura psicodinámica de la
familia venezolana, ed. FACES-EBUC, Caracas.
Hurtado, S. (1999): La Sociedad tomada por la Familia, ed. EBUC, Caracas.
Hurtado, S. (2000): Élite Venezolana y Proyecto de Modernidad, Rectorado y
Vicerrectorado Administrativo, UCV, Caracas.
Hurtado, S. (2011): Elogios y Miserias de la Familia en Venezuela, La Espada Rota,
Caracas.
Khan, A. M. (2001): “Pasajeros del tiempo. Tomás Polanco Alcántara”. De Cara Al
Tiempo. Magazine COMPLOT. Revista de farándula y moda femenina, 3º aniversario, agosto-septiembre, 240 págs.
López Sanz, R. (1993): Parentesco, Etnia y Clase Social en la Sociedad Venezolana,
Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico, Universidad Central de Venezuela, Caracas.
Mijares, A. (1970): Lo Afirmativo Venezolano. Ministerio de Educación, Caracas.
Moreno, A. (1993): El Aro y la Trama, Centro de Investigaciones Populares  y la
Universidad de Carabobo, Caracas.
Ramos, R. (1984): Los Personajes de Gallegos a través del Psicoanálisis, Monte Ávila,
Caracas.
Vethencourt, J. L. (1974): “La estructura familiar atípica y el fracaso histórico cultural
en Venezuela”. Revista SIC, Caracas, febrero, 67-69.  

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Sin la actual Celebración y sólo como Conferencia dictada en el Grupo de Investigación: Desarrollo de Sistemas e Innovaciones (DESI), Universidad Nacional Experimental de la Fuerza Armada (UNEFA), 21 de marzo de 2012.                                                                      



[1] El hijo de mamá. “Yo creo que empecé a tener realmente conciencia de mi edad el día que mi madre murió. El 31 de diciembre del 2000 yo dejé de ser un hombre que tenía a su madre viva. Porque a pesar de mis 73 años yo era un hombre con su mamá viva y ésa es una relación  que cuando se rompe produce un desgarramiento muy grande. Creo que fue a partir de allí que empecé a tener conciencia del tiempo” (T. Polanco A. entrevistado por Ana María Khan en 2001, cuando ya tenía 74 años).

miércoles, 2 de mayo de 2012

TEORÍA DEL CONSTRUCTO-5: PENSAMIENTO Y ÉTICA EN INVESTIGACIÓN SOCIAL

COMO A UN MÁSTIL ME AMARRO A MI CERTEZA




"Debo salvar mi alma
ese viento tímido"
Susan Sontag

I
de lejos me llegan los cantos,
sé que ya no hay sirenas

hemos invocado a la tentación
que produce el viento en un cántaro vacío.

la indiferencia

II
cuando el viento de la indiferencia
despega las raícees de mi casa de Amor

siempre deja atrás una cálida y tímida brisa

debo salvar mi alma
pero siempre es ella quien me salva a mí.


Fátima Tavares: Estado de Excepción (inédito).http://estacasaquemehabita.blogspot.com


Contenido

  1. INVESTIGACIÓN Y CIENCIA
  2. INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA Y NARRATIVA CONCEPTUAL
  3. TEJIDO DE LA METÁFORA CONCEPTUAL
  4. PRINCIPIO METAFÓRICO DEL MODELO CONCEPTUAL
  5. ÉTICA Y ESTÉTICA DEL CONSTRUCTO IDEADO
  6. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS


Contenido parcial


E. ÉTICA Y ESTÉTICA DEL CONSTRUCTO IDEADO


Se ha expuesto primero el desempeño sociológico con su solución real, y segundo el desempeño epistemológico con su solución posible metafórica. Se accede ahora a exponer en tercer lugar el desempeño ontológico con expresión estética o sensible. Su solución se origina como consecuencia de que lo que se diseña como proceso pensado debe ser un efecto interesante o contenido sensiblemente atractivo. Esta solución sentida apunta a una concentración de valor superior porque tiene la capacidad de activar, en los sujetos del intercambio de significados, la realización semántica de las posibilidades reales de su mundo en construcción.
Los nuevos elementos de la configuración teórica del constructo son surtidos, por un lado, por la necesidad de lo literario sensible, y, por otro lado, por la libertad de la persona como sujeto pensador creativo. Entre la necesidad como valor vivido y la libertad como valor pensado se sitúa una brecha de llamado al trabajo a ser organizado por el valor pensado con función de orientación rigurosa, sobre el valor vivido. Dicho rigor con vocación de canon ideal o ético otorga al constructo una competencia con rendimiento máximo, acorde con el carácter científico aspirado. La elaboración de un constructo inteligente y su interesante atractivo sensibilizado es una demanda reclamada insistentemente por nuestros inquietos cerebros encarnados en las perennes vivencias de deseos, creencias, evaluaciones, comprensiones, etc.


El desempeño ontológico, estéticamente semántico, se obtiene del motivo que emerge de la necesidad interesada en ubicarse bien en el mundo. El tópico de la metáfora ejercerá dicha función, pero lo hará de acuerdo con la operación de libertad que se ha pensado para sí el sujeto con su compromiso histórico. La operación tiene exigencias morales con respecto a la realización de significados, es decir, de construir bien su mundo. Motivo de necesidad y operación de libertad se asocian e intercambian dentro de una intencionalidad vital con miras a un proyecto pensado.


Más allá del propósito de hacerse un lugar principal de actividad en el constructo (nivel fenomenológico del significante metafórico), se trata ahora de lograr el nivel ontológico en la creación de los significados, y, por lo tanto, de la función decisiva de actuación del sujeto y de las subjetividades creadoras. Nos elevamos del ser del lenguaje viviente, al nivel del deber ser de las subjetividades que trabajan el lenguaje pensando sus signos semánticos.


El trabajo del pensamiento sobre lo sensible vivido como necesidad es el que organiza con sus valores la narrativa concentrada en el constructo. Es un trabajo que promueve proactivamente los significados sentidos, después de haber llevado a cabo la destrucción de la vieja forma del significante metafórico. Lo afirmativo promovido es la creación de una nueva forma significante que exija a su vez la presencia de un nuevo contenido de significado. Los indicadores o señales de este proceso poéticamente creador son relativos a los tópicos retóricos que sensibilizarán lo seductor del tema, o del problema o del modelo conceptual mismo. La génesis de esta problemática puede ocurrir en cualquier instancia o por carambola en las tres, pero es fundamental en la construcción conceptual donde se debe decidir el acto de seducción interesante que llama al compromiso o al enganche sujetivo en el proceso de investigación científica.
Los indicadores cumplen el papel de vigilantes (Bourdieu, 2008, p.12) del decurso hacia donde debe apuntar lo interesante de la narrativa en ciernes. No se trata de una ocurrencia en la que se detiene la inspiración en espera de que se dé improvisadamente según la suerte o destino, una espera planteada al infinito del deseo. La actitud pro-activa se orienta siempre por un proyecto que exige ejecución de obra. “Si la actividad creadora se limita a esperar, es difícil que podamos hablar de una actitud poética que no sea la espera” (Marina, 2001, p.164). El proyecto reclama acción y preparación para la acción como estudio, entrenamiento, experiencia en riesgos y compromisos, etc. Soportado en la conciencia de tener una actitud creadora, la exigencia se traslada a un tiempo de acumulación de fuerzas creadoras que lograrán hacerse con la facultad de acciones nuevas en la producción de significados sobre las necesidades vividas.


Lo crucial lo constituye el trabajo de la espera, ocurrencia, inspiración, destino, espontaneidad. El trabajo genera la fuente del valor pensado que puede cambiar las suertes a la espera, ocurrencia, espontaneidad, inspiración, destino. Afectados estos motivos por una inflexión de pensamiento, ya no hay lugar al descanso, a la inercia, sino a una permanente actividad de búsqueda, de ensayo y error, de resultados provisionales, con el ánimo de emprender la reproducción constante de significados sobre la materia interior del objeto problemático. El trabajo reanudado del pensamiento retoma la concentración del poder seductor con ocasión de resemantizar los valores vividos de la necesidad. Es un poder de cambiar todo un orden del antiguo, gastado y demodado pensamiento. Trabajará los mismos valores vividos pero con nuevas ideas que promuevan la imaginación y el gusto por lo científico, y remozarán las vivencias de necesidades impuestas como un destino de la vida. Será una lucha del pensamiento hasta donde alcance al destino, destruyendo la forma pesimista de la película de los años 70 Hasta donde el destino nos alcance”.
La elaboración del constructo consiste en una invención donde el motivo ocurrente permite el despegue humano del pensamiento y su aventura de acción creadora. Es una invención donde la inspiración, deseo, espera u ocurrencia son sumamente trabajados. Igual que un poeta creador, como debe ser, el investigador trabaja las creencias, las comprensiones, ansiedades, evaluaciones, y lo hace como exigencia constituyente del pensamiento, hasta que creencias, comprensiones, ansiedades, evaluaciones sean realizadas en su explicación científica. El pensamiento, al crear la estrategia de explicación conceptual, realiza también la explicación del problema vivido y lo hace concentrándolo en una formulación superior, esto es, en una poética de la acción con base en una racionalidad poética que ofrece una realidad del mundo más atractiva y con una dilección acogedora.


El valor del trabajo pensado apunta radicalmente a un sujeto creador. Se trascienden la conciencia y los actos de creación aún como novedades. Ahora la invención de significados centra el asunto en la sensibilidad juiciosa de un sujeto. Toda la invención investigadora se dirige a entender al sujeto y su realidad. El interés del sujeto vertido en un proyecto despierta los intereses de otros sujetos y lo interesante de otras realidades que se conectan y se advierten. Una poética de la acción hace que todo interés se haga interesante, con lo que se evapora toda posibilidad de caer en el aburrimiento. La ocurrencia se renueva como encarnación motivadora de toda idea interesante. No es un interés parcial, que define una ideología negativista, sino un interés total, el del individuo interesado en averiguar todo lo concerniente al problema que tiene planteado sin desviaciones ideológicas.


El interés origina una ocupación superficial por de pronto, pero se incentiva y no tarda en producirse una dedicación a fondo que compromete toda la subjetividad del investigador. Puede sentirse ahora la realidad como un pozo sin fondo, inagotable para el investigador seducido, que cual poeta inspirado tornasola, con sus ideas de significaciones, la realidad hecha problema. Si cuando elabora la formulación del constructo realiza un anuncio de explicación, el lenguaje ontológico utilizado compromete a su subjetividad que como fuente del pensamiento se torna en portador ético del desarrollo y resultado de la obra investigadora en vías de realización (work in progress). Como sujeto autor-izado tiene en su haber una exigencia moral de preparación no sólo técnica sino sobre todo teórica. La conversión del creador a su obra, cargada ya de vigilantes sensibles y de intereses significantes, estimula la reconciliación con las intenciones éticas como exigencia del deber ontológico. Desaparecen así toda tentativa de inmovilismo humanista de la cultura y todo entusiasmo metafísico de las ideas personalistas, ante el empuje de una poética de la acción que busca “contribuir aunque sea un poco a producir e imponer esos modos de pensamientos impersonales que permiten producir, a las personas más diversas, pensamientos hasta ese momento impensables” (Bourdieu, 2008, p.13).


El sujeto autor se toma sobre sí el trabajo del valor relacional, con el que desarrolla todo el análisis del sistema completo de los significantes para llegar a dar con el significado sociológico real. Se evita el atajo intuicionista del discurso aproximativo que llega rápidamente a las significaciones más evidentes, y cuyo resultado es un desvío ideológico que perjudica a la ética inteligente del autor y su obra. No sólo hay un perjuicio ético o político. También lo perjudicial llega a los instrumentos del pensamiento que deben impulsar las exigencias objetivantes del constructo en vías del desarrollo teórico y de realización empírica, como son los conceptos teórico-metodológicos derivados, los métodos y técnicas, las etnografías, etc. Las buenas intenciones solas suelen traer con frecuencia malas construcciones de las obras de investigación.


Todo este proceso de investigación supone expresamente un trabajo ético especial del sujeto sobre sí mismo, vigilándose su pensamiento, ensayando sus preparaciones teóricas y técnicas, sus atrevimientos cognitivos en libertad creadora, etc., activando el cuidado de sí mismo sobre todo al relacionarse con una actividad de escritura, a la mejor manera de los antiguos (Foucault, 1995, p. 62). El trabajo del sí mismo resulta crucial a la hora de la producción semántica en la construcción investigadora. Interviene en este caso el esfuerzo subjetivo por dedicarse a desmenuzar cada rasgo de significante, despojarlo de su aislamiento contextual e integrarlo al conjunto sistémico de relaciones significantes. Construido con rigor analítico el sistema de valores, se puede llegar al lugar de la interpretación donde acontece el acto de producción de significados, autenticados por la estrategia explicativa del constructo. “A mis ojos, todos esos hechos nuevos eran importantes, menos por su “novedad” (mientras funcione en alguna parte un habitus generador, nunca se terminarán de “descubrir” nuevos datos), que por el papel estratégico de “términos intermediarios”, como los llama Wittgenstein, que permiten establecer correlaciones” (Bourdieu, 2008, p. 22).


Bourdieu apunta resumidamente al marco teórico sobre la semántica en la “gramática generativa” que Chomsky desarrollaría en los años de 1970, aunque ya lo había detectado en los primeros análisis transformacionales (Chomsky, 1974). También apunta a la “variable intermedia” que según Devereux (1989b, p. 34) define el tipo de ciencia con que el investigador trabaja. “Gramática generativa” y “variable intermedia” son otras fórmulas lingüísticas de nombrar la metáfora conceptual o constructo científico.


En suma, desde el constructo, con su metáfora conceptual, es que se ve, se debe ver todo el desarrollo de la investigación, se generan todos sus conceptos dependientes, las técnicas objetivantes, en una palabra, se intermedia como un interventor y se supervisa toda la obra. Desde su diseño y desarrollo, su sustancia teórica como dato a priori, y su demostración empírica como dato a posteriori, se fabrica la forma significante y se llena de contenido de significación, la obra investigadora, y a su vez el proceso al autor lo hace crecer como persona en función de un pensamiento impersonal, ético.


Si dijimos que el constructo funciona como un mito, terminamos diciendo que también funciona como un panóptico. Desde él se iluminan, se ven los demás conceptos (el concepto histórico, los campos semánticos, las teorías de las técnicas), que con su autonomía de valor, trabajan supeditados a él. La misma suerte corren la armadura metodológica y la razón de ser de las técnicas bajo la inspiración pensada del constructo. Con todo su bagaje metafórico y carga de libertad de pensamiento, el constructo funge de responsable ético, objetivado en los motivos interesantes y en las condiciones sociales del sujeto investigador.


F. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Bourdieu, Pierre (2008), El sentido práctico, Siglo XXI de España, Madrid.
Brillante, Concetta (2010), Autoridad eclesial y obediencia agonizante, Tesis de grado, Escuela de   
           Antropología, UCV, Caracas.
Bueno, Gustavo (1987), Etnología y utopía, Júcar Universidad, Madrid.
Bueno, Gustavo (1992), Teoría del cierre categorial, Pentalfa, Oviedo.
Chomsky, Noam Ian (1974), Estructuras sintácticas, Siglo XXI, México.
Delgado, Manuel (2011), “Els nivell d’interpretació del símbols rituals”. El Cor de les Aparences,    Bloc     de     Manuel Delgado, Antropología religiosa.
Devereux, Georges (1989a), Mujer y mito, Siglo XXI, México.
Devereux, Georges, (1989b), De la ansiedad al método en las ciencias del comportamiento, Siglo  XXI,   México.
Febres-Cordero, Lía (2011), La Stripper y El Desprecio de la Mirada Ajena. Estudio
en pornología, Tesis de grado por defender, Escuela de Antropología, UCV, Caracas.
Foucault, Michel (1995), Tecnologías del yo, Paidós, Barcelona.
Friedman, Thomas, (2011), “Veremos más elefantes voladores”. El Nacional, Siete días, Caracas, p. 4.
Gamoneda, Antonio (2009), Un armario lleno de sombra, Galaxia Gutenberg, Barcelona.
García, José Luis (1996), Prácticas Parentales, Ariel, Barcelona.
Hurtado, Samuel (1999), La sociedad tomada por la familia, Ediciones La Biblioteca
de la Universidad Central (EBUC), Caracas.
Hurtado, Samuel (2011), “La garantía de autenticidad en el proyecto de la investigación científica”, Dossier del dictado de investigación, Postgrado en ciencias sociales, UCV, Caracas, pp.23.
Laplantine, Françoise (1979), Introducción a la etnopsiquiatría, Gedisa, Barcelona.
Lefebvre, Henry (1972), La vida cotidiana en el mundo moderno, Alianza, Madrid.
Lévi-Strauss, Claude (1973), Antropología estructural, EUDEBA, Buenos Aires.
Marías, Julián (1996), “Elogio de la ambición intelectual”, ABC, Madrid, 31 de octubre, p. 3.
Marina, José Antonio (2001), Ética para náufragos, Anagrama, Barcelona.
Marina, José Antonio (2004), El laberinto sentimental, Anagrama, Barcelona.
Padrón, Leonardo (2010), “Antonio Gamoneda: el rayo de la poesía”. El Nacional,
Papel Literario, Caracas, p. 3.
Popper, Karl (1995), En busca de un mundo mejor, Paidós, Barcelona.
Sennett, Richard (1982), La autoridad, Alianza, Madrid.
Serrano, Segundo (1974), Formas simbólicas de la imaginación, Equinoccio, Caracas.
............................
Publicado en digital en Conectando Ideas con la Sociedad, publicación que recoge las ponencias de las VI Jornadas de Investigación de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales, Universidad Central de Venezuela, 2012 (evento de 2011) .

LA FELICIDAD SUMA DE DOS PAÍSES: VENEZUELA Y DINAMARCA

Tu país está feliz

Para ti no existen problemas.

Tu país está feliz

Dos fuerzas te presionan,
dos mundos te dividen,
dos voces te acorralan
y tú te niegas,
tú te omites,
los problemas de este mundo no son tuyos.

Tú protestas
o no puedes.

Las guerras lejos de aquí
ni se oyen los tiros.

Tu país está feliz

Lo peor es que no estás seguro de nada

Tu país está feliz,
tú estás feliz,
todos estamos felices,
completamente felices.

Antonio Miranda: Tu País está Feliz.
1º Festival Universitario de la Poesía de Protesta
(Universidad Central de Venezuela, 1969)
Happening en el Teatro del Ateneo de Caracas, febrero-marzo, 1971.
Dirección: Carlos Giménez/Música: Xulio Formoso

Hace ya varios años, un poco antes de 2007, pregonaron la noticia en la radio venezolana. La escuché dos veces, por lo menos: Venezuela era calificado del país más feliz de América Latina, ¿y el más infeliz)…¡Chile!

He escuchado también, no me consta aún, que la encuestadora Gallup tiene los datos en cifras de semejante noticia.

¿Qué ocurre? Mientras Venezuela se va deteriorando como sociedad (susinstituciones), la inflación única que viene persistente de 25 a 30% todos los años queactualmente vienen corriendo en el siglo XXI, muy superior a cualquier país deAmérica Latina (excepto Haití), y lo mismo acontece con el desempleo que remonta a una cifra superior al 50%, además de ser uno de los colectivos sociales más violentos con una inseguridad de las más altas del mundo, Chile se desarrolla en sus instituciones económicas, políticas y culturales. Sigue siendo el país punta en el desarrollo y en persistente permanencia del mismo, hoy día se le acerca Brasil, comparable a los países llamados desarrollados del primer mundo.

Para colmo de la información, la repetición de la noticia hecha por el presidente de la República Bolivarianade Venezuela, ahora en 2012, pretende formar eco de la propaganda del régimen político que preside como jefe del estado y gobierno.

¿Cómo es que un país en proceso de destrucción sea feliz y mantenga aún el talante dela felicidad, mientras que el otro país en proceso de reconstrucción, exprese un grado de insatisfacción e infelicidad? ¿Cuál es el criterio último de la evaluación?

Cuando el 18 de abril de 2007 subí a un avión de Iberia, con vuelo a España, me encuentro con el periódico de IberiaUniversal de ese día. Mi sorpresa es que dos columnitas del periódico estaban encabezadas con el título: “Los Daneses son los europeos más felices y satisfechos”. El subtítulo consignaba: “España ocupa el décimo lugar, y Portugal e Italia cierran la lista”.

El estudio fue elaborado por la Universidad británica de Cambrigde. La encuesta se diseñó teniendo en cuenta 180 regiones de la Unión Europea, en las que alcanzaron a preguntar a más de 20.000 ciudadanos. Los países de la Unión para ese momento eran 15, antes de ampliarse hacia el Este. Los resultados del sondeo fueron combinados con otra investigación más a fondo por parte de psicólogos de la misma universidad.

Luisa Corrado, directora del estudio concluye que los europeos: “son relativamente felices y en ninguna región encuestada se ha registrado un grado de felicidad por debajo de cinco” sobre diez.

“La confianza en la sociedad es muy grande. Los países que han registrado algunos grados de felicidad también han presentado los niveles más elevados de confianza hacia sus gobiernos, leyes y hacia ellos mismos” concluye Corrado.

Iberia Universal ha recogido la información del rotativo inglés The DailyTelegraph.

La clave de interpretación se refiere a la confianza social, base del ordensocial fundamental para el funcionamiento, primero, y, después, para la constitución de un orden instituido del colectivo social: ¡Las instituciones! funcionando y conformando la posibilidad de un proyecto de sociedad. Es lo que experimentanlos europeos, y de primero en la lista, los daneses.

¿Con este criterio de sociedad es con que se evalúa la felicidad de los países latinoamericanos? Absolutamente no, por el contrario con el criterio de la cultura, es decir, de cómo somos. Desplegando nuestra trayectoria que se inicia en firme en 1981, y que ha venido analizando e interpretando las relaciones sociales en Venezuela con la clave de la cultura antropológica, nos permite decir que no es ninguna sorpresa para nosotros el resultado en Venezuela, como un país al tope de la felicidad. Ya en 2001 titulamos un artículo sobre la pobreza y la cultura como “Felices aunque Pobres”. El subtítulo es:”La culturadel abandono en Venezuela”. Fue publicado en la Revista Venezolana de Análisis de Coyuntura de la FACES, UCV. Lo que indica que la cultura venezolana que venimos conceptualizando como matrisocial, se presenta con un fuerte negativismo social, es antisocial, y en lucha agónica contra la posibilidad de que el colectivo venezolano se constituya una sociedad para sí mismo

Así el criterio social de felicidad europeo es denegado por el criterio cultural (antisocial) de la felicidad venezolana. La matrisocialidad no es una cultura que trabaje la realidad, sino que se abandona al placer y lo reelabora viviéndolo en sus cosas. La venezolana es una felicidad natural de lo placentero que somos, no de la realidad que han instituido empeñadamente los daneses. La nuestra es del criterio “como vaya viniendo vamos viendo” (la improvisación), que nos coloca en una realidad tan elemental que nuestra felicidad se resuelve culturalmente como placer (no importa que nada funcione pero, en este país, de que se goza, se goza, sentencia el humor venezolano de Claudio Nazoa), siendo el resultado social el de constituirnos como pobres. Sin confianza en nuestra sociedad, en el gobierno, en las leyes y hasta en nosotros mismos, las condiciones óptimas están dadas para que seamos también económicamente pobres.

Caracas, 01 de mayo de 2012.
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Una versión periodística de este artículo se ha publicado en el periódico de ÚLTIMAS NOTICIAS, columna: Acuerdo Social, Domingo 06 de mayo de 2012, pág. 30.


martes, 17 de abril de 2012

TEORÍA DEL CONSTRUCTO-4: PENSAMIENTO Y ÉTICA EN INVESTIGACIÓN SOCIAL. LA METÁFORA CONCEPTUAL














De la Perla al Deseo


la joven del arete de perla
(Vermeer)


deja tu ropa
aún no es tu cuerpo mismo
azul anhelo de salvacioón
ocre de un despertar tardío

cuando estés lista
y nunca antes

deja también la perla

sabrás al fin
que la única luz capaz
de alumbrar esta noche
es el deseo que se inmola en ella

Fátima Tavares:
Estado de Excepción (inédito)
http://estaciudadquemehabita.blogspot.com


Contenido general

  1. INVESTIGACIÓN Y CIENCIA
  2. INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA Y NARRATIVA CONCEPTUAL
  3. TEJIDO DE LA METÁFORA CONCEPTUAL
  4. PRINCIPIO METAFÓRICO DEL MODELO CONCEPTUAL
  5. ÉTICA Y ESTÉTICA DEL CONSTRUCTO IDEADO
  6. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS.

Segundo contenido parcial: C. y D.

C. TEJIDO DE LA METÁFORA CONCEPTUAL.

Sennett (1982), psicólogo político, hace entrever el carácter de la estructura básica del desempeño sociológico que debe contener la metáfora conceptual. Todo comienza con los vínculos metafóricos que tejen las realidades sociales. Antropológicamente formularíamos los vínculos como simbólicos o de ideas de realidad con que opera el ser humano, hace la realidad, y realiza procesos de su transformación. Así se le ocurre decir que el jefe es un padre y formula el concepto de paternalismo para explicar lo que significa un jefe de empresa en el capitalismo de principios del siglo XX (Sennett, 1982, pp. 66 y ss). También dice que la sociedad es como una madre y construye el concepto de matrisocialidad; explica de esta forma que se presenta dicho fenómeno y la misma explicación reconfirma lo que asegura tal existencia en la realidad venezolana (Hurtado, 1999).

Asimismo se imagina que la obediencia se encuentra en inobediencia y se la imagina en agonía consigo misma, y edifica el concepto de la obediencia agonizante; asegura en su explicación imaginativa que la obediencia se halla en una lucha entre la vida y la muerte, o luchando contra la muerte, y soluciona así la situación social en que observa la fe del pueblo católico venezolano (Brillante, 2010). Aún observa una actuación pornográfica en lugar privado con alcance público de la stripper en exhibición frente al consumidor sexual, y piensa el concepto de el desprecio de la mirada ajena; defiende en su explicación que en la exhibición las miradas entre sujetos extraños se proyectan placenteramente para resultar al fin en mutuo desprecio de diferentes significados en el juego de las alteridades (Febres-Cordero, 2011).

¿Qué pasa con el recurso metafórico? Ha ocurrido que ha dejado de ser un recurso retórico autónomo con carácter decorativo, según los autores clásico, para llegar a ser utilizado con otro registro, el de recurso del pensamiento (Sennett, 1982, p. 79; Serrano 1974, p.145). El problema es que persiste con pretensiones de único adorno de otra significación, desalojando con sus prejuicios la alternativa laboral del pensamiento.

Muchos poetas no admiten tal consideración; aún les hay como Gamoneda que la rechazan de plano, cuando sustentan que la poesía ni siquiera pertenece a género literario alguno, sino que es pensamiento por excelencia creando existenciales sociales y personales (Gamoneda, 2009, pp.71-73; Gamoneda en Padrón, 2010, p.3). Los pragmáticos estudiosos del uso social del lenguaje también se distancian del prejuicio de los clásicos y establecen que un modo mental que accede tanto a la realidad física social como a lo fenomenológico social, constituye, en cuanto llega a una encrucijada de la realidad, el pensamiento simbólico o metafórico como el camino decisivamente único y posible de acceso a la realidad. La posibilidad de contactarse con la realidad procede por modelos conceptuales que fabricamos y se asocian a la misma. Ya Popper (1995, pp. 65 y 68) en crítica al positivismo sostiene esta postura frente a los métodos y técnicas que serían las fuentes responsables en la producción de los significados. “Las verdaderas cuestiones epistemológicas no tienen que ver realmente con las fuentes” (Popper, 1995, p. 73).

La realidad es compleja por ser problemática, no por proyectarse descriptivamente sobre distintos desniveles. Lo problemático le acontece a la realidad debido a que en su existencia tienen que convivir elementos e ideas de cosas diferentes, que interactúan con lógicas opuestas y en situaciones y tiempos diversos. Este acontecimiento exige con urgencia ser solucionado permanentemente y sin cesar en la cotidianidad, y, por su parte, el pensamiento concreto con su poética propia no deja de solucionar como es la convivencia social rutinaria. El uso simbólico metafórico activa la solución mediante una sola palabra que junta los sentidos contrapuestos u oblicuos; a veces para alcanzar la suficiencia resolutiva se tiene que utilizar una frase como el desprecio de la mirada ajena. De este modo se producen los significados de los procesos conectores que solucionarán las relaciones interactivas problemáticas.

El proceso simbólico opera poéticamente creando realidad de significado. “Una metáfora crea un significado mayor que la suma de sus partes, porque las partes actúan entre sí. Los términos de una metáfora tienen, relacionados unos con otros, un significado distinto del que tienen separados. Así es como pueden las metáforas establecer relaciones sociales: las partes de la metáfora pueden ser clases sociales diferentes o funciones diferentes en la sociedad. El todo crea el significado especial de las partes” (Sennett, 1982, p. 80).

El paternalismo, la matrisocialidad, la obediencia agonizante, el desprecio de la mirada ajena, son algunas de las metáforas que se producen. Jefe y padre, madre y sociedad, autoridad y obediencia, stripper y cliente sexual, al asociarse transforman los significados que cada término tiene por separado. Todo ocurre cuando un elemento que caracteriza al padre, a la madre, al fiel obediente, al espectador pornográfico, se autonomiza al modo de un aislado químico para operar como unidad con su energía propia. Levi-Strauss usa la noción de aislado como lo hace la genética y la demografía para identificar una unidad analíticamente autónoma y como tal diferencial para identificar el concepto de cultura (Levi-Strauss, 1973, p. 271). Así se tiene de un modo correspondiente al padre como un benevolente egoísta, a la madre como una consentidora abandonante, al fiel católico como un obediente esquivo, al espectador pornográfico como un gozoso malmirado. Son caracteres que se extralimitan en la normativa social, pues se proyecta de tal manera su radio de acción significativa que intervienen de un modo activo al frente de la relación con el jefe, la sociedad, la autoridad y la stripper. Así se produce un cambio de sentido que hace de la relación metafórica una nueva realidad, pues se transforma el significado de jefe que ahora asume una capacidad emocional, de sociedad cuyo poder de exigencia se desvanece como consentidora, de la autoridad que se expresa como un ámbito de laxitud que ayuda poco a madurar la fe de los fieles, de la stripper cuya capacidad exhibicionista la desmerece ante la mirada social.

En suma, los términos de padre, madre, fiel, espectador, ejercen una función de ampliación de los otros términos de la metáfora. Como indica Sennett, en terminología de Max Black, dicha ampliación “establece el de la metáfora, dentro del cual la palabra se convierte en la (Sennett, 1982, p. 80). Como resultado, el jefe aparece como un padre, la sociedad se conduce como una madre, la autoridad se muestra como un laxante de incumplimiento, la stripper es un estimulante del disfrute.

El uso social de la metáfora conceptual representa ya resultados que tienen lugar en los comportamientos sensibles de los individuos y sus relaciones sociales. Se amplía el temor del que detenta el poder, se amplía el consentimiento de las instituciones sociales mediante manejos informales, se amplía la laxitud en el cumplimiento de las normas que deben regular el orden, se amplía el desprecio mutuo de stripper y espectador con motivo de la exhibición pornográfica. Estos cruces de caminos significativos crean puntos de ebullición en las relaciones sociales, sea de temor, consentimiento, desacato, desprecio. Pero paralelamente, la metáfora, como lo hace también el ritual, según Turner (Delgado, 2011, pp.1-2), que es un gran ámbito de construcción de metáforas, toma partido a favor de la paz y armonía sociales. Los choques o desequilibrios de los sentidos sociales se sienten y perciben con una lógica de conformidad, de concordancia, al ser enfrentadas sus disonancias o contrariedades. Ya en su formulación lingüística, la metáfora soporta, y mejor aún, realiza los resultados de la convivencia de significados que como tales se llevan mal, pero que al modificarlos, calma sus tensiones y los hace sentir coherentes en los transcursos de la acción social.

D. PRINCIPIO METAFÓRICO DEL MODELO CONCEPTUAL.

¿Cómo entender la realización de significados sociales en la elaboración creativa de la metáfora conceptual? El entendimiento se obtiene en la razón de ser de la metáfora misma, por un lado, y por otro, del concepto. Lo metafórico como infraestructura o marco del significado, lo conceptual como estructura o foco del significado mismo. La realidad está hecha de significados. Éstos la moldean en formas creadoras, sean sensibles, sean pensadas. El papel del pensamiento o concepto se encarga de crear un vaciado que llenará con espectrales ideas y fríos racionamientos. Esta operación se desarrolla a merced de la visión mental que el ser humano proyecta sobre el mundo. Unas veces la produce ampliada, otras veces comprimida. La compresión supone un esquema o modelo (vaciado) que fija puntos de acontecimientos metaforizables, en los que se detiene la atención, cargándolos de significados. La visión no tiene existencia sino en una imagen (imaginación), que pronto busca la ayuda del lenguaje si pretende acceder a la construcción de una existencia metafórica. En el hablar hay un compuesto de imágenes y palabras que al tornarse reverberante sobre-alimenta la operación imaginativa. Cuando se agotan o se reconducen por una mente lógica terminan cautivadas como signo o significante, molde limitante que suele definir el concepto.

En el pensamiento mítico, la metáfora se amplía hasta cubrir el campo total de puntos posibles. En el pensamiento lógico comienza a restringirse el campo a un punto, lo que implica el empobrecimiento de la imaginación o ésta se condensa en unas potencialidades direccionadas. En los complejos de representaciones, la metáfora ocupa una de sus funciones más poderosas que es la de dar salida a las propensiones internas con urgencias expresivas de figuración y que pueden seleccionarse según la utilización del concepto. Surge aquí el problema de la diferenciación de oposición que se inscribe en la razón de ser resolutiva de la metáfora en cooperación con la operación conceptual.

La movilidad de la imagen choca con la fijeza del concepto. Exactitud, pureza, inmovilidad, que le otorga la visión mental (intelecto que esquematiza) es lo que define la actividad del concepto. El concepto se torna pesado para llegar a las variedades existenciales (problemáticas) allí donde la ligereza de la metáfora soportada en la imagen, camina con la facilidad que le da un lenguaje pre-lógico esperando su utilización para tornasolar la realidad. Siendo el lenguaje recurso originario de metáfora y concepto, y ante las facultades lingüísticas por las que el lenguaje puede deformarse, estirar significados, destruir identidades o reconducirlas, la metáfora está también supeditada al destino del lenguaje, de otra forma que el concepto necesitado del lenguaje como apoyatura a su expresividad lógica.

En el lenguaje, metáfora y concepto pueden encontrarse y metamorfosearse mutuamente. En el constructo consistente en una metáfora conceptual tendrán que encontrarse para obtener un estatuto lógico presentado con imaginación creadora. “En el campo laxo donde el lenguaje opera, el concepto limita una de sus fronteras y la metáfora, otra. Parece plausible establecer la siguiente ley: todo concepto es susceptible de utilización metafórica y, viceversa, toda metáfora puede convertirse en concepto; bastará para ello de cambiarlas de campo” (Serrano, 1974, p. 140). Dicho de otro modo, quiere decir que una misma construcción hecha con imaginación metafórica y con conceptualización, su entender y su uso significante depende de cómo se haga su entrada teórica, si por el campo de la literatura o por el campo de la ciencia. Por la entrada que sea, el lenguaje se realizará con el mismo objetivo aunque con diferente operación sea lógica o poética, científica o artística. “La inmensa mayoría de las manifestaciones lingüísticas siguen siendo lo que el lenguaje tuvo que ser en un principio: no sólo comunicación objetiva sino, al mismo tiempo, manifestación de un sentir y un querer íntimos, de una auténtica intuición” (Stenzel en Serrano, 1974, p. 141). He aquí la posibilidad de componer una combinación de las dos esferas, y aún de una fusión enunciando a una metáfora conceptualizada según la entrada retórica o de un concepto metaforizado según la entrada científica. Realizada la operación pretendida, en la entrada científica se puede enunciar la operación del concepto metafórico, pero acudiendo a una intelección de acomodo que demanda la sintaxis castellana, conviene formularlo como metáfora conceptual.

Con referencia a la metáfora conceptual, queda analizar a fondo los resortes que contiene lo metafórico para que sus capacidades de imaginación y lenguaje se piensen al interior del concepto mismo. Surge así lo poético de la metáfora como el medio más importante para la representación del concepto. Ahora no se trata de crear metáforas, entendido el asunto como un plan retórico, sino de la metáfora como creadora, es decir, poética. Su principal función consiste en fusionar unidades que no son compatibles en la lógica ni en la vida real, y sin embargo, el movimiento creador, poético, las reasume y las articula. La ambivalencia lingüística con capacidad de conceptualizar y metaforizar, hace posible las transformaciones de los sentidos objetivos intuidos, y los vivencia justificados en la palabra. El poder de la palabra, como el del ritual, procede de su originaria vivencia mágica y fabuladora, que no desaparece, pero que desarrolla además su poder creador cuando funciona dentro de un proyecto social artístico o científico.

Este planteamiento lleva a un interés último como es el de justificar la trascendencia de la metáfora conceptual como un principio del constructo que involucra las bases semánticas y sentimentalizadas del sujeto comprometido. Al movilizar la metáfora hacia el campo conceptual, se genera un proceso de simbolización que tiene la capacidad de difundirse con otros elementos más complejos ubicados en el campo del lenguaje como son el científico, el matemático, el político, el ideológico, el económico, etc. El proceso de simbolización ya no es considerado como una fase primigenia en la conceptualización del conocimiento, como se pensaba a principios del siglo XX. Aún hoy se piensa por científicos connotados como Ohnuki-Tierney y Dam Sperber, que trae a colación García (1996, p. 192) para sustentar su tesis de que “los símbolos sólo tienen sentido como consecuencia o complemento de las operaciones conceptuales”. García añade su fundamentación con respecto a que lo cognitivo y lo simbólico no pueden analizarse como dos aislados dentro del mundo de las representaciones, sino que es una necesidad analítica colocarlas en el ámbito de las interacciones sociales. “Y ello porque la conducta social es la matriz desde la que debe seguirse el funcionamiento de las representaciones humanas” (García, 1996, p. 192). Es decir, hay que sociologizar el símbolo para colocarlo en el ámbito del concepto al cual secunda en la explicación científica, siendo ésta una representación humana.

En la reducción fenomenológica de la metáfora literaria en que se coloca Ortega y Gasset (Serrano, 1974, p. 146), se observa la operación de la metáfora poética o recreadora de objetos, según nuevos criterios de ordenar el mundo existente en la imaginación. En lo significante de la metáfora, Ortega y Gasset encuentra “una especie de matriz generativa de objetos estéticos, operación identificable si examinamos con cuidado el mecanismo de trasposiciones verbales que efectúa” (Serrano, 1974, p. 146). El procedimiento fenomenológico permite operar el aislamiento de las unidades diseñadas. Se trata de separar la realidad perceptible con intencionalidad, de la realidad percibida pero no atendida. “Las semejanzas en que las metáforas se apoyan son, siempre, inesenciales desde el punto de vista real; por el contrario, tal insignificancia parece indicarnos que el metaforizador trata de construir un nuevo objeto” (Serrano, 1974, p.146).

Pero ya no se trata de una simple transposición de sentido, donde son esenciales las existencias del sentido ya dado que tiene una cosa y lo mismo el que sobreviene transpuesto mediante un ejercicio de algún tópico retórico, según la teoría clásica. Tampoco se trata de la fase primigenia, ni aún es suficiente la fase del sentido consecuente o complementario, tesis que enarbola García, como si fuera la última frontera liminal antes de entregarse a la conceptualización o donde sólo puede llegar el impulso de la imagen poética.

Se trata ahora de avanzar una tesis sobre las potencialidades de la metáfora poética aplicada después al ámbito conceptual. Según las inquietudes de los críticos culturales (Cf. En Serrano, 1974, pp. 131 ss; Sennett, 1982, p. 79; Marina, 2004, p. 241) hay algo profundo en la metáfora poética que merece un detenimiento especial. La operación de la metáfora poética consiste en liquidar las formas de las imágenes reales y darle a la materia interna de éstas una nueva forma. En el pensamiento no poético, las formas de las imágenes reales son punto de llegada, en el pensamiento poético son punto de partida consistente en que a las imágenes reales se las dispone a ser sometidas a una segunda operación: la de crear una nueva forma.

La identidad no es una esencia hecha de antemano (la realidad de la imagen), sino un proceso por hacer, en devenir: la imagen es más que una imagen objetivante, también puede representar otra cosa, la que el creador o poeta crea que es para él, para sus ideas y/o sentimientos. Así “es un estado real mío, un momento de mi yo” (Serrano, 1974, p. 147). En el acto de creación poética, la identidad de la imagen es una creación de pensamiento realizada por una subjetividad. Se origina un juego epistemológico entre lo objetivante y lo subjetivante, que da lugar a un nuevo objeto subjetivado que porta la representación de la imagen. La imagen se transforma en una obra creada de nuevo por un sujeto encarnado en una psico-cultura y en unas coordinadas de historicidad.

En este punto de carácter etno-psico-social, oportunidad de que el mito se abra a su sociologización (Devereux, 1989ª, p. 13), es posible describir cómo la potencialidad de la imagen metafórica se combina con el trabajo de la conceptualización. El constructo, dotado de un principio constituido por la metáfora, que es como decir, de pensamiento creador, opera como un mito. Resulta ser un principio productor del sentido. “Por mi parte, preferiría decir, con Ricoeur, que es como “un detector de sentido”, como un operador lógico del cual ya no podemos prescindir” (Laplantine, 1979, p. 26) y como tal oculto al tiempo y al espacio históricos, pero que su actividad volcánica de significaciones exige una manifestación o epifanía que la logrará si se sociologiza tanto en una cultura como en una historia. No sólo como encarnación existencial, sino también como utilidad de rendimientos metodológicos en la producción del conocimiento, el concepto necesita dotarse esencialmente de unas circunstancias semánticas donde puede inscribirse también el poder de lo mágico, junto con circunstancias de experiencia. En la práctica científica, lo conceptual tiene que afectarse emotivamente, tocar impurezas y mancharse, codearse con formalidades de ansiedad metódica, colocarse en riesgo y peligro de errar, ser mal aplicado, y volver a comenzar, a recuperar sus fuerzas teóricas, o a abastecerse energéticamente de lo teórico. “Sin pasión no podemos conseguir nada…La expresión “amar a la verdad” no es una mera metáfora” (Popper, 1995, p.103).

El pensamiento poético inscrito en lo metafórico del constructo, representa el principio marco del modelo conceptual, mientras que el pensamiento lógico inscrito en lo conceptual constituye el principio focal. El marco tiene la función de ampliar el sentido de la palabra focal que es lo conceptual con base en darle realidad imaginativa o simbólica a la realidad lógica, es decir, de otorgar mayor capacidad o potencia de acción conceptual al principio focal, objeto fundamental cuyo rigor en su construcción sustenta la razón de una obra científica (Lefebvre, 1972, p. 79). El principio focal es el que decide el campo disciplinario en que tiene que trabajar el científico y, al mismo tiempo, le ofrece la orientación de los instrumentos teóricos y técnicos apropiados con que debe desarrollar el trabajo científicamente.

En suma, el constructo como metáfora conceptual es una matriz generativa, que como estrategia de explicación teórica, establece las pautas de creación de la obra científica; opera con dos principios internos cuyas funciones entran en relaciones de cooperación con miras a potenciarse mutuamente y establecer el carácter científico de la obra común. El principio metafórico funciona como el marco amplificador que a su vez especifica el sentido semántico o histórico del concepto. El principio conceptual, al definir el sentido estructural del producir y el estilo de trabajo productor, identifica el campo disciplinario o taller de trabajo científico. Si bien lo conceptual apunta al principio de realidad como marcha general de la ciencia, la imagen metafórica amplifica epistemológicamente la realidad teórica y su pauta de trabajo conceptual. La metáfora o lo simbólico creador del modelo conceptual funciona como principio autónomo con su área de acción propia, y no resulta una consecuencia o complemento supeditado simplemente al acontecimiento conceptual.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Brillante, Concetta (2010), Autoridad eclesial y obediencia agonizante, Tesis degrado, Escuela de Antropología, UCV, Caracas.

Delgado, Manuel (2011), “Els nivell d’interpretació del símbols rituals”. El Cor deles Aparences, Bloc de Manuel Delgado, Antropología religiosa.

Devereux, Georges (1989a), Mujer y mito, Siglo XXI, México.

Febres-Cordero, Lía (2011), La Stripper y El Desprecio de la Mirada Ajena. Estudioen pornología, Tesis de grado por defender, Escuela de Antropología, UCV, Caracas.

Gamoneda, Antonio (2009), Un armario lleno de sombra, Galaxia Gutenberg,Barcelona.

García, José Luis (1996), Prácticas Parentales, Ariel, Barcelona.

Hurtado, Samuel (1999), La sociedad tomada por la familia, Ediciones La Biblioteca de la Universidad Central (EBUC), Caracas.

Laplantine, Françoise (1979), Introducción a la etnopsiquiatría, Gedisa, Barcelona.

Lefebvre, Henri (1972), La vida cotidiana en el mundo moderno, Alianza, Madrid.

Lévi-Strauss, Claude (1973), Antropología estructural, EUDEBA, Buenos Aires.

Marina, José Antonio (2004), El laberinto sentimental, Anagrama, Barcelona.

Padrón, Leonardo (2010), “Antonio Gamoneda: el rayo de la poesía”. El Nacional, Papel Literario, Caracas, p. 3.

Popper, Karl (1995), En busca de un mundo mejor, Paidós, Barcelona.

Sennett, Richard (1982), La autoridad, Alianza, Madrid.

Serrano, Segundo (1974), Formas simbólicas de la imaginación, Equinoccio,Caracas.

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Publicado en digital en Conectando Ideas con la Sociedad, publicación que recoge las ponencias de las VI Jornadas de Investigación de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales, Universidad Central de Venezuela, Caracas, 2012 (evento realizado en 2011)

martes, 10 de abril de 2012

PASCUA DE PENSAMIENTOS ANTROPOLOGICOS

 









Se cubrieron de luto los montes
a la hora de nona.
El Señor rasgó el velo del templo
a la hora de nona.
Dieron gritos las piedras en duelo
a la hora de nona.
Y Jesús inclinó la cabeza
a la hora de nona.
Levantaron sus ojos los pueblos
a la hora de nona.
Contemplaron al que traspasaron
a la hora de nona.
Del costado manó sangre y agua
a la hora de nona.
Quien lo vio es el que da testimonio
a la hora de nona.
…………..
¡Oh Cruz fiel, árbol único en nobleza!
Jamás el bosque dio mejor tributo
en hojas, en flor y en fruto.
Ablándate, madero, tronco abrupto
de duro corazón y fibra inerte;
doblégate a este peso y esta muerte
que cuelga de tus ramas como un fruto.
¡Dulces clavos! ¡Dulce árbol donde la Vida empieza
con un peso tan dulce en su corteza!
…….
Himno y fragmento de Himno
Liturgia de Viernes Santo

“El antropólogo
que no se ha examinado a sí mismo
no tiene, pues, derecho ni razón
para antropologizar”
(La Barre en Devereux, p.14).
Un flujo de conciencia me inundó en la mañana del Sábado de Gloria. Venía de la eficacia ritual de las vísperas del Viernes Santo. El golpe con forma de repique provenía del estribillo: a la hora de nona; que continuaba amplificado en el leitmotiv del extenso himno siguiente:
Jamás el bosque dio mejor tributo
en hojas, en flor y en fruto.
Eran himnos de adoración, la proclamada al símbolo de la cruz cristiana.
El pensamiento poético (en su vertiente mítica) de aquellas respuestas a las estrofas historizadas, se me prolongaban en la hora tempranera del día siguiente, pero ahora internalizadas en la conciencia imaginativa, que a veces reclamaban agónicas a una razón de sí técnicamente explicativa.
¡Experiencia liminal!: me ví encajonado en un desfiladero de montañas en el que de un lado estaba el pensamiento sagrado (mítico) y del otro los pensamientos científicos (varios, dándome vueltas). Aquél me danzaba gozosamente en mi territorio mítico, éstos me llegaban firmes, como endurecidos, a veces añejados, con difícil conexión para ensamblarse con aquél, haciéndolo algunos en los límites o en las superficies: ¡Difícil o mañoso el aprendizaje de la comprensión científica más allá de sí misma!
Acudí a Kolakowski, a su texto de La Presencia del Mito en la experiencia humana; buscaba un soporte repasando este texto sintético tratando de consolarme, esto es, asiéndome a la esperanza: Kolakowski propone que la experiencia humana contiene necesidades incondicionadas y además incancelables, que para colmo la lógica científica no alcanza a dar con esa onticidad metafísica, aunque sea para contactarla, husmearla, no pensando ni en demostrarla. Ante esa situación muchos cientistas resuelven el problema paralizando o congelando esta parte de lo humano o se acepta pero como un absurdo de cómo está hecho el mundo o si tiene algún interés, éste es tecnológicamente infecundo ¡Algún consuelo me vino!
Volví mi atención a Girard que hace años me había dejado en la inopia con el argumento de que la inicial mítica de la violencia humana carecía de pruebas de demostración, es decir, que era indemostrable. El venía de relatar la violencia generalizada en el colectivo social con el mito del sacrificio del macho cabrío, con aplicación al Cristo de la cruz del Gólgota, pero también lo venía relatando en las prolongaciones míticas que contiene la literatura novelística de Dostoiewski y otros grandes de la novela moderna. Descargaba su argumentación en la conciencia dentro de sus umbrales míticos, referida unas veces a lo terrorífico de lo sagrado, otras veces a lo temible de lo político con su versión religiosa ¡Mi consuelo quedó en blanco!
Más allá averigüé por la Etnopsiquiatría, mi camino tan trajinado ya, y más sociológico el asunto. Según Devereux, al mito aunque principio de sentido oculto, se le obtiene en sus manifestaciones del ritual y de la historia (Devereux, 1989b). Se puede sociologizar, y es necesario hacerlo para tornarlo social-real. Por lo tanto tenía consecuencias en la vida social. Si ya en la deriva del inconsciente se puede llegar a un estado de conciencia merced a las demandas de la inteligencia humana que tienen por objeto la solución de problemas en la vida del hombre mismo, también la conciencia en su vertiente mítica puede llegar a un estado experiencial de conciencia que la sitúa en la pre-consciencia del ritual y la historia Antes que todo el mundo exterior, pero con todo él, el mito tenía consecuencia ya trágicas en el interior del científico. El punto de partida de la obra de Devereux se inscribe en la contratransferencia freudiana, modificada a la luz de la concepción einsteiniana de la fuente de los datos científicos (Devereux, 1989ª, p. 19). En suma, para empezar, parte de una violencia del científico consigo mismo:
“Una cuenta aproximada muestra que
en unos cuarenta pasajes hablo de mis puntos ciegos,
ansiedades, inhibiciones y cosas semejantes.
Así debía ser, porque para el científico de la conducta,
el insight debe empezar por sí mismo” (Devereux, p.16).
Si no se puede alcanzar el principio mítico con la lógica científica, al menos podemos asistir a su espectáculo (es lo que significa teoría) propulsor de sentidos y sus juegos, vivenciar simbólicamente su necesidad humana, aunque sea merced a una historia divina, y realizar a ésta como un memorial de eficacia respecto de la gracia incondicionada como proyecto de lo humano también. La misma ciencia contiene una “presencia mítica” en sus fundamentos (Kolakowski, p. 18), ignorada la cual no puede alcanzar como actividad social aquella realización de explicación de lo humano en sus fundamentos de convicción, según los valores; ni al científico le es permitido desarrollar su conversión (metanoia) al mundo. Así Devereux constata el deber identificando el mundo de los valores, que es una prolongación mítica, según Kolakowski:
“Yo creo que lo que cura a nuestros pacientes
no es lo que sabemos sino lo que somos
y que debemos amar a nuestros pacientes”
(Devereux, 1989ª, pp. 46-47).
Esta demanda científica se hace transcendente a la ciencia misma en la medida que alcanza, que va alcanzando, su criticidad ética (ética, no puede ser de otra forma) y del mismo modo su demostración de objetividad al vislumbrar el proyecto de sociedad. Si la ciencia constituye uno de los perfiles de tal proyecto, también tiene que montarse sobre sus propios conceptos porque tiene como deber demostrar cada vez más dicho perfil como realidad sociohistórica que es.
Si todavía el contacto sensible (tecnológico) entre la metanoia del científico y la onticidad mítica no me hizo despegar lo suficiente conforme a los textos del origen cultural de la sociedad en Devereux, el texto de sociólogo alemán, Simmel, me hizo devolver y pasear juntos con Kolakowski, sino como lo hacía físicamente el filósofo estagirita, por lo menos según los devaneos nocturnos a la luz del candil como lo hacía Maquiavelo en sus tertulias con los historiadores clásicos, siendo o imitando (según la mímesis de Girard) a un loco, o enloqueciendo (Vallejo Nájera, p. 25).
Simmel va remontando epistémicamente generalidades y especificidades de la historia social evolutiva, las relaciones solidarias y las conflictivas de su orden, la historicidad y la intimidad personal de la acción profunda, el contenido de intereses antisociales y la forma pura de la gratuidad sociable, para llegar a dar con la gratuidad interactiva, núcleo profundo de la tejeduría social: aquí culmina la realización del intercambio social de las significaciones entre los actores sociales. El disfrute final (o gloria de resurrección) del hacer sociedad y de jugar de hecho “a sociedad” (Simmel, 91), que implica un anonadamiento no sólo del contenido obliterado, sino también del yo del actor social, Simmel lo persigue y lo relata:
Se da así no sólo un contenido en el que todos pueden participar por igual,
sino además es el don de un individuo a todo el conjunto,
pero éste hace que el donante, por así decir, se vuelva invisible detrás de aquél:
la historia más fina, contada de manera sociable,
es aquella en que el narrador hace que su persona se retire por completo;
la historia realmente perfecta se mantiene
en el feliz punto de equilibrio de la ética de la sociabilidad,
en la que tanto lo individual subjetivo como el contenido objetivo
se han disuelto del todo
para servir a la pura forma de la sociabilidad” (Simmel, 96).
Uno va entendiendo la floración de las relaciones sociales en la medida en que se convierte a ellas, las cultiva de un modo simbólico-real. Siempre hay un ritual iniciático que implica su aprendizaje. Sin este logro por parte del ser personal, es decir, de operación de la subjetividad, no se puede entender, ni tampoco trasmitir, la intelección del estudio de las relaciones sociales.(Kolakowski, p. 143) Siempre habrá una necesaria antropologización con el fin de que ocurra la autenticidad para ser antropólogo, como la psicoanalización para ser psicoanalista, y de cristianización para ser cristiano.
El ritual de iniciación científica está fundamentada en la presencia del mito, que acarrea la necesidad incondicionada que no puede ser sino gratuita, porque además es impagable. Lo que no quiere decir que hay deudas que se pueden pagar a plazos, según Umberto Eco (2003), no obstante persisten sin poderse cancelar, son incancelables. Para entenderlo tenemos que regresarnos al fundamento mítico de la necesidad social incondicionada.
Este camino abierto en mi madrugada del Sábado de Gloria, viniendo de los tambores redoblantes de los estribillos de la hora nona y del bosque con su mejor tributo, en hojas, en flor y en fruto, del Viernes Santo, obliga a trabajar esta experiencia cada vez más y de un modo más refinado: sea la experiencia de Dios (la historia bíblica es un ejemplo), sea de la sociedad (como lo hacen las asociaciones de voluntarios), sea de la ciencia, como tenemos que hacerlo los científicos, especialmente, los científicos sociales.
En medio del tiempo de la Pascua (=trashumancia) cristiana, me vino con más claridad la manifestación, lo epifánico de la Pascua de mis Pensamientos Antropológicos. Si acaso no me hubiera venido, aún en forma de claraboya, al menos siempre queda el memorial, como cristalización socio-mítica, de múltiples testimonios de alumnos que han incursionado, con cierta trashumancia de pensamiento y vida, a la vera mía.
Referencias
Devereux, Georges (1989ª): De la ansiedad al método en las ciencias del comportamiento, Siglo XXI, México.
Devereux, Georges (1989b): Mujer y mito, Fondo de Cultura Económica, México.
Eco, Umberto (2003): “Cómo se paga una deuda a plazos”. El Nacional, Caracas, domingo 7 de diciembre, Opinión A.
Girard, René (1972): La violencia y lo sagrado, ediciones de la Biblioteca de la Universidad Central, Caracas.
Girard, René (1997): Literatura, mímesis y antropología, Gedisa, Barcelona.
Kolakowski, Leszek (2006, -1972-): La presencia del mito, Amorrortu, Buenos Aires.
Simmel, Georg (2002,-1917-): Cuestiones fundamentales de sociología, Gedisa,Barcelona.
Vallejo-Nágera, José Antonio: Locos egregios, Mediciencia Editoria, Caracas.